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27 de septiembre de 2018

Si no puedes con el enemigo únete a él ¡coño!

Ahora que se que no me lee ni el tato lo mismo me da por volver por aquí de vez en cuando. Quiero volcar todos los post de nuestras cosas en una especie de libro, pero mientras que encuentro y no la forma de hacerlo, quizás siga engrosando el libro futuro con algún que otro post de tanto en tanto.

No se porqué coño David dice tantas palabrotas, que yo nos la digo con el delante, ni las dice su padre. Lo cierto es que es algo que arrastra desde hace muuuuuuuuuchos años. Espárragos le decíamos que dijera. Hemos probado de todo...reñirle, ignorar esa conducta, castigarle con lo poco que puede importarle...tan poco le importa todo que sin problema ninguno prefiere decir una palabrota y asumir el castigo que no decirla.  Vaya por delante que no creo en los castigos. Lo primero porque no me gusta la fórmula de educar en el miedo a las represalias, lo segundo porque se que no funcionan (al menos a mi). ¿Que porqué lo se? Porque soy así, contradictoria e imperfecta y cuando ya no se qué hacer, cuando pierdo los papeles de la coherencia castigo y no, no funciona.

No se porqué aún no he asumido que es un mal hablado y punto, porqué sigo luchando contra eso, pero no puedo evitarlo, no me gusta y como él se encarga de recordarme en cada momento que le imponga el castigo que toque en ese momento (honrado que es el angelito) lo sigo haciendo aunque no tenga ningún sentido.

Lunes, al salir del cole, toca paga...3€ (*apunte personal, recordar hablar en otro post de la paga). Uno para ahorrarlo para las vacaciones y dos para gastarlos en lo que le de la gana (dícese en cartas de futbol, o en la mierdecita que toque esa temporada). En el almuerzo ya se ha quedado sin los dos euros. 
- Mamá si digo una palabrota me quitas un euro, ¿verdad?
- Verdad verdadera así que tu sabrás, valora si te compensa decirlo y quedarte sólo con uno para gastar.
No una, sino dos veces...Valance 0€ de paga esta semana. Es fácil dejar de poder castigarlo con eso, dos palabrotas se dicen en un pis pas así que total me quedo sin castigo de quitarle dinero de la paga porque ya no le queda.

El otro día viendo la película "El verano de sus vidas" (o más bien intentando ver, porque hay que ver lo que me cuesta concentrarme cuando tengo el móvil al lado y lo difícil que es olvidarlo en la otra punta de la casa), no se porqué motivo la madre castigaba a una de las niñas a buscar dos palabras en el diccionario, a prendérselas y después decírselas. Me pareció un castigo la mar de mono, una forma encubierta de aprender, vocabulario aunque sea.

Así que terminando el almuerzo le he explicado que, como no podía quitarle más dinero, a partir de entonces el castigo por decir palabrotas sería ese, mismamente el mismo que en la película. A todo esto días antes comentaba su amigo A que en su tiempo libre de clase había estado buscando palabras en el diccionario con F y E. A David invertir así su tiempo libre ni se le había pasado por la cabeza, el es casi monotemático de plasti, así que pensé que quizás le picara el gusanillo con esto de los castigos sumándose también al juego del diccionario con sus amigos. Que la plasti está muy bien y le es muy necesaria porque la parte plástica es la más desatendida en clase y fuera de ella, pero oye, cambiar de vez en cuando no está mal tampoco. ¡Ay que me enrrollo!

El caso es que le ha encantado el castigo jeje, tanto que antes de acostarse ha estado un buen rato buscando palabras en vez de leyendo su libro de Wigetta.
- ¿Sabes mamá que este castigo no es tan malo?

En definitiva esto viene a ser un "Si no puedes con el enemigo, únete a él". Como no va a dejar de decir palabrotas, por lo menos que le sirva para aumentar vocabulario y para adquirir la destreza de buscar en él, aunque de poco vaya a servirle eso en este mundo a golpe de click en el que vivimos.

15 de diciembre de 2016

Tan afortunados

Todo pasó de corrido. De esas veces que los acontecimientos se van sumando de casualidad, todos relacionados con el mismo tema que hicieron que esos días me sintiera especialmente afortunada, que tomara conciencia, una vez más, de cuantos motivos tenemos para dar las gracias. Y lo hicimos.

Gracias a nuestras chicas americanas, Mollie y Marlee celebramos, aunque con retraso, nuestra particular cena de Acción de Gracias al más puro estilo americano. Andaba esos días David haciendo un trabajo de investigación sobre Estados Unidos así que nos sumamos a #salvemoslas cenas de Ikea al más puro estilo Sparks and Rockets, aprovechando para hablar de sus tradiciones y de sus recetas típicas. Pollo a falta de pavo, Pumpkin Pie, batata con malvaviscos, verduras con semillas de calabaza, puré de patatas y Appel crumbel con helado de vainilla. Las chicas se pegaron el currazo de conseguir los ingredientes y cocinar. Por un rato me limité a ser el pinche sin más.
Batata, calabaza, manzana, naranja, canela, comino, jengibre...podréis imaginar cómo olía nuestra cocina. Podréis imaginar qué festín de productos de otoño nos dimos. Que afortunados somos.



Del otro lado, aquellos días se llevaba a cabo la recogida para el Banco de Alimentos de Sevilla. En el colegio, en cada supermercado en el que entrábamos...colaboramos con cada uno y cada vez recordaba de nuevo, como en cada campaña, como en cada año: "Debemos colaborar David, somos muy afortunados, no nos falta la comida, pagamos las facturas, si necesitamos ropa nueva la compramos...vamos al cine y al teatro, hacemos taller, salimos a comer por ahí de vez en cuando, nos damos algún capricho, nos vamos de vacaciones...otros no pueden...muchos no pueden. Qué afortunados somos.

Coincidió también con la Semana del Refugiado Sirio en la Biblioteca, entre sus acciones, una campaña de recogida de material para los campamentos de refugiados de la frontera de Siria y de Turquía. Pañales, biberones, compresas, cepillos de dientes, vendas, material escolar...Allí que nos fuimos también para hacer de mensajeros de la tita Encarna y allí nos topamos con una exposición de fotografías de lo más cruda de la vida en los campos de refugiados, de los viajes por mar apiñados en busca de una nueva vida. Ellos allí, nosotros pensando cuál de los libros de Jeronimo Stilton llevarnos a casa. Qué afortunados somos.

Mellegó un mail de Rayuela, la presentación de un libro en la Fundación Tres Culturas, un libro sobre refugiados, sobre huída, sobre sueños, El Viaje de Francesca Sanna. Allí nos fuimos y con ella vivimos y sentimos (más los adultos que los niños) cómo te puede cambiar la vida. Cómo podríamos pasar a ser ellos, los que huyen, los que buscan, los que sueñan, los que viajan dejando atrás su vida, en busca de "un lugar donde puedan vivir en paz y comenzar de nuevo su propia historia". Pero no lo somos, estábamos allí escuchando su historia. Qué afortunados somos.





23 de agosto de 2016

De una vuelta, primeras veces y ya se verá

Hace meses que no escribo, que no paso por aquí, el editor de blogger. Meses que no entro en el blog. Ahora, al hacerlo he sentido pánico de que algo hubiera cambiado, me pidieran claves que no recordaba y esto quedara en el limbo para siempre. Tengo que hacer acopio de todo esto, antes de que los miedos se hagan realidad y se pierdan todos estos años de memoria. Sería una pena.

Hace meses que no escribo, no lo necesito, no me lo ha pedido el cuerpo hasta esta noche. Acabo de terminar El libro de los Baltimore, son casi las tres de la mañana. Pretendía dormirme pero como me pasaba tantas veces he comenzado a escribir en mi cabeza. Esta noche he vencido la pereza, esa que no sentía antes, y me he levantado. Vuelvo a estar sentada en el chaise longue como tantas vecez, ese espacio que hemos cedido a Ada y que hoy, a su vez me ha pretado a mi por un rato.

David duerme en su cama. Ahora la prefiere. Aún siente el deseo de dormir con nosotros, pero el calor y la incomodidad le pueden y decide irse a su cama. Sí llegó, el descolecho ha tardado dos años en arraigar. Aún me necesita para dormirse. Una historia, un rascar de espalda, media vuelta y a dormir. Hace meses, muchos meses que lo de leer antes de dormir se ha vuelto muy esporádico, demasiado. Intentamos recuperarlo cuando las chicas de Me & Mine nos hiceron llegar uno de sus flamantes Pasaporte del lector. Llegó a casa junto al Carnet de conducir infantil, justo, justo cuando volvimos de los días en Los Caños. Esos en los que cada tarde paseábamos por el paseo martítimo donde yo aprendí a pontar en bici. Si hubiera llegado antes creo que me lo habría quedado para mi, que lo habría rellenado yo. Es tan bonita la idea de plasmar ese gran momento de la infancia. De otra forma puede que pase desapercibido entre los miles de recuerdos que atesoramos. Yo recuerdo...primero sin un ruedín, cuando invariablemente tenías que pedalear inclinado, más difícil aún que hacerlo sin los dos. Después sin ellos. El miedo a intentarlo, a caer, a no poder. La voz que te dice que te agarra, pero que sin que te des cuenta te suelta y tú que ni te enteras hasta que lo percibes y te aterra. Qué pena que no lo idearan antes, cuando el pollito aprendió a montar en bici. Qué pena que en mi afán organizador los guardara no se donde y ahora no los encuentre en ningún lugar de este minipiso que tiene mil rincones. Los podría haber sorteado o regalado, al menos haberles hecho alguna reseña instagramera y darles así las gracias. ¿Que si esto es publicidad? Supongo que sí, si quieres verlo así. Para mi es gratitud, por seguir acordándose de mí a pesar de tener este rinconcito casi extinguido. ¿Que si soy honrada? ¿Que si realmente me gustan sus productos? Mil veces sí, por concepto, por originalidad, por sentimento. Cada uno que inventan me parece más genial que el anterior. Además, lo explican tan bien, te hacen llegar tan claramente el cariño y la pasión que ponen en cada nueva idea, que es difícil de superlo. De ahí que mi idea fuera transquibir tal cual la reseña explicativa que enviaban con ellos...pero la perdí, se fue a ese rincón escondido ha hacerle compañía al carnet y al pasaporte. Quizás aparezcan al cabo de los años, como aquella bolsa de canicas que escondió mi madre y que jamas encontramos entera. Cada año, como por arte de magia, entre los jerseys, las medias y la ropa interior aparececían canicas de colores. Misterios de infancia.

Este ha sido un verano de primeras veces, como cada uno desde aquel primero que vivimos con un bebé de un mes en el club. 

Su primera herida con sangre en el brazo un mes después aún tiene la cicatriz. Resbaló cogiendo cangrejos. Aunque el talegazo (como lo llamamos por aquí) fue grande, el golpe mayor fue a su orgullo. No está bien caerse delante de unos iguales a los que intentas impresionar con tus dotes de cazador sin miedo. Qué difícil mantener el tipo, tragarse las lágrimas y sobreponerse repitiéndote una y otra vez que eso sólo le pasa a los intrépidos. 

Aprendió a coger la ola en la orilla gracias a un amigo de una tarde. Nadamos a remolque hasta "el arrecife", toda una aventura con su amiga E. La primera vez de snorkel, su primer pez. Esa respiración rápida por el miedo, esa respiración entrecortada por la emoción. Esos nervios a flor de piel. Esa superación. El primer baño de noche (o casi, casi). De noche sí el primer picnic en la playa, el pasear a la luz de la luna.

Los baños con la goma en la azotea. Descubrir la Barbie de mamá, su ropa. Ponerle modelitos diferentes y descubrir que es guay eso de jugar a las muñecas. Los minizapatitos de tacón imposible. El perro. El dormitorio de madera que me trajeron los reyes (que mi madre pintó de rosa mientras yo dormía, con tantas capas que las puertas del armario no cerraban), la cocinita con su horno, frigorífico y fregadero. Con esa ventana en la que se veía un parque. Era yo la que hace dos días jugaba. parece mentira.

De noche en el campo con R, sacos de dormir, linternas, un telescopio. La primera estrella fugaz. 

Cines de salas vacías, cines de salas a rebosar. Miércoles tras miércoles.

Parque de doce a dos. Música, baile, agua y calor. 

Los rollitos de Nocilla son más buenos cuando los haces tú, las salchicas más sabrosas, los filetes de pollo más en su punto.

Acampar en el salón de la abuela y descubrir que tu salón, aunque más pequeño es mejor. Dormir con Ada aunque haga calor.

La primera vez en un parque acuático. Más superación. Qué suerte encontrar amigos que te guien. Qué rabia medir justo 1,20 (o eso dice la señal), qué fastidio tener que esperar un año. Eso dices ahora, sin haber mirado abajo desde lo alto del tobogán amarillo, ahora que te tenía convencido. Habrá que esperar.

El explotar, el miedo, la verdad, el cambio, la ayuda, el más cambiar.

Siestas y teta...eso sigue igual. 7 años ya. Cada una la disfruto, pensando que puede no haber más. Quizás la de hoy haya sido la última. Lo confesó hace unos días llorando "no hay leche", "es un rollo crecer", "yo quiero seguir tomando tetita". Seguimos sí, a ratitos cortos pero seguimos. Ninguno de los dos está preparado, pero mi cuerpo dice ya. Viviremos nuestro duelo cuando se termine, o no, quizás sea tan progresivo que no nos demos cuenta. Quizás el próximo verano sea uno más.



Este año no ha habido viaje. El próximo...ya se verá. Tenemos en mente una idea, a ver si conseguimos hacerla realidad, que esa soy yo, la de "de noche voy a Madrid, de día me quedo aquí" (me leo ahí...cuanto he cambiado, cuanto ha cambiado todo)...a Madrid no, más lejos...Guardo en la mesita de noche el Carnet Viajero. Este no se me va a perder. Tendrá que esperar un años, pero lo rellenaremos, será nuestro diario de esa otra primera vez.



15 de junio de 2016

Tiempo de vínculo

Crear vínculos requiere tiempo. Tiempo y cariño y en esas andamos pasando los días. Desde que Ada llegó mucho ha cambiado. Unas rutinas se han ido para adoptar otras, las que necesitamos ahora, las que se adaptan al momento. Evolucionando. 

Se pueden contar con los dedos de una mano los libros que hemos leído. El momento cuento ha desaparecido (por ahora). No importa, se que volverá. Ahora es el tiempo de ella, de Ada. En un pis pas será un perro adulto. En nuestra mano está la relación, el vínculo, que hayamos establecido con ella. En nuestra mano está también vivir y sentir esta etapa, con sus cosas buenas y las no tanto, que no pase de puntillas.

Decía W que la primavera/verano era mala época para que un cachorro llegue a casa, que te hacía perderte muchas cosas (esas cervecitas veraniegas que tan bien sientas, esas largas tardes de piscina...). Yo creo que es justo lo contrario, que el buen tiempo y el TIEMPO (vacaciones de semana santa y de feria, fin de las extraescolares, fin del cole) nos permiten disfrutar de este nuevo ser y eso, crear vínculos. 

Los paseos mañaneros con la fresquita, las largas siestas de sofá, ir al campo, a la playa, parquear. Un no a tiempo, un saber escuchar. Conocernos, entendernos y querernos. Tiempo



Contando los días estamos para el final del cole. 5 quedan ya

30 de marzo de 2016

Pensamientos recurrentes

Me doy cuenta que cuando dejo la mente en blanco concentrada en alguna tarea "monótona" que me asaltan los mismos pensamientos. Tengo la costumbre de "escribir" post en mi cabeza, de un tiempo a esta parte nunca llego a publicarlos. En ese momento no tengo tiempo y cuando tengo tiempo no tengo ganas. No, mentira: no tengo tiempo, ni fuerzas, ni nada de nada. Se olvidan. Pero cuando esos pensamientos vuelven una y otra vez opto por escribirlos. Eso hice con este post hace mil. Se quedó ahí en borradores. Hoy ha vuelto a aparecer en mi cabeza mientras conducía camino a un centro comercial.

Entonces lo escribí así:

"Últimamente, quizás a raíz de la noticia de aquel niño que murió asfixiado en el coche olvidado por su padre no dejo de pensar: Eso me podría pasar a mi. Si, así tal y como lo digo. Así de fuerte como suena.

Una vez me dejé olvidada en la casa del pueblo a mi perra, la quería con locura, pero la olvidé. Lo recordé cuando la eché en falta ya en casa, a sólo 15 minutos de la casa del pueblo donde la dejé. Me sentí fatal por el olvido, tan, tan mal como cuando olvidé recoger a mi amiga a la que había dejado en casa de su novio con el acuerdo de pasar a por ella antes de irme a casa. Esta vez me acordé en el camino de regreso. ¿Podría volver a pasarme? Seguro que si.
Imagen
Últimamente, nada más montarnos en el coche el pollito se queda dormido, y yo, con la música puesta, en silencio conmigo misma, disfruto de la desconexión de todo y disfruto de estar sola, conduciendo. Me encanta conducir. En esos momentos me olvido de todo y sí, creo que podría llegar a mi destino, salir del coche y olvidarlo dentro, durmiendo. Eso me aterra. 

El otro día compré un libro para un regalo. Estoy convencida que lo metí en el maletero del coche para que no estuviera a la vista en el parking del centro comercial al que íbamos a continuación. David venía conmigo, había quedado con unas amigas. No tengo conciencia de que sacara la bolsa con el libro para nada, no tenía porqué. Pasamos una tarde fantástica. Al llegar a casa cogí la bolsa del centro comercial. No visualizo la del libro. En casa no está, en el coche tampoco, llamé a la librería y tampoco. Desapareció, se volatilizó. ¿Podría pasarme algo así con mi hijo? Me da pánico sólo de pensarlo."

Antes de ayer llevé a una extraescolar a David con una amiga suya. Debía recogerla y tener en el parque con los demás niños mientras su madre llegaba cinco minutillos tarde. Cuando estábamos en la placita vi aparecer a MJ, la mamá y recordé de golpe que me había olvidado de la niña. Qué irresposabilidad por mi parte, qué descuido, qué desastre.

Y así iba hoy de nuevo en el coche con la música puesta y David dormido detrás y de nuevo he vuelto a pensar que podría pasarme, que podría olvidarlo. 



9 de marzo de 2016

Y el profesor dijo: ¡Tu serás su agenda!

y me negué.

Me niego a ser la agenda de mi hija por el whastapp. Recuerdo cuando leí ese post que de la noche a la mañana se había hecho viral. Entonces, estando el pollito en infantil aún no tenía deberes.

Soy antideberes, así, del tirón lo digo (hablo de primaria). No me voy a parar a justificarlo ahora. Pero también soy "bastante cumplidora" de las normas (siempre y cuando estén dentro de lo que en nuestra casa consideremos aceptables) y si le ponen tarea es lo que hay, tendrá que hacerla (o no, él sabrá y entonces tendrá que asumir las consecuencias).

Si hay algo para mi más importante que que aprenda a sumar, restar, escribir...es que aprenda cosillas así como RESPONSABILIDAD, pejiguera que es una. La cosa es ¿cómo puedo enseñar a mi hijo a ser responsable de su tarea del cole si es a mí, a través del grupo de whastapp a quien le dicen qué ejercicios tiene que hacer en casa?

¿WHAT 0.0?

La cosa sería algo tal que así...Whastapp de la delegada en el grupo de la clase: "Dice el profesor que para mañana tienen que hacer los ejercicios 9, 10 y 11 del tema 4 de matemáticas". A lo que normalmente seguirá un aluvión de comentarios del tipo "mi fulanito no trae el libro ¿puede alguien pasarme las fotos de los ejercicios?" o "menganito tiene marcados el 7 y el 8 ¿entonces esos no son?"...

¿REALLY?

¿De verdad es tan necesario que los lleven hechos? ¿de verdad no es más importante que ellos, los niños, se preocupen de enterarse de la tarea que tienen que hacer? ¿de verdad no es más importante trabajar su responsabilidad aún a costa de no llevar hechos los deberes? ¿de verdad no es mejor dejar que lo intenten, que ensayen, que se equivoquen, que asuman las consecuencias de sus actos si no cumplen? ¿de verdad nosotros tenemos que ser la agenda de nuestros hijos, así por decreto de profesor?

¿No sería más lógico que el profesor escribiera en la pizarra los ejercicios que tienen que hacer, los peques los copiaran en sus agendas y después en casa cada padre/madre a su criterio se encargara o no de saber qué tienen que hacer mirando en su agenda o aún mejor hablando con su hijo? ¡Qué tontería estoy diciendo!...No, en la agenda sólo se apunta la fecha y tema de los controles de mates y lengua, cada semana, para que se acontumbren...cágate lorito.

Cuanto mal ha hecho el whastapp. Flaco favor 




Para que no me acusen de alentar esos "grupos criticones con sus profesores, institutos y coles" lo comento aquí y no allí, para no fomentar esos grupos "tóxicos que están lejos de la crítica constructiva" (Gestionando hijos), a él ya se lo escribí en la agenda






2 de marzo de 2016

No creo en los castigos pero los aplico

Qué contradicción, pero así es la vida, así es mi vida.

No creo en la educación de la supernany, no creo en la educación basada en premios y castigos.
Creo que hay otra forma de hacer las cosas, a base de hablar, de explicar, de hacer entender. Quizás, probablemente, casi seguro, sea una forma más lenta de conseguir los mismos resultados, en realidad quizás nunca consigamos los mismos resultados. Pero creo que es tan importante el resultado final que la forma de conseguirlo.

No quiero que mi hijo haga tal o cual cosa pensando en que así le haré un regalo o lo dejaré sin cuento esa noche, no.
Ni siquiera me gustaría que hiciera las cosas por complacernos, por el mero hecho de que eso nos haga sentir bien o mal, no.
Me gustaría que lo hiciera o no con el convencimiento de que así debe ser. Entiendo que es algo difícil de entender para él, tan difícil como para mi explicarlo.

Lo cierto es que nadie dijo que fuera fácil, ni que yo fuera perfecta. Una cosa es lo que intento hacer y otra la que en alguna ocasión he terminado haciendo por mi propia rabia, frustación y falta de recursos. 

(Esto lo escribí el 24 de Octubre de 2014)

Esa rabia, frustación y falta de recursos se volcó hace ya unos meses en intentar paliar el tema de las palabrotas. ¡¡¡Espárragos!!! Parece mentira, pero desde que escribí sobre ello en 2012 nada ha mejorado la cosa sino todo lo contrario.

Hemos pasado por darle el recurso de otra palabra, por ignorar completamente ese vocabulario y nada. Sobra decir que su padre y yo cuidamos mucho de no soltar tacos(cuando él está delante). Hace unos meses, más por jorobarlo que por otra cosa dije las temidas y absurdas palabras: ¡Si vuelves a decir una palabrota te quedas sin paga!
Dicho y hecho...¿De verdad que esperaba que dejara de decirlas? (no me lo creo ni yo) Sin paga desde entonces. ¿Ha servido de algo? No hija no. ¿He conseguido el objetivo? No hija no ¿Acaso se han reducido el número de palabras malsonantes que salen por esa boquita? Para nada. Claro está que no funiona.

Lo mismo tengo que asumir que él es así, que forma parte de su ser soltar un ¡Coño! cuando casi se cae o un ¡joder! cuando está enfadado por algo. Porque el muchacho lo dice bien, en su justo momento, cuando cualquiera lo diría. Y yo lo entiendo, de verdad...yo hablaba así (hasta que él nació y dejé de hacerlo para poder decirle que su madre no hablaba de esa manera)...y no me faltan ganas muchas veces al día de soltar una palabrota, que se queda uno la mar de a gusto.

Pues eso, quitarle la paga no cumplió nuestro objetivo, no dejó de decir palabrotas. Por el contrario borró de un plumazo las buenas enseñanzas que tenía con ella: se compraba sus cosillas, aprendía a administrarse, tomaba consciencia de que el dinero se acababa y había que pensar bien en qué gastarlo, ahorraba un poquito...



Lo grande es que aún sabiendo que no ha funcionado, cuando ya habíamos hablado su padre y yo de ello, ante la pregunta ¿Cuando voy a volver a tener paga? Todavía nos hemos visto diciendo "Cuando dejes de decir palabrotas". ¿Se puede estar más obcecado que nosotros?

Así que si pollito, recuperarás tu paga. Total, quitártela no sirvió de nada



27 de enero de 2016

Yo prometo: Nunca más estaremos a dieta

Llevo toda mi vida a dieta. Ahora si, ahora no, a hora más estricta, ahora menos...pero así, en general toda la vida. Cuando no estaba a dieta no dejaba de pensar que debería estarlo, que me sobraban kilos. Incluso cuando siendo consciente que me sobraban kilos me encontraba bien conmigo misma había un Pepito Grillo que me susurraba "deberías ponerte a dieta". Lo mismo es difícil de entender que estando a gusto con tu cuerpo pienses en hacer dieta, quizás es que aunque estás a gusto no lo estás del todo. No lo se. 
Lo cierto es que la última vez que me puse a dieta (bueno, nos pusimos, porque lo hicimos a la vez Mi madre, el gallo y yo) fue a principios de Enero de 2015. Dieta de endocrino más una hora mínimo de caminata diaria. Cada día comíamos lo que nos tocaba. Aunque la cosa iba cambiando, básicamente lo podíamos mezclar grupos alimenticios y las cenas eran escasas no, lo siguiente (caldos, zumos). Muy bien. El ejercicio lo fuimos interiorizando y la verdad es que sienta genial. En Mayo ya había entrado en mi peso saludable. Tocaba mantenerse y pasa lo que pasa...que después de cinco meses de estar amargados y viéndonos y sintiéndonos ya bien echamos el freno y si bien no volvímos a los hábitos de antes, dejamos de hacer ese llamado "mantenimiento", base dicen de todas las dietas. 

El caso es que las frases "hoy me toca comer esto", "no puedo comer eso porque estoy a dieta",  "sólo puedo cenar esto" eran el día a día....estábamos a dieta.

Lo dicho, dejamos la dieta y empezamos a comer "más normal" y poco a poco fuimos (todos) subiendo de peso de nuevo. Volvía a resonar en nuestro cerebro la vocecita "deberías ponerte a dieta". Venga va, después de Navidad. La verdad es que sudaba de pensar volver a no poder como los demás, a comer aburrido, a casi no cenar, a estar permanentemente pensando en qué dice este hombre que me toca hoy, cómo combinarlo con la comida de los demás para organizar los menús semanales. Qué pereza de verdad. Pero bueno, ya no estaba dentro de mi peso saludable y debía llegar a el de nuevo.

Con esa gran pereza de volver al endocrino pensamos en comenzar por comer más ligero y equilibrado. Más verduras, las cinco comidas, menos cena...como una preparación mental antes de volver a la visita del médico.

"Mamá, me estoy poniendo gordo, tengo que ponerme a dieta". Me dijo el pollito. ¡¡¡¡¡¿¿¿¿WHAT????!!!!! En ese mismo momento me di cuenta del mensaje tan erróneo y destructivo que estábamos enviándole aún sin quererlo, porque aunque simpre decíamos que estábamos a dieta por salud, lo cierto es que estábamos a dieta para bajr de peso. Blanco y en botella. Si el estaba engordando (simplemente estaba más grande en general, creciendo, vaya, eso que hacen los niños) tenía luchar contra ello como nosotros, a dieta. MEEEEEEEEEEE

En ese momento decidí que nunca más estaría(mos) a dieta. 



No quiere decir por eso que vayamos a descuidarnos sin importarnos ganar peso. No. Quiero decir que simplemente nos vamos a quedar como estábamos, comiendo más sano y equilibrado, más ligero y mantendremos la vida activa que llevamos. Quizás poco a poco vayamos bajando de peso, esoo espero en realidad. Pero nunca, nunca más diremos "no puedo comer eso porque estoy a dieta", lo comeremos, poca cantidad pero lo comeremos. Ya no habrá más "como esto porque es lo que me toca", no señor, nosotros decidiremos que comer, que nos apetece o mejor nos cuadra en el menú familiar, simpre dentro de esa premisa de comer bien.

Nunca más mandaremos esos mensajes tan negativos para nuestro hijo. Nunca más estaremos a dieta

25 de enero de 2016

Grabar en mi mente graba,graba

Después de que Melissa, una de nuestras queridas chicas, compartiera en facebook el vídeo resumen de su experiencia en Sevilla; después de que viéramos el resultado de las grabaciones que iba haciendo casi sin que nos diéramos cuenta, lo tengo claro ¡¡yo quiero!! 

Quiero aprender a montar vídeos, pero sobre todo y lo primero, quiero tener presente en mi mente conseguir el material para hacerlos, dícese grabar y grabar, no sólo hacer fotos. Propiciar momentos, hacer el tonto, documentar nuestra cotianidad, conservar los momentazos del pollito y hacerlo así de bonito.



Qué lindo ha sido compartir estos meses contigo Melissa, contigo y con Emily, tanto como con todas y cada una de las chicas que pasaron por aquí antes. Qué maravillosa experiencia para David, qué gran aprendizaje. Cuanto cariño al otro lado del charco.

Por lo pronto ya tengo cámara ¡yija! De segunda mano pero nuevecita. Ahora tengo que grabar en mi mente GRABA, GRABA

Ups, creo que tengo mi primer propósito para 2016

11 de noviembre de 2015

Destronada del trono del amor

Así estoy yo.

- Mamá ¿sabes una cosa? Ahora en mi lista papá está el primero
- Muy bien cariño
- Primero papá, después tu, la abuela y yo.
Bueno no, papá, tu, yo y la abuela.
- Estupendo cielo
- Antes estabas la primera, pero ya no, ahora está papá.

Creo que intentaba dejármelo claro a la vez que valoraba alguna reacción por mi parte, como intentando justificarse. Quizás mi "muy bien cariño" no le pareciera suficiente, porque estoy segura que mi expresión era neutra, completamente neutra. Quizás demasiado, ahí estaría el problema. No podía hacer una fiesta a pesar de que no sólo es que no me moleste, sino que me alegro de no estar en el top de su lista del amor. 

Ilustración del libro ¡¡¡Papá!!! de Sm


Creo que llevo seis años y medio siendo el ser más importante para él y eso, a pesar de ser maravilloso es muy cansado, supone una presión, estupenda, genial, pero a veces agotadora. No es para quejarse, imposible hacerlo de que te amen de esa forma, pero no dejaba de tener mi sentimiento de culpa de saber que su padre estaba siempre por debajo. No me preocupaba en realidad porque estaba segura que un día sería como ahora, destronada, primero por su padre, después, mucho después, por su pareja. Entre medio, quizás y aunque no de la misma forma por sus amigos.

No se si el gallo estaba preparado para estar ahí arriba. Ahora es su atención la que demanda a todas horas, con quien quiere pasar más tiempo, a quién echa de menos antes incluso de que se vaya un par de horas. Este cambio es normal y sano. Estos años los tres hemos fraguado una relación maravillosa, (no exenta de nuestros problemas, de nuestros tiras y aflojas) aunque un poco desequilibrada, que era como tenía que ser. El gallo ha sabido desempeñar su papel de "primera dama" a la perfección, entendiendo que era así porque tenía que ser, que estamos programados para ellos y que ya llegaría su turno. Ha sabido ir senmbrando para ahora, en su justo momento recoger os frutos. 

Por mi parte he vivido al máximo ese Top ten del amor, ahora le toca a su padre disfrutar de este regalo.

31 de agosto de 2015

La persona más afortunada del mundo

Verano a verano escribo lo mismo, o eso creo, porque así me siento, la persona más afortunada del mundo por poder pasar con mi hijo todas las horas del día, de todos los días. Así de agonía soy como madre.

Desde que nació no ha habido nada más prioritario que él, que el tiempo juntos. En la calidad no me meto, que eso es muy subjetivo, y lo que a uno le parece bien para otro es caca de la vaca. Yo soy de cantidad, de esa que se cuenta al mirar el reloj y ver pasar las horas. De esa que para nosotros dos en realidad casi ni existe. 

Despertamos sin reloj, sin nada más urgente que remolonear en la cama; teta, juegos, risas, charlas. De ahí al sofá, desayuno con ración de dibujos animados. Logística diaria entremezclada... "ayúdame a montar el lego", cuando termine de poner las lavadora, "una partida de futbolín", mientras coges la pelota voy a bajar el fuego", "el caballito de mar macho es el que pone los huevos" oigo mientras doblo la ropa, "vamos a echarle de comer a Mara",  "¡guerra de cosquillas!", vamos al supermercado, "¿falta mucho para que llegue papá?"...y casi sin darnos cuenta allí está. Y queda la tarde y la noche para estar juntos. Pasar así los días lentos de verano me hacen sentir inmensamente feliz. 

No dejo de escuchar "no sabes la suerte que tienes de estar con él". Porque paso, porque me aburre, porque me molesta en realidad, no contesto, no explico, no justifico. Sí, lo se, conozco mi suerte, pero más allá y sobretodo es mi ELECCIÓN. A nadie le importan más que a nosotros nuestras renuncias (que sí, que cuando elegimos inevitablemente renunciamos, aunque sea con gusto), a nadie nuestra economía, a nadie la incertidumbre del futuro. Lo que importa, lo que me importa es el tiempo hoy. Porque el futuro está por venir y quizás ni exista.

Me regodeo en todas nuestras horas. Las guardo en mi memoria, en mi corazón. Quiero creer que él también. Eso sólo el tiempo lo dirá. Yo, hoy me siento así, la persona más afortunada del mundo.

Ilustración de Bernardo Carvalho para el libro
Corazón de madre
Ed. Libros del Zorro Rojo


Leyendo En Tiempos de prodigios de Marta Rivera de la Cruz me crucé con un texto que veía a reflejar mis pensamientos/sentimientos. No tan feliz, no tan permanentemente dichosa, pero hoy por hoy (ya veremos con el paso de los años), yo podía ser esa madre, quizás porque yo misma era una de esas niñas de las que la protagonista del libro sentía pena.

"Mi madre siempre estaba contenta. La recuerdo canturreando mientras hacía la comida o cuando planchaba nuestros vestidos, de un eterno buen humor al volver del emrcadoo al llevarnos al colegio. Estaba satisfecha con su elección. Con su vida entre cerros de ropa que planchar, menús semanales y compras de alimentación para cinco personas. (...). Mi madres estaba orgullosa del trabajo que hacía, de tner un horario de veinticuatro horas sin paga de beneficios ni posibilidades de ascenso. 
Cuando yo era pequeña, me daban mucha pena las niñas cuyas madres trabajaban fuera decasa. Qué placer era entonces encontrarla siempre a mi madre cuando volvíamos de la escuela. Qué gusto que todas las comidad estuvieran listas a su hora, que cuando uno de nosotrso caía enfermo ella pudiese velar su sueño inquieto, poner paños frescos en una frente que ardía, administrar un jarabe o controlar la temperatura. Qué suerte tener una madre siempre presente, preparada para secar lágrimas, para curar una rodilla herida, para conolar, para reñir incluso. Cuando era pequeña, yo no tenía llaves de nuestro piso.¿Para qué, si sabía que mi madre nunca iba a estar fuera cuando yo llegara?

(...)Una elección de la que no se arrepintió nunca. "Mi trabajo era ese. Yo quería hacer bien mi trabajo. ¿No quieres hacer tú bien el tuyo?". (...) Porque era feliz con la vida que había escogido y no tenía nada que echar en cara a nadie. Estaba justamente orgullosa de sí misma, de la familia que había creado, de poder asistir a las funciones de NAvidad, de venir a buscarnos cuando acababan las clases, de preparar nuetras fiestas de cumpleaños. Cuando llegaba a casa del colegio era mi madre quien abría la puerta de la cocina, donde flotaba el olor sabroso de algún guiso casero. Durante años, al entrar en casa, lo primero que veía era una mujer completamente feliz. Y ahora me doy cuenta de cómo esa circunstancia marcó mi niñes. La convivencia diaria con la alegría es el mejor regalo que puede recibir un niño.

Mi generación ha pasado años mirando por encima del hombro a mujeres ocmo mi madre, compadeciendo su suerte, reivindicando por ellas el derecho a huir del hogas, de las familias numerosas, de las cacerolass y las listas de la compra. Nunca nos dio po rpensar que, entre tantas mujeres insatisfechas, entre tantas mujeres decepcionadas con su suerte,,  entre tantas mujeres que renegaban de su condición de amas de casa, había un puñado de mujeres dichosas a las que lavar pañales, planchar camisas y hacer potajes, y que no sentían como un fracaso el haberse consagrado a sus familias. Cuando torcemos el gesto pensando en esas mujeres, no pensamos en ellas sino en nosotras mismas inmersas en una existencia así, que se nos antoja vacía de contendio. Ni en un millón de años hubiese cambiado mi vida por la de mi madre. Pero creo que ella tampoco hubiese cambiado la suya por la mia." *

Como la madre de este libro, esta es mi elección y porque he tenido la suerte (ahora si) de poder elegir así me siento, la persona más afortunada del mundo.


* En tiempos de prodigios
   Marta Rivera de la Cruz
   Editorial Planeta. 2012
   ISBN 9788408111436

  


14 de agosto de 2015

Mi hombre del futuro

Confieso que en días como hoy siento miedo. Han encontrado asesinadas a las dos chicas que desaparecieron en Cuenca. Dos mujeres más que se suman a las otras casi 30 que van este año asesinadas por sus parejas o exparejas. Casi 800 desde 2003 asesinadas por HOMBRES.

Siento miedo, sí y no por mi siendo mujer. Siento miedo por él, por mi hijo, por ese hombre del futuro. Miedo a que pueda creerse con derecho a todo, miedo a que sea uno más como esos hombres "normales", buenos vecinos, buenos trabajadores, buenos amigos, buenos padres...buenos hasta que matan. Miedo a que no llegue a tanto. Miedo a que agreda, a que se imponga por la fuerza, a que controle, a que violente.

Educar, educar, educar, no sólo a él. A él, a ellos, a ellas, a toda la sociedad, porque no es que algo falle es que todo está mal. 
Cuando no se llaman a las cosas por su nombre está mal, 
cuando no se les desprecia profundamente está mal, 
cuando siguen siendo tan sólo un número más está mal, 
cuando miramos para otro lado está mal, 
cuando no apoyamos está mal, 
cuando no gritamos está mal,
cuando "algo habrá hecho" está mal,
cuando nos parece normal está mal,
cuando es por amor, está mal,
Mal, mal, mal. 
y vamos a más...lo dicen los datos...
y me da miedo.

Algo habrá que hacer, algo podremos hacer. Algo tenemos que hacer



3 de agosto de 2015

Olor a madre

A qué hueles mamá?

No se David, ¿a qué huelo?
Hueles a teta mamá, hueles a ti


Eso me dijo mientras subíamos juntos los escaleras de casa. Medio metro nos separaba y olía a mi. ¿Puede haber algo más exquisitamente natural? 

Los olores se guardan en lo más hondo de nuestra memoria, bien arraigados a nuestro corazón. Nos hacen evocar sensaciones, nos trasladan a otros tiempos. El arroz con leche que hacía tu madre, su perfume mezclado con el suavizante que usaba, los jazmínes que solía poner en la mesita de noche...nos sorprenden sin aviso saliendo de casa de la vecina, al atravesar unos grandes almacenes, al dar un paseo por aquella plaza... 

Si yo huelo a mi leche, si ese es mi perfume ¿qué olor atraerá mi recuerdo? Siento una mezcla extraña que me resulta difícil de explicar. Orgullosa por haber dejado fluir la lactancia, por haber hecho entre los dos algo tan natural, tan poderoso, tan primigenio, tan animal como para llegar a definirnos. Ese olor a leche es tan mio, es tan nuestro, como lo son los miles de momentos compartidos al pecho. Tanto como para que el mayor de sus secretos sea desear que mis pechos tengan leche muchos años más.



Ese mismo olor que me define, mi olor a madre, hace que sienta miedo. Miedo a que no pueda evocarme, a que no lo asalte ningún olor que le recuerde a mi. Quizás, si alguna vez tiene hijos y su madre les da el pecho llegue a su nariz algo parecido, pero lo dudo. Sin duda ella tendrá su olor a madre, otro olor a ella que no se parecerá en nada a mi. Probablemente el ni siquiera lo perciba, será su hijo el que lo haga, conectado con esa mujer y con su necesidad de alimento, cobijo, seguridad y amor, el que perciba su olor, a leche, a ella a su madre.

Recuerdo de pequeña cómo me maravillaba al pensar cómo estando vacas y terneros dispersos por un monte podía un ternero encontrar a su madre cuando tenía hambre. Por el olor me decían. Incrédula de que el olor a madre se dispersara de esa manera. El comentario de mi hijo es la prueba.



29 de junio de 2015

El día que me pinté las uñas de rojo y me gustó

Si me hubieran dicho que alguna vez me gustaría pintarme las uñas de los pies de rojo lo habría negado rotundamente. Azul, morado, mint...¿rojo? jamas. Pero todo llega y llegó.



Vino a coincidir con el día que me encontré con una cana en la ceja. De ahí a tenerlas abajo va un paso.

Fue más o menos cuando aprendí a decirle patata al móvil, me vi en una foto y no me reconocí. Yo no era aquella que veía. No era una cuestión de arrugas, no, eran mis rasgos. Esa no era mi nariz, mi sonrisa ni mis ojos. ¿Dónde estaba yo?

Entendí entonces eso que deben sentir los ancianos cuando sintiéndose jóvenes de pensamiento y espíritu, su cuerpo no les acompaña. 

No me percaté de esas diferencias al mirarme en el espejo cada día. Las prisas no me dejan verme. Maldito autofoto que me hizo darme cuenta que no soy la misma que era. Bendito autofoto que me hizo pararme a pensar y tomar conciencia que tampoco soy la misma por dentro. 

Ahora me pinto las uñas pintadas de rojo y me gusta.



23 de junio de 2015

Si nos estuviéramos tomando un café...

te contaría que ando alicaída, desmotivada, triste y sobre todo muyyyyyy cansada.

Arrastro desde hace meses esas sensaciones, no estoy en mi mejor momento. Se avecinan cambios en nuestra vida que hacen que tenga que tomar decisiones importantes, que me permitirán tomar impulso y comenzar a volar, sin embargo no se hacia donde y lo que es aún peor, no me encuentro con fuerzas para hacerlo. 

Visto aquí

Necesito descansar, olvidarme de todo y sólo ESTAR en este ahora, dejar de pensar en lo que vendrá, despejar mi mente, cerrar etapas, cargar pilas para poder mirar la vida con nuevos ojos, nuevas expectativas, nuevas motivaciones e ilusiones.





17 de junio de 2015

Sí, me quejo, aunque nadie me obligó, me quejo

Sigo desde el lunes sumida en una especie de trsiteza. Se que muchos me dirán que es así, que no me queje, que nadie me obligó, pero cuando pones tu tiempo, tu esfuerzo, tantas horas, quitándoselos a tu vida, a tu casa, a tu familia por y para el beneficio de tantas personas y no te devuelven el apoyo simplemente con su presencia es desalentador, descorazonador y desilusionante.



Sientes que nada tiene sentido, que es una batalla pérdida en la que poco o nada puedes que hacer.

Plegarte a los deseos de unos, intentar llevar la  corriente, mantener un buen clima, aún a costa de morderte la lengua, de contenerte, de mantenerte sumisa y saber que está ganando y que poco o nada, de nuevo, puedes hacer. Es muy, muy cansado.

Cada uno tiene sus ocupaciones, sus prioridades, no todos pueden ni quieren implicarse de la misma manera en cualquier proyecto, pero creo que al menos por respeto a esas personas muchas más de 10 de cientos podrían hacer el esfuerzo de dedicar una hora al año para estar presente, para oír en qué has invertido tu tiempo, por todos todos, estos meses, para hacer llegar con su presencia que, al menos, confías en lo que están haciendo. Como ya he dicho creo que es una cuestión de respeto.

No soy de abandonar las cosas a la mitad. Por amor propio, por pundonor continuaré. Dos años es el tiempo, ya ha pasado uno. Ni uno más pienso dedicarle a quien no lo valora. Mi vida es más importante, porque sí, también tengo una vida con mis ocupaciones. mis prioridades; tuve que reorganizarlas para embarcarme en esto.

Otros después de nosotros cogerán el relevo, allí estaré siempre que pueda y nunca faltaré a una asambla.

Y ahora, ya. Tenía que vomitarlo, me quemaba por dentro

14 de mayo de 2015

Harto de la escuela

¡¡¡Estoy harto, estoy harto de hacer tantas fichas!!! Todo el tiempo haciendo fichas, solo dos ratitos muy pequeños jugando y el patio muy poco tiempo. ¡¡¡Es que no jugamos casi nada!!!. Casi nada. Sólo fichas y fichas. Todo el tiempo coloreando, o escribiendo las letras, ¡¡Que ya se colorear!! Que yo aprendería más jugando y no jugamos casi nada. Asi en bucle
Cuando tu hijo se expresa así nada más abrir los ojos una mañana sabes que algo no va bien. Así fue hace un par de días. Lo peor de todo es que yo no podía más que escucharlo y decirle que si, que lo entendía, que pensaba como él, que creía que tenía razón, que trabajaban mucho, que jugaban poco y que aprenderían más y mejor estando menos tiempo sentados y mucho más jugando. Es duro decirle pienso como tu pero no puedo hacer nada, es lo que hay. 

Habla con la seño, me dijo. Lo haré, pero ¿para qué? para nada, es lo que hay, nada va a cambiar, lo se y es triste y es duro saberlo. 

¡¡¡Me niego, me niego, no voy a hacer más fichas!!! se lo voy a decir a la seño ¡¡¡me da igual que me riña, no me importa que me castigue!!! Sigue siendo triste y duro, a la vez que satisfactorio oirlo expresarse así. Saber que es capaz de decirlo que piensa, lo que siente, de oponerse. No tengo claro que lo haya hecho, ni que lo vaya a hacer, hablar con la seño odigo, orque dos días más tarde ha vuelto a decirlo: Hoy se lo voy a decir a la seño, que no hago más fichas. *

Retrato Steve Eichenberger 

Se que en parte es su percepción del tiempo, se que no es del todo real, pero también se que tiene mucha, muchísma razón. No necesita colorear y colorear fotocopias, ni hacer sumas y restas, no necesita saber leer, ni escribir. Ya tendrá tiempo, como todos lo tuvimos cuando empezábamos a aprender más tarde. Aquí estamos todos "sabiendo".

Me duele verlo y sentirlo tan desmotivado cuando recién está empezando su etapa escolar. Nadie debería sentirse así con cinco años. Quizás sea una etapa, quizás sea la profesora, quizás sea que él es así "flojo", ese es otro tema. 

No es fácil reconocer que tu hijo tiene esos sentimientos, que no quiere leerse el libro que le toca, ni hacer el dibujo en casa, que no le interesa buscar información del proyecto que toque, que no quiere coger un lápiz en casa ni hacer un simple dibujo. Que se queja del exceso de esfuerzo que tiene que hacer en el cole. No es fácil porque entonces, a los ojos de todos (y a los mios incluso), lo que le pasa a tu hijo es que es flojo, que no quiere esforzarse, porque los demás niños no se quejan y el tuyo si. Y sin embargo se que no es así porque no dejo de leer sobre el tema. No es un problema sólo de mi hijo, es el sistema el que falla. No puede ser de otro modo cuando hay todo un moviento de quejas y anhelos de cambio **

*  ** Siento una mezcla de orgullo y de miedo.

El curso va terminando, ya no queda nada. Comenzará una nueva etapa llena de incertidumbres. Crucemos los dedos. Haremos lo posible desde casa para que sea capáz de centrarse en todo lo positivo del colegio. Sobre todo en que a pesar de todo es feliz allí cada día.





29 de abril de 2015

Abrirme a ti. 2015

Ayer fue una tarde emotiva y catártica. En nuestra reunión semanal de la Escuela de Familias, E nos pidió que escribiéramos una carta a nuestros híjos contándoles lo que había supesto para nosotros esos meses de reuniones, nuestro sentir en la maternidad/paternidad. Después cada uno leyó su carta. Con la presentación de la primera carta ya me emocioné. Llantos, clinex, risas, emoción, no contenida, porque era imposible, más bien fluyendo entre todos nosotros. 
Es difícil poner emociones por escrito, aún más hacerlo público, leerlo en voz alta sin que la voz se te quiebren y las lágrimas rebosen. No lo conseguí por supuesto. Lloré como una magdalena, leyendo y escuchando. Y me sentó bien, muy bien.

Decía E que era un "bonito ejercicio" leerle esa carta a nuestros hijos, una manera de abrirnos a ellos, de iniciar una conversación desde el sentir. Guardarla después y escribir una cada año, para con el tiempo ver cómo se han ido suceciendo etapas, cómo hemos evolucionado, cómo estábamos anímicamente en cada momento en cuanto a la crianza de nuestros hijos. Hice mis deberes, se la leí anoche. Me encantó su reacción desde el momento en el que le dije que había escrito una carta para él y le pregunté si quería escucharla. Esta vez no lloré. Su cara de ilusión, sus gestos de amor, de gratitud, de reconocimiento...lo decía todo con su mirada, su sonrisa y sus abrazos.

No se me ocurre mejor forma de conservarla que transquibirla aquí, de otra forma la perdería.

Hola Pollito

Ya sabes que estos meses papá y yo hemos estado en el cole. Nos ha costado organizarnos y a mi mucho, mucho estar sin tí cada tarde de martes. Lo hemos hecho porque lo necesitábamos, para aprender, para compartir, para mejorar, para intentar hacerlo un poquito mejor cada día.

No es fácil ser padre ¿sabes? Tampoco lo es ser hijo. Todos vamos aprendiendo a la vez, tú y nosotros. Sobre la marcha. Muchas veces sabesmos cómo queremos hacer las cosas, o más bien cómo no queremos haceras, pero no somos capaces de conseguirlo. Como cuando tú te enfadas y nos hablas mal. No quieress hacerlo pero lo hacess sin saber cómo evitarlo. Eso nos pasa a nosotros.

Estos meses nos han ayudado a apreciar el pequeño tesoro que tenemos, TÚ. Una personita linda, con buen corazón, con su genio, sus ideas, generoso, cariñoso. Que aunque le cuesta, sabe escuchar. Hablar, en eso estamos. También nosotros en saber hablar contigo, escucharte, comprenderte. Entender que eres un niño, "sólo" UN NIÑO, tan grande como eso, una persona, un ser independiente y disitinto a nosotros.

Creo que el esfuerzo que hemos hecho todos ha valido la pena. Que todos estamos mejor, más centrados en lo verdaderamente imposrtante, menos preocupado por lo nímio.

Te quiero precioso y como te digo cada día, estoy muy orgulloso de tí. También de nosotros.

Violeta Lopiz


20 de abril de 2015

No quiero ser una niña

Los reyes le trajeron la preciosa guirnalda de Mi Verde Olivia y tal y como pensaba no le hizo ni pizca de gracia verse convertido en una bailarina.

-¿Porque los Reyes me han puesto así de niña?
-Pues supongo que porque quieren que sepas que puedes ser lo que quieras ser, incluso si quisieras ser una niña
-Pero es que yo no quiero ser una niña

Así hasta que hace una semanas me pidió que quitara a la bailarina de la guirnalda. Lo hice en ese mismo momento, al fin y al cabo era su regalo, su guirnalda, su habitación, aunque no duerma en ella, el descolecho nos duró apenas un par de meses. 


Son casi 6 años y tiene las ideas muy claras. Lo que quiere y lo que no. Intentamos respetarlas.

Hace unos días sentenció. Yo intentaba picarlo para que fuera a clases de natación diciéndole que cuando llegara el verano, sus amigas, que iban a ir a clase, iban a nadar mejor que él y que le iba a dar coraje. ¿Qué es coraje? me preguntó. Creo que me había visto venir desde que inicié la conversación. Vamos a ver mamá. Que no quiero ir a clase de natación, y si no quiero ir a clases de natación no tengo porqué ir y punto, no pasa nada. No puedes obligarme. Con esas palabras exactas. No sólo fue lo que dijo, sino la seguridad con la que lo dijo lo que me hizo callar. Una lección en toda regla. 

Podría sentirme molesta porque no quiera ir a nadar, de echo lo estoy, porque si lo hiciera podría aprovechar para nadar yo también, al fin y al cabo es una minucia. Pero sobre todo me siento orgullosa de que esté seguro de sus ideas, de que sea capaz de expresarlas y no dejarse convencer sólo por complacerme. Me siento orgullosa porque me gusta pensar que tenemos algo que ver, aunque sólo sea un poquito, en el tipo de personita en la que se está convirtiendo. Me hace pensar que, a pesar de todos nuestros errores, no lo estamos haciendo tan mal. Sea como sea siempre lo querremos, aunque sea como sea.

8 de abril de 2015

El lujo es una actitud, aunque sea mini

No me refiero a mini actitud, si no al minilujo. Los que me siguen por instagram ya sabrán de qué va la cosa, me explico. 

Estos últimos meses he dejado atrás muchas cosas, me he centrado en otras. Mis prioridades han cambiado, mi ritmo a aflojado. Antes era frenético. Un continuo sin parar pensando siempre al hacer algo, todo lo que tenía pendiente, con una lista interminable y la eterna sensación de no llegar a todo. Dormía poco, muy poco. Los que me conocen "en directo" lo saben. He estado así años hasta que dije basta. Ya lo conté por aquí. Y la cosa cambió. Ahora duermo y el día lo vivo a unas pocas menos de revoluciones. Las prisas siguen estando ahí, pero no tanto, sigo sin llegar a todo, a la vista está que tengo esto un poco olvidado (aunque incluso ni siquiera lo parezca).

El día a día me lleva, como a todos, metida en una vorágine de tareas, de horarios, de citas, pero intento cada día parar 5 o 10 minutos para mi. A eso vine a llamar #minilujos. Muchas veces, la mayoría, esos momentos están integrados en una tarea, como acercarme a la biblioteca a por nuevos libros, tomar el aperitivo de media mañana mientras hago la compra o incluso despertarnos por la mañana. El hecho de parar, de disfrutarlo, de tomar conciencia, de adoptar la actitud de VIVIRLOS, hace que se convierta en un momento de auténtico placer, de recarga de pilas para el resto del día. ¿No es acaso el tiempo el mayor de los lujos?


Se que sin esta explicación y visto desde fuera, da la impresión de "que vives amiga" y si, es cierto, vivo bien, pero no porque mi vida sea perfecta, ni porque todas mis expectativas estén cumplidas, vivo bien porque he aprendido a sacarle el jugo a lo que tengo y de alguna forma conformarme con esos 10 minutos al día.

A mi de verdad me funciona, me ayuda a ser un poquito más feliz. Te invito a probarlo. Sólo tienes que cambiar de actitud.


Mis #mimilujos de arriba a abajo y de izquierda a derecha
1. Una bandeja de fruta fresca del mercado entre compra y compra.
2. 5 minutos de lecturas en la biblioteca antes de devolver y coger nuevos libros para nuestros #hoyleemos
3. Comer sandía sentada al sol, con estas vistas, mientras el viento me da en la casa y oigo grutar a los albatros
4. 5 minutos tirada en la cama, pensando en lo humano y lo divino, cambiando al chip antes de recoger al pollito
5. Un vinito para celebrar que terminó el trimestre viendo todo lo que ha trabajado en el cole estos meses
6. Fruta y lectura en la toalla mientras el peque juega con su papi
7. Siesta. No se me ocurre una forma mejor de pasar el tiempo que esta
8. Un café en buena compañía en una terraza de diez

El estar escribiendo este post podría ser mi #minilujo de hoy

Muy al hilo del sentido de estos #minilujos están estos 8 tips para dejar de ser una madre (persona diría yo) estresada que nos dan en De mi casa al mundo. Vale la pena ponerlos en práctica.