Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Mostrando entradas con la etiqueta verano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta verano. Mostrar todas las entradas

23 de agosto de 2016

De una vuelta, primeras veces y ya se verá

Hace meses que no escribo, que no paso por aquí, el editor de blogger. Meses que no entro en el blog. Ahora, al hacerlo he sentido pánico de que algo hubiera cambiado, me pidieran claves que no recordaba y esto quedara en el limbo para siempre. Tengo que hacer acopio de todo esto, antes de que los miedos se hagan realidad y se pierdan todos estos años de memoria. Sería una pena.

Hace meses que no escribo, no lo necesito, no me lo ha pedido el cuerpo hasta esta noche. Acabo de terminar El libro de los Baltimore, son casi las tres de la mañana. Pretendía dormirme pero como me pasaba tantas veces he comenzado a escribir en mi cabeza. Esta noche he vencido la pereza, esa que no sentía antes, y me he levantado. Vuelvo a estar sentada en el chaise longue como tantas vecez, ese espacio que hemos cedido a Ada y que hoy, a su vez me ha pretado a mi por un rato.

David duerme en su cama. Ahora la prefiere. Aún siente el deseo de dormir con nosotros, pero el calor y la incomodidad le pueden y decide irse a su cama. Sí llegó, el descolecho ha tardado dos años en arraigar. Aún me necesita para dormirse. Una historia, un rascar de espalda, media vuelta y a dormir. Hace meses, muchos meses que lo de leer antes de dormir se ha vuelto muy esporádico, demasiado. Intentamos recuperarlo cuando las chicas de Me & Mine nos hiceron llegar uno de sus flamantes Pasaporte del lector. Llegó a casa junto al Carnet de conducir infantil, justo, justo cuando volvimos de los días en Los Caños. Esos en los que cada tarde paseábamos por el paseo martítimo donde yo aprendí a pontar en bici. Si hubiera llegado antes creo que me lo habría quedado para mi, que lo habría rellenado yo. Es tan bonita la idea de plasmar ese gran momento de la infancia. De otra forma puede que pase desapercibido entre los miles de recuerdos que atesoramos. Yo recuerdo...primero sin un ruedín, cuando invariablemente tenías que pedalear inclinado, más difícil aún que hacerlo sin los dos. Después sin ellos. El miedo a intentarlo, a caer, a no poder. La voz que te dice que te agarra, pero que sin que te des cuenta te suelta y tú que ni te enteras hasta que lo percibes y te aterra. Qué pena que no lo idearan antes, cuando el pollito aprendió a montar en bici. Qué pena que en mi afán organizador los guardara no se donde y ahora no los encuentre en ningún lugar de este minipiso que tiene mil rincones. Los podría haber sorteado o regalado, al menos haberles hecho alguna reseña instagramera y darles así las gracias. ¿Que si esto es publicidad? Supongo que sí, si quieres verlo así. Para mi es gratitud, por seguir acordándose de mí a pesar de tener este rinconcito casi extinguido. ¿Que si soy honrada? ¿Que si realmente me gustan sus productos? Mil veces sí, por concepto, por originalidad, por sentimento. Cada uno que inventan me parece más genial que el anterior. Además, lo explican tan bien, te hacen llegar tan claramente el cariño y la pasión que ponen en cada nueva idea, que es difícil de superlo. De ahí que mi idea fuera transquibir tal cual la reseña explicativa que enviaban con ellos...pero la perdí, se fue a ese rincón escondido ha hacerle compañía al carnet y al pasaporte. Quizás aparezcan al cabo de los años, como aquella bolsa de canicas que escondió mi madre y que jamas encontramos entera. Cada año, como por arte de magia, entre los jerseys, las medias y la ropa interior aparececían canicas de colores. Misterios de infancia.

Este ha sido un verano de primeras veces, como cada uno desde aquel primero que vivimos con un bebé de un mes en el club. 

Su primera herida con sangre en el brazo un mes después aún tiene la cicatriz. Resbaló cogiendo cangrejos. Aunque el talegazo (como lo llamamos por aquí) fue grande, el golpe mayor fue a su orgullo. No está bien caerse delante de unos iguales a los que intentas impresionar con tus dotes de cazador sin miedo. Qué difícil mantener el tipo, tragarse las lágrimas y sobreponerse repitiéndote una y otra vez que eso sólo le pasa a los intrépidos. 

Aprendió a coger la ola en la orilla gracias a un amigo de una tarde. Nadamos a remolque hasta "el arrecife", toda una aventura con su amiga E. La primera vez de snorkel, su primer pez. Esa respiración rápida por el miedo, esa respiración entrecortada por la emoción. Esos nervios a flor de piel. Esa superación. El primer baño de noche (o casi, casi). De noche sí el primer picnic en la playa, el pasear a la luz de la luna.

Los baños con la goma en la azotea. Descubrir la Barbie de mamá, su ropa. Ponerle modelitos diferentes y descubrir que es guay eso de jugar a las muñecas. Los minizapatitos de tacón imposible. El perro. El dormitorio de madera que me trajeron los reyes (que mi madre pintó de rosa mientras yo dormía, con tantas capas que las puertas del armario no cerraban), la cocinita con su horno, frigorífico y fregadero. Con esa ventana en la que se veía un parque. Era yo la que hace dos días jugaba. parece mentira.

De noche en el campo con R, sacos de dormir, linternas, un telescopio. La primera estrella fugaz. 

Cines de salas vacías, cines de salas a rebosar. Miércoles tras miércoles.

Parque de doce a dos. Música, baile, agua y calor. 

Los rollitos de Nocilla son más buenos cuando los haces tú, las salchicas más sabrosas, los filetes de pollo más en su punto.

Acampar en el salón de la abuela y descubrir que tu salón, aunque más pequeño es mejor. Dormir con Ada aunque haga calor.

La primera vez en un parque acuático. Más superación. Qué suerte encontrar amigos que te guien. Qué rabia medir justo 1,20 (o eso dice la señal), qué fastidio tener que esperar un año. Eso dices ahora, sin haber mirado abajo desde lo alto del tobogán amarillo, ahora que te tenía convencido. Habrá que esperar.

El explotar, el miedo, la verdad, el cambio, la ayuda, el más cambiar.

Siestas y teta...eso sigue igual. 7 años ya. Cada una la disfruto, pensando que puede no haber más. Quizás la de hoy haya sido la última. Lo confesó hace unos días llorando "no hay leche", "es un rollo crecer", "yo quiero seguir tomando tetita". Seguimos sí, a ratitos cortos pero seguimos. Ninguno de los dos está preparado, pero mi cuerpo dice ya. Viviremos nuestro duelo cuando se termine, o no, quizás sea tan progresivo que no nos demos cuenta. Quizás el próximo verano sea uno más.



Este año no ha habido viaje. El próximo...ya se verá. Tenemos en mente una idea, a ver si conseguimos hacerla realidad, que esa soy yo, la de "de noche voy a Madrid, de día me quedo aquí" (me leo ahí...cuanto he cambiado, cuanto ha cambiado todo)...a Madrid no, más lejos...Guardo en la mesita de noche el Carnet Viajero. Este no se me va a perder. Tendrá que esperar un años, pero lo rellenaremos, será nuestro diario de esa otra primera vez.



31 de agosto de 2015

La persona más afortunada del mundo

Verano a verano escribo lo mismo, o eso creo, porque así me siento, la persona más afortunada del mundo por poder pasar con mi hijo todas las horas del día, de todos los días. Así de agonía soy como madre.

Desde que nació no ha habido nada más prioritario que él, que el tiempo juntos. En la calidad no me meto, que eso es muy subjetivo, y lo que a uno le parece bien para otro es caca de la vaca. Yo soy de cantidad, de esa que se cuenta al mirar el reloj y ver pasar las horas. De esa que para nosotros dos en realidad casi ni existe. 

Despertamos sin reloj, sin nada más urgente que remolonear en la cama; teta, juegos, risas, charlas. De ahí al sofá, desayuno con ración de dibujos animados. Logística diaria entremezclada... "ayúdame a montar el lego", cuando termine de poner las lavadora, "una partida de futbolín", mientras coges la pelota voy a bajar el fuego", "el caballito de mar macho es el que pone los huevos" oigo mientras doblo la ropa, "vamos a echarle de comer a Mara",  "¡guerra de cosquillas!", vamos al supermercado, "¿falta mucho para que llegue papá?"...y casi sin darnos cuenta allí está. Y queda la tarde y la noche para estar juntos. Pasar así los días lentos de verano me hacen sentir inmensamente feliz. 

No dejo de escuchar "no sabes la suerte que tienes de estar con él". Porque paso, porque me aburre, porque me molesta en realidad, no contesto, no explico, no justifico. Sí, lo se, conozco mi suerte, pero más allá y sobretodo es mi ELECCIÓN. A nadie le importan más que a nosotros nuestras renuncias (que sí, que cuando elegimos inevitablemente renunciamos, aunque sea con gusto), a nadie nuestra economía, a nadie la incertidumbre del futuro. Lo que importa, lo que me importa es el tiempo hoy. Porque el futuro está por venir y quizás ni exista.

Me regodeo en todas nuestras horas. Las guardo en mi memoria, en mi corazón. Quiero creer que él también. Eso sólo el tiempo lo dirá. Yo, hoy me siento así, la persona más afortunada del mundo.

Ilustración de Bernardo Carvalho para el libro
Corazón de madre
Ed. Libros del Zorro Rojo


Leyendo En Tiempos de prodigios de Marta Rivera de la Cruz me crucé con un texto que veía a reflejar mis pensamientos/sentimientos. No tan feliz, no tan permanentemente dichosa, pero hoy por hoy (ya veremos con el paso de los años), yo podía ser esa madre, quizás porque yo misma era una de esas niñas de las que la protagonista del libro sentía pena.

"Mi madre siempre estaba contenta. La recuerdo canturreando mientras hacía la comida o cuando planchaba nuestros vestidos, de un eterno buen humor al volver del emrcadoo al llevarnos al colegio. Estaba satisfecha con su elección. Con su vida entre cerros de ropa que planchar, menús semanales y compras de alimentación para cinco personas. (...). Mi madres estaba orgullosa del trabajo que hacía, de tner un horario de veinticuatro horas sin paga de beneficios ni posibilidades de ascenso. 
Cuando yo era pequeña, me daban mucha pena las niñas cuyas madres trabajaban fuera decasa. Qué placer era entonces encontrarla siempre a mi madre cuando volvíamos de la escuela. Qué gusto que todas las comidad estuvieran listas a su hora, que cuando uno de nosotrso caía enfermo ella pudiese velar su sueño inquieto, poner paños frescos en una frente que ardía, administrar un jarabe o controlar la temperatura. Qué suerte tener una madre siempre presente, preparada para secar lágrimas, para curar una rodilla herida, para conolar, para reñir incluso. Cuando era pequeña, yo no tenía llaves de nuestro piso.¿Para qué, si sabía que mi madre nunca iba a estar fuera cuando yo llegara?

(...)Una elección de la que no se arrepintió nunca. "Mi trabajo era ese. Yo quería hacer bien mi trabajo. ¿No quieres hacer tú bien el tuyo?". (...) Porque era feliz con la vida que había escogido y no tenía nada que echar en cara a nadie. Estaba justamente orgullosa de sí misma, de la familia que había creado, de poder asistir a las funciones de NAvidad, de venir a buscarnos cuando acababan las clases, de preparar nuetras fiestas de cumpleaños. Cuando llegaba a casa del colegio era mi madre quien abría la puerta de la cocina, donde flotaba el olor sabroso de algún guiso casero. Durante años, al entrar en casa, lo primero que veía era una mujer completamente feliz. Y ahora me doy cuenta de cómo esa circunstancia marcó mi niñes. La convivencia diaria con la alegría es el mejor regalo que puede recibir un niño.

Mi generación ha pasado años mirando por encima del hombro a mujeres ocmo mi madre, compadeciendo su suerte, reivindicando por ellas el derecho a huir del hogas, de las familias numerosas, de las cacerolass y las listas de la compra. Nunca nos dio po rpensar que, entre tantas mujeres insatisfechas, entre tantas mujeres decepcionadas con su suerte,,  entre tantas mujeres que renegaban de su condición de amas de casa, había un puñado de mujeres dichosas a las que lavar pañales, planchar camisas y hacer potajes, y que no sentían como un fracaso el haberse consagrado a sus familias. Cuando torcemos el gesto pensando en esas mujeres, no pensamos en ellas sino en nosotras mismas inmersas en una existencia así, que se nos antoja vacía de contendio. Ni en un millón de años hubiese cambiado mi vida por la de mi madre. Pero creo que ella tampoco hubiese cambiado la suya por la mia." *

Como la madre de este libro, esta es mi elección y porque he tenido la suerte (ahora si) de poder elegir así me siento, la persona más afortunada del mundo.


* En tiempos de prodigios
   Marta Rivera de la Cruz
   Editorial Planeta. 2012
   ISBN 9788408111436

  


18 de agosto de 2015

Mi maceta Piedracactus

Si algo tiene el verano es más tiempo para hacer cosas. Juas, juas, juas. Cualquiera que tenga a los niños en casa entenderá que me ria. O eso creo, porque a pesar de las laaaaargas horas que "tenemos", no dan para nada. En la rutina de la vagancia, arañando ratitos aquí y allá, he conseguido tener mi maceta. Y es que como la piedratope, desde que pineé esta idea en la carpeta Para mi lo quiero, sentí que no podía tardar en hacerla.
Fácil, a más no poder, bonita...¡a mi me encanta!


Sólo necesitamos piedras, pintura, unos pinceles y un poquito de eso, tiempo, pero muy poquito, palabra.

Y e voilá, una maceta de las que a mi me gustan, de las que no necesitan cuidados, como la otra de la foto. Cada una adornando un rinconcito.


PD: Si sois menos impacientes y fulleras que yo, usad al menos pintura acrílica, no la de dedo de los chinos, que es la que tenía en casa en ese momento.

PD2: La pintura de dedo del chino no es tan mala. Un verano después y sigue intacta. Este es otro post atrasado)


24 de septiembre de 2014

Falso helado de stracciatella

¿Conocéis alguna receta de trampantojo? Pues aquí una sencillísima, un falso helado de stracciatella que me enseñó mi amiga Conchi.

Tiene poca cantidad de ázucar y sus ingredientes y preparación son supersencillos. Para mi que cualquier niño a partir de cinco años podría hacerla solito y sentirse un pequechef y si no pueden hacerlo solos, al menos dejadlos que remuevan la mezcla, como el pato removía la sopa de calabaza y si salpican y manchan haced como el gato y la ardilla y no abráis la boca. Todo sea por que participen, se diviertan y tengan el orgullo de cocinarnos algo. 

Venga, vamos ¿qué necesitamos?
Podemos preparar el yogurt natural previamente en casa. Mi amiga María dice que mezcla 1 litro de leche entera y 1 yogur activia natural, lo deja fuera de la nevera y si hace calor lo tiene listo en un día. Parece fácil ¿verdad?

Ya tenemos el yogur y ahora ¿Cómo preparamos nuestro trampantojo?

Ya está. Sólo queda verter en las poleras y reservar en el congelador unas 12 horas. Un rato antes de comerlos, los sacamos del congelador para que se atemperen un poco, desmoldamos y ¡a disfrutar!
Imagen de helados de sandía sacada del blog Chin up y editada por mi.
Espero que no se moleste, pero si lo hace no tiene más que decirme que quite la foto.
Si no fuera porque no conseguí desmoldar ninguno en condiciones, eso si, bonitos o no dimos buena cuenta de ellos. 

Por aquí dejo un enlace a un post con más de 50 recetas de helados caseros y también algunas recetas de trampantojo


3 de septiembre de 2014

100 imágenes de 1 verano

"Lo bueno de recordar es vivir de nuevo"

y yo sigo con mi nostalgia post vacacional


1 de septiembre de 2014

Nostalgia post vacional

Llegó el final del verano y como siempre se me ha pasado en un pis pas. Soy de esas madres que sienten pena cuando llega Septiembre, que querrían que las vacaciones no se terminaran. La misma que hubo días que se subía por las paredes, que pensó mil veces que tenía que haberlo apuntado a un campamento, al que se quejaba de falta de tiempo para nada más que no fuera estar con él, a su ritmo. Esa soy yo, un cúmulo de contradicciones.

Este verano ha sido tan maravilloso como el anterior y aunque llegados a esta fecha y siendo inevitable, sólo quiero adentrarme en la rutina, no quiero que esta rutinaria anarquía termine.

Las circunstancias de este año han sido diferentes y no hemos hecho "favores egoistas" como el año pasado, pero no por eso hemos disfrutado menos o nos hemos aburrido más. No señor. Hemos aprendido a disfrutar más de la cama por las mañanas. El plural es un mero formalismo, siempre me ha gustado levantarme tarde y acostarme tarde, lo último no he dejado de hacerlo nunca (pueden dar fe las otras buhíllas de la red), pero hasta este último mes no le ha pillado el pollito el gusto mañanero a la cama. Justo ahora que tenemos que volver a madrugar.

Me siento afortunada, muy afortunada de poder disfrutar juntos de los veranos sin preocuparnos de horarios, de conciliación, sin más historias que ver pasar los días. Se que atesorará miles de recuerdos y que estaré en muchos de ellos. Recuerdos sencillos, la mayoría.

Hemos pasado las mañanas, como diría mi abuela, "a nuestro amor": despertando a la hora que nos pedía el cuerpo, sincronizados; remoloneando en la cama hasta las mil, de la teta a las cosquillas, las charlas, los juegos, los achuchones. De la cama al sofá, a continuar con la vagancia. Después del desayuno más tetita y dibujitos, más risas, más achuchones...sin prisas, no hay nada mejor que hacer que estar juntos. Sigue medio enamorado de ellas. No me pregunto ya hasta cuando.

La casa se recoge en un minuto, ventajas de que sea pequeña. Salir a comprar a la una y media con todo el calor después de hora y media y 4.000 "David vístete" no está tan mal, tender a las tres de la tarde no es taaaaaan malo como pueda pensarse. 

Hemos contado los minutos para que papá volviera del trabajo, explicando una y otra vez la suerte que teníamos de que trabajara y ganase dinero para todo lo que necesitamos. Lo hemos echado tanto de menos, que cada vez que llegaba era una fiesta tan grande como había sido para mi la pesadilla de contestar mil veces las mismas preguntas, día a día: ¿Donde está papá? Trabajando. ¿Cuanto falta para que venga? Un rato. ¿Ya va llegar papá? Dentro de poco...conversaciones mántricas sin fin.

Cambios. Muchas veces he oído decir que durante el verano los niños dan pasos de gigantes en su evolución. No se si porque pasamos más tiempo con ellos y somos más conscientes o porque es real, pero el caso es que el pollito ha crecido de lo lindo. No sólo en altura, que ha dado un buen estirón, sino en madurez. Decidió dormir en su cama y después abandonar el nido por completo, pasando su primera noche fuera de casa y le encantó. Se ha convertido en una pequeña costumbre eso de querer pasar más tiempo con la abuela, así que nosotros hemos salido a comer solos, a tomarnos una copa, nos hemos sentado a ver la tele sin tener un ente saltándonos por encima...un lujo y un placer, ¿porque no decirlo?

¡He leído libros! de papel para más inri y cuatro nada más y nada menos. Pocos en otras épocas, una barbaridad ahora que hacía mil que no podía/quería.

Hemos tenido ratos madre-hija, no tantos como mi mami hubiera querido pero poco a poco, aún él me necesita más y lo que es peor, ahora empieza a necesitarla a ella. Que se pensaba que no iba a llegar el día (jur, jur jur, risa maligna), pues se va a hartar. Tardes de compras, algún paseo, un plan cultural...buenos momentos.

Tardes de piscina, de películas, de parques, de playas...Días de amigos, muchos amigos. Me siento afortunada también por eso, por todas las personas con las que hemos compartido el tiempo estos meses. Planes sencillos pero fantásticos. Cumpleaños, noches en el parque, veladas relajadas, cines de verano, naturaleza, convivencia...Amigos de siempre y nuevos amigos. Desvirtualizaciones, cuanto me gusta poner cara y piel a la gente de la red y reencuentros, ay amiga que alegría estar juntas. Proyectos que no pudieron ser y City Guide que por fin vio la luz. 

El pollito se ha consolidado como un auténtico pecedillo. Lo que sufríamos todos con sus clases de natación...¿Habría sido diferente si ellas? Nunca lo sabremos, lo importante es que la autonomía que tiene en el agua le permite disfrutar al máximo del medio, sin importar que sea en el mar o en la piscina. Siempre dispuesto a bañarse en la playa, mi perfecto compañero. 

Cuantas noches nos hemos quedado sin cuento rendidos por el cansancio, cuantas nos hemos dormido a las mil, cuantas me ha hecho compañía dormido en el sofá mientras yo trabajaba en el ordenador. Unos tendrán a su gato, pero yo tengo un pollito. Que me dice: todo el mundo duerme de noche menos tú, que trabajas. 

¿Deberes, tareas? ¿Eso que es? Tenía la esperanza de retomar aquellos cuadernos de actividades tan chulos de Combel, pero se quedó en esperanza. De la sugerencia de la seño de escribir la lista de la compra y cosas así, poquito. Sin embargo, cuando lo hemos hecho, me ha dejado sorprendida lo bien que escribe tan sólo teniendo un poco de cuidado de pronunciar bien y dejarle un poco de tiempo para pensar. Ni mucho menos está más adelantado que muchos niños de su clase, pero me maravilla que sin haber hecho nada haya evolucionado tanto. No tengo ninguna duda que el impás de estos meses sin martilleos, sin exigencias por no olvidar lo aprendido ha sido bueno. Porque ha aprendido sin proponérselo tanto como a lo largo del curso.

Me pasaría horas escuchándolo contarme cosas de cuando era pequeño (como si fuera en otra vida), de la antigüedad...
¿Sabes mamá que en la antigüedad se escribía con pluma?
¿Donde has aprendido eso pollito? 
En Harry Potter


Absorbiendo como esponjas, a prendiendo a retazos de aquí y de allí, con esa otra forma de aprender, que es vivir.


Y ya pasó. Volvemos al cole, al trabajo, a la rutina, a los buenos propósitos, dejaremos atrás mucho, pero seguro, seguro, que seguiremos intentando disfrutar al máximo de todo.


21 de julio de 2014

Días que saben a meses pero pasan en segundos

Así han pasado nuestros días de vacaciones, en un suspiro, a pesar de que mientras estábamos inmersos en ellas parecía que los días se alargaran, que no fueran a terminar nunca.

Siempre es bueno volver a Los Caños, la playa de mis sueños, de mi infancia, de nuestra adolescencia, de los amigos, de Tana, de David. Redescubriéndola con él al mismo ritmo de siempre. Sin tiempos.
A las vacaciones sólo le pido eso: vivir sin tiempos, sin nada que nos marque las horas. El estómago dice cuando comer, el sol cuando subir de la playa, él cuando despertarnos. Sin nada más que hacer que disfrutar del mar, el cielo, la arena, los pinos, el sol, el viento; Las siestas, las comidas sencillas, leer, jugar, bañarnos, coger cangrejos, observar la vida diminuta en un charquito, buscar tesoros es forma de piedras, superar nuestros miedos encarnados en escarabajos, subir una duna, recordar otros días.

Así lo hemos vivido y nos ha sabido a mucho y a poco, como la cosquilla de los camorenes en los pies.

Barbate, pueblo marinero de tradiciones. Allí estábamos el día de nuestro santo, Virgen del Carmen. Con lo que le gusta a David una procesión. Su mercado, con el mejor atún del mundo, pulpos, chocos, gambas...
Las Breñas, ese otro mar de pinos y matorrales verdes a sólo un paso. Allí en medio, una hacienda convertida en hotel rual, El Palomar de la Breña. Sencillo, tranquilo.
Escondido entre sus muros, la curiosidad que le da nombre, el palomar, uno de los tres mayores palomares del mundo.
 De nuevo en Los Caños, la playa de la marisucia. ¿Quién me lo iba a decir a mi aquel verano del 92? Las algas, las piedras, las dunas, los escarabajos.De aventura en aventura.
Nuestra casa (ojalá) un duplex, el mismo que hace dos años. Ese sofá me enamora, y no por lo cómodo. Desde arriba, desde abajo, todas las vistas son buenas. El jardín, la piscina. Las siestas y las no siestas. Leer uhmmmmmm
Vejer, con su muralla y su castillo. Tan árabe, tan judío. Tan bien cuidado. Su ambiente delicioso, su buen gusto, su buen comer...
Nos quedamos con ese regusto a carne de retinto, a bomba de chocolate, a mojito, a tataki, a Peñascal, a ensalada de melón, a gambones a la plancha, a bocadillo de salami, con un poco de sal de mar, arena en los bolsillos y con ganas de volver.





9 de julio de 2014

Miércoles Mudo. Mandaleando

 Así o asao


26 de agosto de 2013

Los deberes son para el verano ¿si o qué?

Cuando era pequeña, no tan pequeña como el pollito lo es ahora, mi madre, antes de irse a trabajar me dejaba una lista de tareas. Lejos de los típicos cuadrenillos santillana, que nunca tuve, mis deberes solían consistir en leer algún capítulo de un libro, hacer un dibujo, a veces una redacción. Por las mañanas estaba con mis abuelos y no es que ellos me dieran mucho juego, la verdad; más bien tenía que ocupar el tiempo a mi bola y dedicarle una horilla de la mañana, cuando yo quisiera, a estas tareas no me lo tomaba como deberes, porque no eran algo impuesto sino una forma más de entretenerme.

Personalmente, con los cuatro años de David, imponerle un cierto tiempo al día para hacer tareas "escolares" me parece un crueldad tontería. Distinto es proponerle hacer alguna actividad divertida con la que además aprenda (lo que se le conoce como aprender en el colegio, porque se puede aprender muchísimo con el juego libre) y que él gustosamente se preste a ello y otra muy distinta es obligarlo. Demasiado reglado tienen ya el tiempo los casi 10 meses que duran las clases (venga, vale, quitándole las vacaciones se queda en menos) obligados a seguir una rutina, a hacer tareas que muchas veces no son de su agrado como para que tengan lo mismo durante las vacaciones. Mire usted, que se en vacaciones le dicen que tiene que terminar unos informes a ponerse al día con esas carpetas que no termina de archivar seguro, seguro que se pilla un rebote.

Algunas personas ponen como escusa pasar tiempo con sus hijos, personalmente prefiero pasar el tiempo con él así, simplemente pasándolo, sin horarios, sin imposiciones. Si quiere jugar, jugamos; si quiere ver tele, vemos; si quiere hacer puzzles, hacemos; si quiere dibujar, dibujamos; si quiere leer, leemos...si quier hacer fichas, hacemos; si quiere que nos hagamos cosquillas, o montar a caballito o ayudarme con las cosas de la casa...lo hacemos.

Si, en casa tenemos nuestros "cuadernillos de verano", fueron nuestro regalo de cumpleaños. Que contradicción, pensaréis.
De la editorial Combel, es una colección de cuatro libros de actividades. Mi primer libro de Animales, de letras, de números, de juguetes. Los vi y me gustaron. Son las típicas fichas del cole (al menos de su cole), con una estética diferente. Con actividades de todo tipo: 
Encuentra diferencias, dibuja caras, busca la silueta, completa el dibujo con pegatinas, clasifica, colorea, sigue el laberinto, une las parejas, cuenta, rodea las tetras, continua la serie...muchíiiiisimas diferentes. Unas más complejas que otras (están pensado para niños entre 4 y 8 años).

Descripción extraida de Boolino
Están siendo una propuesta más a lo largo de las vacaciones. Habrá hecho quizás cuatro o cinco de cada cuadernillo. El ha elegido cuando comenzaba, cual hacía y cuando quería pasar a otra cosa.  Seguiremos "trabajando" en ellas según vaya queriendo y creciendo, supongo.

Recuerdo la reunión de final de curso con la profesora y sus indicaciones: Que los niños no hagan ningún tipo de tarea, que jueguen y jueguen, que se dediquen a lo que quieran. Que cojan fuerzas. Suficiente tienen con lo que han trabajado este curso, con lo que han aprendido, con cómo han evolucionado. 
Qué distinto al colegio de un amigo del pollito, al que le han mandado como 90 fichas...porque no ha alcanzado el nivel de sus compañeros. ¿No dan ganas de llorar all oir eso? ¿No falla algo en ese sistema?