Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Mostrando entradas con la etiqueta crianza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crianza. Mostrar todas las entradas

21 de junio de 2016

Claridad de ideas, capacidad de expresión

Que tu hijo tenga las ideas cristalinas es genial, hasta que esas ideas chocan con las tuyas y deja de parecértelo tanto. No es cuestión de salirnos con la nuestra, pero siendo sinceros, molesta. Te obliga a negociar, trastoca tus planes...los diálogos se agudizan para intentar convenceros mutuamente. Todo es todo es maravilloso. Es un aprendizaje valiosísimo para la vida.

Compartía en mi página de facebook el artículo "Los niños que le "responden" a sus padres serán adultos más exitosos". Si te quedas sólo con el titular puedes malinterpretar el mensaje con ese "responder", que puede entenderse como contestar de forma irrespetuosa cuando no se trata de eso, supongo que se debe a la traducción del título orginal. Se refiere a los niños que expresan sus opiniones, que no acatan órdenes como soldados sino que cuestionan el porqué de las cosas, que piden que justifiques porqué de tus decisiones, es decir, que nos empujan a ser críticos con nosotros mismos, que nos recuerdan constantemente que son personas con criterios propios, como nosotros mismos. Es curiosos que lo que valoramos en un adulto lo vilipendiemos en un niño. ¿Cómo van a ser adultos críticos, cómo van a ser capaces de defender sus ideas, de no dejarse manipular, de luchar por lo que piensan que es justo si no se entrenan desde pequeños? Flaco favor hace el "porque lo digo yo" ohh ser todo poderoso. Después el ser todopoderoso será aquel chico abusón que le obliga a cometer una mala acción, o su jefe que le exige echar más y más horaspor menos sueldo sin rechistar...

Volviendo a nuestra casa. Tenemos un niño con una claridad de ideas pasmosa y lo que es aún mejor una capacidad extraordinaria de expresarlas. Permitidme que hoy le cuelgue una medalla y hable de él desde el orgullo de madre. No soy de hacerlo, me cuesta, pero hay días en los que apetece hacerlo.
Cuando lees en un grupo de whastapp al entrenador de tu hijo hablando así de él "He hablado con David. Me encanta con la madurez que me lo explica y estoy encantado con su actitud. Es un ejemplo", no pudes más que sentirte orgullosa y pensar que, al menos en eso, estamos en un buen camino. 
El caso es que le encanta jugar al futbol, pero bajo ningún concepto quiere participar en las competiciones. Yo tenía mis miedos de que, al ser el único que no lo ahcía, se sintiera desplazado del grupo, pero él lo tiene claro y así se lo ha sabido transmitir al entrenador. Nada más que añadir.

2 de marzo de 2016

No creo en los castigos pero los aplico

Qué contradicción, pero así es la vida, así es mi vida.

No creo en la educación de la supernany, no creo en la educación basada en premios y castigos.
Creo que hay otra forma de hacer las cosas, a base de hablar, de explicar, de hacer entender. Quizás, probablemente, casi seguro, sea una forma más lenta de conseguir los mismos resultados, en realidad quizás nunca consigamos los mismos resultados. Pero creo que es tan importante el resultado final que la forma de conseguirlo.

No quiero que mi hijo haga tal o cual cosa pensando en que así le haré un regalo o lo dejaré sin cuento esa noche, no.
Ni siquiera me gustaría que hiciera las cosas por complacernos, por el mero hecho de que eso nos haga sentir bien o mal, no.
Me gustaría que lo hiciera o no con el convencimiento de que así debe ser. Entiendo que es algo difícil de entender para él, tan difícil como para mi explicarlo.

Lo cierto es que nadie dijo que fuera fácil, ni que yo fuera perfecta. Una cosa es lo que intento hacer y otra la que en alguna ocasión he terminado haciendo por mi propia rabia, frustación y falta de recursos. 

(Esto lo escribí el 24 de Octubre de 2014)

Esa rabia, frustación y falta de recursos se volcó hace ya unos meses en intentar paliar el tema de las palabrotas. ¡¡¡Espárragos!!! Parece mentira, pero desde que escribí sobre ello en 2012 nada ha mejorado la cosa sino todo lo contrario.

Hemos pasado por darle el recurso de otra palabra, por ignorar completamente ese vocabulario y nada. Sobra decir que su padre y yo cuidamos mucho de no soltar tacos(cuando él está delante). Hace unos meses, más por jorobarlo que por otra cosa dije las temidas y absurdas palabras: ¡Si vuelves a decir una palabrota te quedas sin paga!
Dicho y hecho...¿De verdad que esperaba que dejara de decirlas? (no me lo creo ni yo) Sin paga desde entonces. ¿Ha servido de algo? No hija no. ¿He conseguido el objetivo? No hija no ¿Acaso se han reducido el número de palabras malsonantes que salen por esa boquita? Para nada. Claro está que no funiona.

Lo mismo tengo que asumir que él es así, que forma parte de su ser soltar un ¡Coño! cuando casi se cae o un ¡joder! cuando está enfadado por algo. Porque el muchacho lo dice bien, en su justo momento, cuando cualquiera lo diría. Y yo lo entiendo, de verdad...yo hablaba así (hasta que él nació y dejé de hacerlo para poder decirle que su madre no hablaba de esa manera)...y no me faltan ganas muchas veces al día de soltar una palabrota, que se queda uno la mar de a gusto.

Pues eso, quitarle la paga no cumplió nuestro objetivo, no dejó de decir palabrotas. Por el contrario borró de un plumazo las buenas enseñanzas que tenía con ella: se compraba sus cosillas, aprendía a administrarse, tomaba consciencia de que el dinero se acababa y había que pensar bien en qué gastarlo, ahorraba un poquito...



Lo grande es que aún sabiendo que no ha funcionado, cuando ya habíamos hablado su padre y yo de ello, ante la pregunta ¿Cuando voy a volver a tener paga? Todavía nos hemos visto diciendo "Cuando dejes de decir palabrotas". ¿Se puede estar más obcecado que nosotros?

Así que si pollito, recuperarás tu paga. Total, quitártela no sirvió de nada



11 de noviembre de 2015

Destronada del trono del amor

Así estoy yo.

- Mamá ¿sabes una cosa? Ahora en mi lista papá está el primero
- Muy bien cariño
- Primero papá, después tu, la abuela y yo.
Bueno no, papá, tu, yo y la abuela.
- Estupendo cielo
- Antes estabas la primera, pero ya no, ahora está papá.

Creo que intentaba dejármelo claro a la vez que valoraba alguna reacción por mi parte, como intentando justificarse. Quizás mi "muy bien cariño" no le pareciera suficiente, porque estoy segura que mi expresión era neutra, completamente neutra. Quizás demasiado, ahí estaría el problema. No podía hacer una fiesta a pesar de que no sólo es que no me moleste, sino que me alegro de no estar en el top de su lista del amor. 

Ilustración del libro ¡¡¡Papá!!! de Sm


Creo que llevo seis años y medio siendo el ser más importante para él y eso, a pesar de ser maravilloso es muy cansado, supone una presión, estupenda, genial, pero a veces agotadora. No es para quejarse, imposible hacerlo de que te amen de esa forma, pero no dejaba de tener mi sentimiento de culpa de saber que su padre estaba siempre por debajo. No me preocupaba en realidad porque estaba segura que un día sería como ahora, destronada, primero por su padre, después, mucho después, por su pareja. Entre medio, quizás y aunque no de la misma forma por sus amigos.

No se si el gallo estaba preparado para estar ahí arriba. Ahora es su atención la que demanda a todas horas, con quien quiere pasar más tiempo, a quién echa de menos antes incluso de que se vaya un par de horas. Este cambio es normal y sano. Estos años los tres hemos fraguado una relación maravillosa, (no exenta de nuestros problemas, de nuestros tiras y aflojas) aunque un poco desequilibrada, que era como tenía que ser. El gallo ha sabido desempeñar su papel de "primera dama" a la perfección, entendiendo que era así porque tenía que ser, que estamos programados para ellos y que ya llegaría su turno. Ha sabido ir senmbrando para ahora, en su justo momento recoger os frutos. 

Por mi parte he vivido al máximo ese Top ten del amor, ahora le toca a su padre disfrutar de este regalo.

3 de agosto de 2015

Olor a madre

A qué hueles mamá?

No se David, ¿a qué huelo?
Hueles a teta mamá, hueles a ti


Eso me dijo mientras subíamos juntos los escaleras de casa. Medio metro nos separaba y olía a mi. ¿Puede haber algo más exquisitamente natural? 

Los olores se guardan en lo más hondo de nuestra memoria, bien arraigados a nuestro corazón. Nos hacen evocar sensaciones, nos trasladan a otros tiempos. El arroz con leche que hacía tu madre, su perfume mezclado con el suavizante que usaba, los jazmínes que solía poner en la mesita de noche...nos sorprenden sin aviso saliendo de casa de la vecina, al atravesar unos grandes almacenes, al dar un paseo por aquella plaza... 

Si yo huelo a mi leche, si ese es mi perfume ¿qué olor atraerá mi recuerdo? Siento una mezcla extraña que me resulta difícil de explicar. Orgullosa por haber dejado fluir la lactancia, por haber hecho entre los dos algo tan natural, tan poderoso, tan primigenio, tan animal como para llegar a definirnos. Ese olor a leche es tan mio, es tan nuestro, como lo son los miles de momentos compartidos al pecho. Tanto como para que el mayor de sus secretos sea desear que mis pechos tengan leche muchos años más.



Ese mismo olor que me define, mi olor a madre, hace que sienta miedo. Miedo a que no pueda evocarme, a que no lo asalte ningún olor que le recuerde a mi. Quizás, si alguna vez tiene hijos y su madre les da el pecho llegue a su nariz algo parecido, pero lo dudo. Sin duda ella tendrá su olor a madre, otro olor a ella que no se parecerá en nada a mi. Probablemente el ni siquiera lo perciba, será su hijo el que lo haga, conectado con esa mujer y con su necesidad de alimento, cobijo, seguridad y amor, el que perciba su olor, a leche, a ella a su madre.

Recuerdo de pequeña cómo me maravillaba al pensar cómo estando vacas y terneros dispersos por un monte podía un ternero encontrar a su madre cuando tenía hambre. Por el olor me decían. Incrédula de que el olor a madre se dispersara de esa manera. El comentario de mi hijo es la prueba.



18 de marzo de 2015

El poder del ERES

Hace unas semanas dio comienzo en el colegio de David la Escuela de Familia que organiza el Ayuntamiento. A pesar de desconocer el enfoque (y casi temiéndome lo peor) decidimos apuntarnos Jesús y yo. No puedo estar más contenta de haberlo hecho.

El enfoque de E, nuestra "guía", no puede parecerme más interesante y afín con lo que siento, con lo que llevo todo este tiempo quedándome de lo que leo por aquí y por allá. Un par de horas a la semana para cuestionarnos cómo estamos educando a nuestros hijos, para removernos, tomar consiencia de nuestros fallos y querer hacerlo mejor. Compartirlo con él nos enrique a ambos, nos hace caminar en el mismo sentido.

Se "queja" E de que si nos dice las cosas no la creemos, que como Santo Tomás, tenemos que ver para creer. Y gracias al documental Una clase dividida comprobamos el poder que tienen nuestras palabras en nuestros hijos, extrapolándolo del racismo, que es de lo que trata el experimento, a las etiquetas que les colocamos a nuestros hijos.

Había leído muchas veces sobre colocarles etiquetas, sobre profecías autocumplidas. Lo entendí, lo interioricé, sintiendo que era así, no necesitando el ver para creer. Si nosotros, fijándonos en sus fallos (o lo que para nosotros lo eran) le repetíamos una y otra vez que el ERA así, lo sería. ¿Para que luchar por ser de otra manera si nosotros, sus padres, unos dioses para ellos, les decíamos que ERAN así?

Los niños construyen su identidad a través de los mensajes 
que reciben por nuestra parte sobre cómo son.

Así lo intenté siempre. Él no era malo sino que se había equivocado, no era desordenado sino que tenía el salón desordenado...Sin embargo si era encantador, cariñoso, atento, servicial. Destacando en su persona sus rasgos positivos los interiorizaría como verdaderamente propios, siempre que de verdad lo fuera. Mentir nunca.

Lo sentía y lo tenía interiorizado, pero no dejé de alucinar cuando lo vi de forma tan clara con aquel documental. Era increíble que tan sólo porque alguien les dijera que eran así o asao, ya se sintieran de esa forma. No me gustó comprobar cuanto poder teníamos, cuanta responsabilidad por nuestra parte.

Un peso más que recae sobre nosotros como adultos, como educadores, como padres. Qué difícil es esto, qué apasionante a la vez. Menos mal que aún equivocándonos una y mil veces, muy, muy mal lo tenemos que hacer para que "nos salga mal la cosa", o eso quiero creer. 

1 de marzo de 2015

Un corazón roto rompe otro

"Envidia(...): es la tristeza que sientes cuando alguien posee aquello que tú deseas"
Emocionario. Palabras Aladas

Nos invade de vez en cuando. Envidia y tristeza van de la mano. Eso le pasa a nuestro pollito cada vez que, al salir del cole, ve que algún compañero va a casa de otro. El también quiere. 

Mamá, dile a alguna mamá que si puedo ir a su casa a comer y a jugar.
Como madre, lo presagié nada más ver cómo los miraba
Pero eso no puede ser cariño. No podemos invitarnos a casa de los amigos, son ellos los que deben invitarnos a sus casas si les apetece. Podemos decirle a quien quieras que venga a casa.
Sabía que no era suficiente
Pero yo no quiero que vengan a casa, quiero ir a la suya. Vamos a preguntarle a alguien si puedo ir.
Pero amor, así no funcionan las cosas, son los amigos los que tienen que invitarnos si quieren.
Cada vez más pucheroso hasta que lo dijo en voz alta
Bueno, será que no me quieren.

Y entonces, tal y como su carozoncito se había roto, el mio se rompió también y ya no supe qué decirle. Tan sólo apreté su manita bien fuerte y lloré por dentro nuestra pena.

Lauren Castillo
El resto del camino a casa lo hice pensando, sintiendo, el dolor de todos esos padres que ven sufrir a sus hijos, que los saben rechazados por cualquier motivo, que son conscientes de las burlas de los demás niños por sentirse más gordos, más listos, más altos, más lentos...tan sólo diferentes. Y duele. Lo nuestro era pequeño y dolía. No podía imaginar cuánto lo harían otras cosas. 

En mi mente se mezclaba bulling, un hermano, un perro, una casa más grande. No lo padece. No evitaría ese sufrimiento. Sería una alegría diferente. Seguro que eso mejoraría las cosas. Curioso que algo material me hicera pensar que sería una solución. 

En momentos así siento la necesidad de una vivienda más grande. Tal y como estamos no podrá invitar amigos a jugar, a estudiar, a dormir. No podrá hacer meriendas ni fiestas de pijamas. Se perderá tanto. Todo lo que yo viví. 

¿Qué vamos a comer hoy mamá? Me trajo de vuelta a la realidad

1 de diciembre de 2014

De bruces con la realidad. De vuelta al mundo por él

Crecí, como en la mayoría de los hogares españoles, viendo el telediario mientras almorzaba. Desde siempre. No recuerdo preguntar nada de las noticias. Quizás porque no comía con mi madre sino con mis abuelos. Ella llegaba un buen rato después del trabajo. 

En casa, viviendo con dos personas mayores, la tele casi siempre estaba encendida. Era su forma de estar conectados con el mundo. Nunca me cuestioné nada. Simplemente creí viendo cómo ETA ponía bombas, cómo una niña pasaba días enterrada en el lodo tras una avalancha, cómo morían de hambre los niños en Etiopía o cómo Espartaco había cortado dos orejas. Normal, todo eso era normal.

De vez en cuando alguna noticia buena, los agraciados con la lotería de Navidad, un bebé que nacía en un coche...poca cosa en general. La felicidad nunca fue tan buena noticia como la tragedia. 

Hace muchos, muchos años que dejé de ver las noticias. El atentado a las Torres Gemelas y posteriormente el 11M fueron la puntilla. Mi abuela, poco antes de morir, llorando por todos ellos sin entender qué pasaba en el mundo. Yo, a su lado, llorando también viéndolos sufrir y sufriendo aún más por ella. Al poco tiempo, cuando ella nos dejó dije hasta aquí. Pocos informativos más he visto. 
Imagen Papirmass
Egoístamente he querido librarme de tanta mierda como hay en el mundo. En los últimos años, si me he enterado de algo a sido por su eco en redes sociales. Aún así he pasado de puntillas por casi todo. 

Sin embargo ahora, creo que ha llegado el momento de volver a la realidad. De ponerme la coraza y tragar. Por él, por David. Creo que no debo apartarlo del mundo, que no debo propiciar esa burbuja que creé para mi. Creo que necesita saber que hay vida más allá de los cuentos.

Sé que será un ejercicio difícil pararnos a pensar cómo explicar las cosas, pero seguro que será enriquecedor obtener su feedbak, escucharlo explicar y razonar. Creo que de esta forma lo ayudaremos a formarse opiniones, a ser más crítico, a incentivar su curiosidad y a ir acostumbrándose a la mierda poco a poco. Que de esa tenemos mucha.

Me hubiera gustado enlazar un post que leí no hace mucho de alguien que exponía mucho mejor que yo sus razones para dejar que sus hijos vieran las noticias. Al leerlo tuve la certeza de que era lo que debía hacer. 

Ayer después de que el pollito viniera contándome de un niño al que había matado un policía cuando iba a sacar un arma de juguete, de lo que por supuesto, yo no tenía ni idea, supe que había llegado la hora y en eso estamos. 

20 de octubre de 2014

Perdón

Ya apunté que nuestra última etapa horrible había terminado drástica y "felizmente" con un enfrentamiento entre el pollito y yo. Ambos perdimos los papeles, ambos perdimos la batalla y es eso, paradójicamente, lo que nos hizo ganar la guerra sin vencedores ni vencidos. 

Pero después de una guerra toca recomponer todo lo que se ha dañado mientras se luchaba y para hacerlo no hay nada como pedir perdón. Fue lo primero que le dije: Perdóname. Si él se había portado mal, yo lo había hecho aún peor. Si él me había hecho daño, yo le había causado mucho más a él. Daño en el alma, que es el peor.

Con la comprensión que da haberse comportado de la misma forma y sentirlo en lo más profundo, nos perdonamos desde lo más hondo de nuestro ser, completamente arrepentidos. Desde el perdón pudimos volver a empezar, no desde cero, porque habíamos dado pasos de gigantes para no volver a caer en lo mismo (lo haremos en otras cosas).

Le contaba a una persona muy cercana lo que nos había pasado y al llegar a esa parte, la del perdón, se quedó sorprendida y contrariada de que se lo hubiera pedido a mi hijo. No creo que debas hacer eso, me dijo.
Más asombrada me quedé yo al escucharla ¿Como no hacerlo? ¿Como pedirle a él, exigirle incluso, que pida perdón por las cosas más nimias si yo no lo hago cuando me equivoco tanto? Es tal el contrasentido que no puedo llegar a entender cómo puede siquiera pasar por la mente de alguien que pedir perdón no sea correcto.

Sin embargo, no es esa persona una excepción, no es raro encontrarse a quién piensa que si pides perdón a tu hijo estás perdido, estás revelando tus miserias, tus flaquezas, estás dejando de ser ese dios todopoderoso para él. Pero ¿qué dios? ¿uno que se equivoca una y mil veces, tantas como él mismo? ¿uno que se pasa la vida probando, ensayando, aprendiendo, errando y acertando a base de intentos?  Qué dios más humano entonces, bendito sea.
Así soy y así quiero que me vea, un ser imperfecto que se equivoca en su lucha por acertar. Si ellos son nuestro reflejo, no quiero que se tope con una imagen de idealidad inalcanzable. Eso no existe. No soy perfecta, no es perfecto, pero eso no importa, no lo espero de él ni de mi, tan sólo que nos esforcemos lo suficiente para ser un poquito mejor cada día, para no conformarnos con el: "Así soy yo" que mata toda posibilidad de cambio.

En eso estamos, intentándolo cada día.



Otras reflexiones en esta línea:
Saber pedir perdón a nuestros hijos. Reflexiones de una madre psicóloga

6 de octubre de 2014

Dimitir de madre

Llevo unos días con la horrible sensación de que todo es así, horrible. Desde el principio del día hasta que nos vamos a dormir todo es una difícil lucha.

Me acusa de mandona y lo soy. Todo el día con los galones puestos. No me gusta y a la vez no puedo evitarlo. Me gustaría creer que hay otra manera de hacer las cosas. Eso leo por aquí y por allí, que hay otras formas, pero yo, aún buscándolas, no las encuentro. 

Mi paciencia está al límite. Me lleva al límite y parece que él disfruta con ello. Parece que necesitara ese constante desafío para reafirmarse. Estar permanentemente en la cuerda floja, tensando, sin saber cuando se romperá es muy cansado. Estoy muy cansada.

Pongo mi cabeza en la almohada y me hago el firme propósito de que mañana será diferente. Suena el despertador y con una sonrisa y la mejor disposición comienza la pesadilla el juego.
Vamos pollito hay que despertarse para el ir al cole. Media hora después seguimos igual. Vamos pollito debes desayunar, necesitas energía. Desayuna David, David desayuna. Un bocado de tostada. David, un poco de colacao. David se nos hace tarde. Por favor, deja los playmobil ahora. Ya no hay más tiempo. ¿Qué te vas a poner? ¿este? ah, ¿este no? ¿este te roza? Te lo has puesto mil veces y hoy te roza. Este no es lo suficientemente estrecho. No puedes ponerte las botas de futbol. Ponte lo que quieras ya, vamos tarde. ¿Te has lavado la cara? ¿los dientes? ¿te has peinado? Por favor, no te mires más en el espejo, es tarde.  Nos vamos ya, es tarde, vamos corre, es tarde.
Conseguimos llegar a tiempo por lo pelos.

No se cuantas órdenes le ha dado. No se cuantas órdenes me ha obligado a darle. Estoy aburrida de hacerlo y es normal que él esté cansado de escucharlas. Otros días que me obligo no hacerlo se va sin desayunar, sin lavarse los dientes, enfadado porque no le ha dado tiempo y yo preocupada porque no desayune. No pasa nada por un día, pero ¿y todos?

Segundo asalto. Esa es la triste sensación. Sale del cole. Si te vi no me acuerdo. ¿Qué vamos a comer hoy? ¡yujuuuu! lentejas. Arrrrrgggggg. No quiero lentejas. David siempre dices lo mismo, pero las lentejas te gustan. Antes te las comías. Pues no las quiero. Pues nada, una cucharadita aunque sea y fruta. ¿Te has lavado las manos? Deja de jugar, es hora de comer. Venga, siéntate por favor. Sólo probarlas. Deja de saltar que estamos comiendo. Venga sólo una. Deja de hacer eso, no molestes a los demás. ¿Qué fruta quieres? No, no hay nada hasta la hora de merendar, sólo fruta. 

10 minutos más tarde. Tengo hambre, quiero merendar. Lo siento David, no es la hora. Dame algo. No has almorzado, es normal que tengas hambre, pero tienes que esperar a la hora de la merienda. Tengo hambre, dame algo. Fruta ¿quieres fruta? No, quiero merendar. Entramos en el círculo vicioso de hora y media de duración. Run, run, run...

Tres. Me aburro. Vamos a hacer algo. No. ¿? Juega con los playmobil. No. Has un dibujo. No. Hacemos una actividad de mlbb. No...Pues nada hijo, abúrrete que eso no es malo. Me aburro. Venga, no nos podemos pasar aquí tirados viendo la tele toda la tarde. Vamos al parque. No. ¿No?. No. ¿Porque no? Porque no...Conseguimos bajar. A la hora de la vuelta continuamos con el: he estado muy poco tiempo. 

Ahora directos a la ducha. No. Estás sudando y sucio, tienes que ducharte. No. Venga, deja de jugar con eso, hay que ducharse, se nos hace tarde. Repetimos toda la rueda de la mañana ahora con la ducha de por medio. Los minutos pasan. Se hace tarde. La cena se atrasa. No se quiere salir de la ducha. Cada vez más tarde. Después nos dan las tantas...

Lo conseguimos. Repetimos toda la escena del almuerzo, esta vez con una comida que si le gusta, pero se le va el santo al cielo con tanta charla, salto, juego. Mil veces come. 

Lávate los dientes.No no hay peli .No no puedes ver dibujitos. Venga vamos, son las once. Mañana hay cole. Si, un cuento. Deja de jugar con eso que ya es muy tarde. ¿Un dibujo ahora no? Venga vale. Vamos, es tarde. Si está muy bonito. Si, mañana hay cole. No, no puedes dormir en el sofá, vamos a la cama. ¿Que no te has lavado los dientes? Venga, vamos a lavarnos los dientes...run, run run...

Estoy agotada. No he dicho nada de las mil malas caras, de los repostones, de los hablarnos mal, de sus ochenta no, pero todos van engordando una mochila que pesa mucho, mucho, mucho. Me caigo al mar y la mochila me va hundiendo y hundiendo cada vez más. Me cuesta mucho salir a flote. Pero no me queda otra.  Es él, soy yo. Se que esto pasará. Quizás mañana será distinto. Quizás mañana lo conseguiremos. Quizás mañana...
Imágen
No me importa decirlo en voz alta y lo digo. Se que es lícito tener esos sentimientos. No me siento mala madre por sentirme así, pero no quiero sentirme así. Me hace mal, nos hace mal. María me dice que Cata acaba de escribir sobre la Agitación de la crianza. La leo. Justo, tal cual, lo expresa ella, así me siento. Leedla, no dejéis de leerla. 

1 de septiembre de 2014

Nostalgia post vacional

Llegó el final del verano y como siempre se me ha pasado en un pis pas. Soy de esas madres que sienten pena cuando llega Septiembre, que querrían que las vacaciones no se terminaran. La misma que hubo días que se subía por las paredes, que pensó mil veces que tenía que haberlo apuntado a un campamento, al que se quejaba de falta de tiempo para nada más que no fuera estar con él, a su ritmo. Esa soy yo, un cúmulo de contradicciones.

Este verano ha sido tan maravilloso como el anterior y aunque llegados a esta fecha y siendo inevitable, sólo quiero adentrarme en la rutina, no quiero que esta rutinaria anarquía termine.

Las circunstancias de este año han sido diferentes y no hemos hecho "favores egoistas" como el año pasado, pero no por eso hemos disfrutado menos o nos hemos aburrido más. No señor. Hemos aprendido a disfrutar más de la cama por las mañanas. El plural es un mero formalismo, siempre me ha gustado levantarme tarde y acostarme tarde, lo último no he dejado de hacerlo nunca (pueden dar fe las otras buhíllas de la red), pero hasta este último mes no le ha pillado el pollito el gusto mañanero a la cama. Justo ahora que tenemos que volver a madrugar.

Me siento afortunada, muy afortunada de poder disfrutar juntos de los veranos sin preocuparnos de horarios, de conciliación, sin más historias que ver pasar los días. Se que atesorará miles de recuerdos y que estaré en muchos de ellos. Recuerdos sencillos, la mayoría.

Hemos pasado las mañanas, como diría mi abuela, "a nuestro amor": despertando a la hora que nos pedía el cuerpo, sincronizados; remoloneando en la cama hasta las mil, de la teta a las cosquillas, las charlas, los juegos, los achuchones. De la cama al sofá, a continuar con la vagancia. Después del desayuno más tetita y dibujitos, más risas, más achuchones...sin prisas, no hay nada mejor que hacer que estar juntos. Sigue medio enamorado de ellas. No me pregunto ya hasta cuando.

La casa se recoge en un minuto, ventajas de que sea pequeña. Salir a comprar a la una y media con todo el calor después de hora y media y 4.000 "David vístete" no está tan mal, tender a las tres de la tarde no es taaaaaan malo como pueda pensarse. 

Hemos contado los minutos para que papá volviera del trabajo, explicando una y otra vez la suerte que teníamos de que trabajara y ganase dinero para todo lo que necesitamos. Lo hemos echado tanto de menos, que cada vez que llegaba era una fiesta tan grande como había sido para mi la pesadilla de contestar mil veces las mismas preguntas, día a día: ¿Donde está papá? Trabajando. ¿Cuanto falta para que venga? Un rato. ¿Ya va llegar papá? Dentro de poco...conversaciones mántricas sin fin.

Cambios. Muchas veces he oído decir que durante el verano los niños dan pasos de gigantes en su evolución. No se si porque pasamos más tiempo con ellos y somos más conscientes o porque es real, pero el caso es que el pollito ha crecido de lo lindo. No sólo en altura, que ha dado un buen estirón, sino en madurez. Decidió dormir en su cama y después abandonar el nido por completo, pasando su primera noche fuera de casa y le encantó. Se ha convertido en una pequeña costumbre eso de querer pasar más tiempo con la abuela, así que nosotros hemos salido a comer solos, a tomarnos una copa, nos hemos sentado a ver la tele sin tener un ente saltándonos por encima...un lujo y un placer, ¿porque no decirlo?

¡He leído libros! de papel para más inri y cuatro nada más y nada menos. Pocos en otras épocas, una barbaridad ahora que hacía mil que no podía/quería.

Hemos tenido ratos madre-hija, no tantos como mi mami hubiera querido pero poco a poco, aún él me necesita más y lo que es peor, ahora empieza a necesitarla a ella. Que se pensaba que no iba a llegar el día (jur, jur jur, risa maligna), pues se va a hartar. Tardes de compras, algún paseo, un plan cultural...buenos momentos.

Tardes de piscina, de películas, de parques, de playas...Días de amigos, muchos amigos. Me siento afortunada también por eso, por todas las personas con las que hemos compartido el tiempo estos meses. Planes sencillos pero fantásticos. Cumpleaños, noches en el parque, veladas relajadas, cines de verano, naturaleza, convivencia...Amigos de siempre y nuevos amigos. Desvirtualizaciones, cuanto me gusta poner cara y piel a la gente de la red y reencuentros, ay amiga que alegría estar juntas. Proyectos que no pudieron ser y City Guide que por fin vio la luz. 

El pollito se ha consolidado como un auténtico pecedillo. Lo que sufríamos todos con sus clases de natación...¿Habría sido diferente si ellas? Nunca lo sabremos, lo importante es que la autonomía que tiene en el agua le permite disfrutar al máximo del medio, sin importar que sea en el mar o en la piscina. Siempre dispuesto a bañarse en la playa, mi perfecto compañero. 

Cuantas noches nos hemos quedado sin cuento rendidos por el cansancio, cuantas nos hemos dormido a las mil, cuantas me ha hecho compañía dormido en el sofá mientras yo trabajaba en el ordenador. Unos tendrán a su gato, pero yo tengo un pollito. Que me dice: todo el mundo duerme de noche menos tú, que trabajas. 

¿Deberes, tareas? ¿Eso que es? Tenía la esperanza de retomar aquellos cuadernos de actividades tan chulos de Combel, pero se quedó en esperanza. De la sugerencia de la seño de escribir la lista de la compra y cosas así, poquito. Sin embargo, cuando lo hemos hecho, me ha dejado sorprendida lo bien que escribe tan sólo teniendo un poco de cuidado de pronunciar bien y dejarle un poco de tiempo para pensar. Ni mucho menos está más adelantado que muchos niños de su clase, pero me maravilla que sin haber hecho nada haya evolucionado tanto. No tengo ninguna duda que el impás de estos meses sin martilleos, sin exigencias por no olvidar lo aprendido ha sido bueno. Porque ha aprendido sin proponérselo tanto como a lo largo del curso.

Me pasaría horas escuchándolo contarme cosas de cuando era pequeño (como si fuera en otra vida), de la antigüedad...
¿Sabes mamá que en la antigüedad se escribía con pluma?
¿Donde has aprendido eso pollito? 
En Harry Potter


Absorbiendo como esponjas, a prendiendo a retazos de aquí y de allí, con esa otra forma de aprender, que es vivir.


Y ya pasó. Volvemos al cole, al trabajo, a la rutina, a los buenos propósitos, dejaremos atrás mucho, pero seguro, seguro, que seguiremos intentando disfrutar al máximo de todo.


18 de agosto de 2014

Los abuelos

En estos cinco años, sólo tres noches se fue a la cama con la abuela en vez de con nosotros y nunca fue por iniciativa suya, sino nuestra, por salir en esas tres ocasiones especiales. Tal y como lo dejábamos y aún sabiendo que después se le pasaba, la verdad, no nos compensaba ni a su padre ni a mi. Muchos pensarán que a base de repetirlo acabaría acostumbrándose, pero nosotros creíamos (y hemos confirmado) que no había necesidad ninguna de hacerlo sufrir de ese modo. Esta etapa pasaría como las demás y pasó.

Mira que mi madre lo había invitado veces a dormir con ella, pero nunca había querido, hasta ese día, que se autoinvitó. A mi madre casi le da un pasmo, como al gallo y a mi misma, pero todos reaccionamos la mar de bien, así, como si no fuera un hito en su pequeña vida.

Será que tiraron los colchones al suelo del salón, pusieron sábanas a juego, cogieron cada uno un peluche y se quedaron viendo dibujos animados hasta las cuatro de la mañana, será porque se despertó cuando quiso, desayunó lo que le apeteció, jugaron a todo como dos niños, se fueron a almorzar a su sitio favorito y luego al cine de estreno. Será porque fue consentido y mimado. Lo cierto es que le encantó. ¿A quién no?
Pinterest
¿No debería ser ese el rol de los abuelos? Mimar, consentir, disfrutar de los nietos. Ya nos criaron a nosotros, ya asumieron el papel de padres, de educadores, ¿no les toca cambiarlo por otro más liviano?
La pena es que a veces, las circunstancias no lo permiten, porque por ayudar en la inexistente conciliación, terminan pasando más horas con sus nietos de las que estos pasan con sus padres, más de las que ellos mismos pasaron con sus propios hijos. Y casi terminan convirtiéndose en "padres", en educadores, además y lo que es peor en sirvientes de sus propios hijos.

Escuchaba el otro día a un abuelo, que había llevado a su nieta de unos dos años un Domingo a la piscina, comentar la lista de tareas que la madre de la criatura le había mandado hacer y cómo se había pasado la mañana de lugar en lugar con la pequeña cumpliendo los encargos. Al llegar allí, ya cansado, había tenido que bañarse con ella, porque no lo hiciera sola, no sin antes echarle la crema protectora. Era algo pegajosa y cuando fue a lavarse las manos, se dio cuenta que hacía espuma; al ponerse las gafas y leer el envase, constató que no era crema solar sino gel de baño...ya se explicaba con la de veces que le había aplicado la crema el día anterior, porqué la niña se había puesto tan morena. 

Espero que la anécdota quedara en eso y no terminara en un tirón de orejas para el abuelo, por haber tenido la culpa de que la niña se quemara un poquito. Pobre hombre, demasiado.

¡Hasta las cuatro de la mañana viendo dibujos animados! Pobre de mi madre, demasiado



4 de agosto de 2014

Semana Mundial de la Lactancia Materna


Nuestra contribución a la Semana Mundial de la Semana Materna viene a cargo del pollito. Nadie mejor que él para expresar tanto con tan poco





2 de agosto de 2014

Abandonado el nido

1de Agosto. Cumpleaños de mi madre. Hemos salido a cenar todos juntos. Volvemos a casa pasadas las doce. Relajados. Mañana es sábado así que no hay prisa.

Al despedirnos: Abuela, espera que voy a coger mis cosas, que esta noche voy a dormir contigo.
He aprendido a no mostrar sorpresa ante ninguna de sus inesperadas decisiones. Como cuando decidió que dormiría ya en su cama, la otra vez que quiso dormir con su abuela o irse con sus amigos y u familia dejándonos a su padre y a mi en la playa.

Con la mayor naturalidad del mundo lo ayudo a preparar una pequeña mochila.
Solo nos separará un patio y una planta, la distancia no importa.
Lo verdaderamente importante es que lo ha decidido él.

Van pasando las horas sin noticias. Asumimos que esta vez, el segundo intento, pasará la noche entera lejos de nosotros. Su primera vez.

Me despierto a la hora de siempre. No tengo ningún whatsapp. Sigo dormitando. Noticias. Se durmió a las 4.00 viendo dibujos animados. En un colchón en el suelo del salón. Con su abuela en otro a su lado. Toda una aventura. Aún duerme. Sigo haciéndolo yo también. No recuerdo cuanto hace que no paso una mañana así dando vuelas en la cama hasta muy tarde.

En nuestro salón suena la tele y no son dibujitos.

Sobre la 13.00, aún desde la cama, con un libro en mi regazo y un café en la mano, me animo a llamar. Me contesta él. Ha dormido muy bien y me comenta que piensa pasar todo el día con su abuela. Han hecho planes. Comerá con ella sola.

Se pasan por casa para decir "hola que tal". Van a comer en Mc donalds y después irán al cine al estreno de Como entrenar a tu dragón 2. Esta noche también quiere dormir con ella, pero no puede ser, tenemos un cumpleaños. Otro día, cuando él quiera.

Voy a ducharme. Su padre y yo nos vamos de "novios".


28 de julio de 2014

Los amigos se eligen

A los cinco años no se juega con cualquiera. Si me asombraba esa capacidad infantil de hacer amigos en el primer nanosegundo ahora me doy cuenta de que va cambiando.
Puede que si, que se acerque a cualquier niño o grupillo y se ponga a jugar, pero no siempre. La vergüenza está comenzando a hacerse un hueco en su vida. La duda de si será aceptado.

¿Quieres jugar conmigo? Era suficiente antes para hacerse amigo de ese desconocido de su edad, porque la respuesta, siempre era si. Ahora si logra vencer sus miedos tiene muchas probabilidades de ser rechazado. Porque los niños de su edad ya no juegan con cualquiera. Las opciones de que se amiguen dos desconocidos de cinco años, son inversamente proporcionales al número de acompañantes de uno de ellos. Si ambos están solos probablemente piensen: venga dale, juguemos, total, está tan solo como yo. Pero si uno de ellos tiene compañía la cosa sería algo así como: ¿Porque admitir a este intruso y romper el equilibrio?

Y eso da pena. A él cuando se siente ignorado o rechado y a mi también un poquito. De ese poquito, la mitad es por él, si él sufre, yo también lo hago; la otra mitad viene de ese cambio, de que no sigamos siendo así siempre: amigables, confiados, acogedores; de que a medida que crecemos nos hagamos más selectivos.
Ilustración Studio Meez
Pero lo entiendo. En el hipotético caso de que me fuera sola a tomar una copa, quizás me pondría a hablar con la persona que se sentara junto a mi en la barra si también estuviera sola, pero si ella estuviera acompañada, seguro que no. Al fin y al cabo simplemente van creciendo y comportando un poco como nosotros.

Ahora comienzan los "estoy aburrido porque no tengo amigos", aun cuando a su alrededor pululen decenas de niños como él. Comienza el miedo a las nuevas actividades, a los nuevos grupos. 

Las amistades se eligen. Ellos elegirán, al igual que los otros y puede que no casen los deseos de todos. Los amigos van pasando a ser AMIGOS. Los otros serán sólo colegas, compañeros, conocidos como mucho. 

Ojalá tenga algunos de los primeros, de esos que escasean tanto.

Me he prometido a no instigarle para que juegue con niños que no conoce. Debo dejarle hacer, dejar que se acerque a aquel si le inspira confianza o que pase del otro por mucho que venga a buscarlo. Y a tener siempre presente que los hijos de mis amigos no tienen porqué ser sus amigos. Eso es así. El debe elegir.



23 de junio de 2014

Descolecho

El sábado fue mi cumpleaños. ¿Quién me iba a decir a mi que recibiría ese "regalo"? el descolecho.

El miércoles pasado, apuntaba que le habíamos metido mano a la habitación de David para que tuviera su cama y pudiera dormir en ella cuando quisiera. Yo estaba tranquila. Ni por un asomo pensé que el cambio llegaría tan rápido. Él seguía diciendo que aunque tuviera su cama, dormiría con nosotros y yo la verdad, estaba feliz por ello. No quería que pasara ya el tiempo de dormir juntos, de meterme en la cama con mis dos hombres cerquita, sin tener que "elegir" con cuál me iba. Acurrucarme oliendo su pelo de niño. Oir su respiración, susurrar pidiendo "teta", teniéndolo ahí, a sólo unos centrímetros, al alcance de mis caricias, de mis besos.

No había problema. Aún no. Amo ser tu almohada y seguiré siéndolo.

Ha pasado en menos de un mes de llorar porque le estábamos desmantelando la habitación a ilusionarse de tal forma como para eso.

Terminamos la decoración del cuarto (el miércoles próximo enseñaré la segunda entrega, después del medidor pirata), llegó la cama, aún faltaban el colchón y la almohada. El viernes llamaron diciendo que lo traían y así fue. Ya estaba todo.

Habíamos quedado con amigos, lo habíamos pasado bien, volvimos tarde a casa, ya no era viernes, era sábado, 21 de Junio, día de mi cumpleaños, nuestro aniversario de novios también. 

Mamá, esta noche quiero dormir en mi cama
Pronunció las palabras fatídicas. Me dejó de piedra. Vaya "regalo" de cumpleaños.
No dejé que se notará mi turbación, mi tristeza, mi decepción. Dejé que aflorara la alegría de sentirlo preparado para dar un paso más, para cortar un poquito más el cordón.

La primera noche que no dormiríamos juntos, la primera noche que leeríamos el cuento en su cama. ¡Qué emocionado estaba con su cama nueva!
Comenzamos la rutina. Eligió el cuento, Las diez gallinas, uno de sus favoritos de más pequeño y cuando terminamos, después del beso de buenas noches, con la luz ya apagada pidió tetita y así se durmió. Al poquito me fui de su lado y no me costó tanto como pensaba. 

Después de unas horas me llamó y allí que me fui, a su lado pasé el resto de la noche. Juntos, como siempre hasta ahora, despertamos. 

¿Has dormido conmigo toda la noche mamá?
No pollito, me fui cuando te dormiste. No iba a mentirle. Aún me quedaba la esperanza que me dijera que no quería dormir solo, pero no lo hizo.
Mamá, esta noche dormiré solo todo el tiempo, sin ningún adulto.
Claro cariño, como tu quieras. Mientras lloraba por dentro.

Después lo ha pensado mejor.
Mamá, no pasa nada porque duermas conmigo en mi cama hasta que me acostumbre ¿verdad?
Casi se me escapa un grito de alegría. ¡Claro que no pasa nada! ¡Como siquieres volver a dormir con nosotros! ¡Siempre podrás volver a dormir con nosotros!.
Seguiremos con esta etapa de transición por algún tiempo. La necesita, la necesito. No me importa pasar las noches de cama en cama; no me importa no descansar tan bien. Necesito ese despegue gradual.

Se que debo sentirme feliz, es un gran paso y lo estoy. Feliz por verlo crecer así, feliz.
Se que puedo sentirme orgullosa, estamos respetando sus tiempos, sus necesidades, dejando que crezca, en todos los sentidos, de forma natural, a su ritmo, poquito a poco.

Cuanto ha cambiado en tan sólo un mes. Y pensar que tantos decían que nunca lo haría, incluso yo misma lo pensaba.

Tengo que confesar que me sentó horriblemente mal que me hicera ese regalo de cumpleaños. Ahora, sólo dos días después me alegro. Un hito más en la vida de nuestra familia. Algo más que celebrar. Nunca, nunca olvidaremos el día que comenzamos a descolechar.

9 de junio de 2014

Cosas de teta

Con motivo del Día de la Madre, me entrevistaron en Bebés y Más, como parte de una serie de post dedicados a diferentes mamás blogeras, a modo de homenaje. Para ilustrarla les pasé una foto, que nos define bastante bien.

En tiwtter comentan
Según el cristal con el que se mire se podría decir que es demasiado joven, porque eso de "xupar" (me mata ver cosas escritas así de mal) mi mente calenturienta lo une a un acto sexual más que al de amamantar. Aunque qué cosas, pienso que la lactancia es un aspecto más de la sexualidad femenina.

Verán, puedo hablar en los dos sentidos, que experiencia tengo. Me las chupan y maman de ellas y lo que es el pollito no chupa, no. Quizás para los profanos en la materia sea lo mismo, quizás quién no haya tenido el placer la oportunidad de dar de mamar, no sea capáz de diferenciarlo, pero sí, es completamente diferente.
Y oigan no, cuando te soba las tetas tu pareja no tiene nada que ver a cuando tu retoño está sintonizando, eso de placentero no tiene nada, aunque dicen por ahí que hay quien experimenta un cierto gozo sexual en según que momentos al amamantar.

Quizás os resulte aburrido leerme asíduamente hablar de tetas, pero la lactancia es aún una parte muy importante de nuestro día a día, de nuestra relación madre/hijo, de nuestro ser familia, porque nos atañe a todos. 
Me he enamorado de esta ilustración de Mercedes deBellard vista en el blog Con ojos de madre
No hay signos aún de que el destete vaya a ser inminente. Durante mucho tiempo dejó de pedir teta en la calle. Si estábamos fuera y estaba entretenido se olvidaba. Pensé que poco a poco se olvidaría del todo. Después pasó a querer tomarla pero sentir vergüenza porque lo vieran. Solía decirme: ¿pero y si me ven mamá?
Pues no pasa nada de nada pollito, no haces nada malo.

Pocas miradas reprobatorias hemos recibido, o como digo siempre, si las ha habido no las he percibido. Comentarios alguno que otro, aunque no muchos y siempre hemos salido al paso sin amilanarnos. Supongo que sentirme siempre tan segura de mi misma, de lo que hago y porqué lo hago y de contar con el apoyo de su padre, ha hecho que de alguna forma él (nuestro pollito) haya percibido esa seguridad y la sienta como suya. Creo que siente un puntito de orgullo. Estoy convencida de que se siente especial por seguir tomando el pecho cuando sabe que no es lo normal. 

Ahora está en un punto que pide teta cuando quiere delante de quién sea. Quizás pide que lo tape, para acto seguido provocar de alguna forma a quien tenga delante para que se de cuenta que está tomando el pecho. Con un punto reivindicativo que no diré que me disguste. Si le preguntan contesta con seguridad y si no lo hacen pero viene al caso, aprovecha la mínima de cambio para soltarlo.

Releo post sobre nuestra lactancia y no dejo de sorprenderme por el tiempo que llevamos disfrutando, (más de cinco años ya). Es un lujo tener este espacio para recordar tanto.

Sigo muriendo de amor con nuestras historias de teta; cuando se acerca y me dice: ¡¡Huelo a teta!! dame mamá. O cuando me estoy desvistiendo y me dice: espera que no me quiero perder mi momento favorito. Y se acerca y les da un abrazo y un beso, quizás toma un chupito. Les habla, les dice cuanto las quiera, les pregunta cómo han pasado el día...Si le digo que lo quiero, siempre me dice que el quiere a las tetitas ya mi, siguen ocupando el primer puesto.

Así seguimos

19 de mayo de 2014

Sigue siendo él

No, no tuve un embarazo consciente.
No, no tuve un parto dichoso sino que fue un mero trámite.
No, no me enamoré de él la primera vez que lo vi. 

Casi tengo borrado de mi mente sus primeros dos meses de vida. Mucho llanto, muchas dudas, mucha angustia por la lactancia, poco sueño, muchas presiones...el puerperio fue pasando (aún no ha terminado) y comenzamos a disfrutar.

Después vino la guardería, las separaciones, los llantos al entrar en el cole, las rabietas...

Cuanto ha crecido el pollito. Cuanto ha cambiado en estos cinco años y cuanto de él permanece intacto.

Parecía imposible que saliéramos de esa etapa de explosiones, de Dr Jekyll y Mr Hide, de pegarnos, esa etapa de dragón y sin cantar victoria aún, podemos decir que poquito a poco la vamos dejando atrás.

No diré que no queden flecos de descontrol en los que se enfade, nos suelte un manotazo o nos amenace: Si no me pones los dibujitos, ¿Sabes lo que te mereces?...No se de donde saca esa forma de chantaje. Lo "peor de todo" es que suele cumplirlo. Si ha aprendido eso en casa, lo que decimos lo cumplimos, para bien o para mal. Por eso pensamos muy bien lo que vamos a decir.

Lo cierto es que cada vez son momentos más dispersos, hechos más puntuales, aunque es verdad que siguen sucediéndose de forma cíclica. A días muy muy buenos, le suceden algunos más difíciles en los que piensas ¡¡otra vez noooooo!! pero pasan y vuelve a quedar ese niño cariñoso, con el que se puede hablar, con unos golpes buenísimos a cada rato que hagas que te tengas que reir con y de él.

Una de sus distracciones favoritas ahora son los ataques de cosquillas. Yo soy la presa. Es una delicia verlo reir y reir con mi risa, consciente de que la provocan sus cosquillas y que poquito puedo hacer para soportarlas. Anoche luchó con el Monstruo de los besos y no quedamos en empate.

Así ha ido evolucionando, poquito a poco, casi sin que nos dierámos cuenta, a la vez que mi amor por él ha ido creciendo y creciendo, tanto, tanto como para invadirme entera. Lo mejor de todo es que me puedo permitir la licencia de explotar. Al igual que él lo hace, porque también creo que él nos quiere más cada día.
El momento amoroso ha llegado. Se le llena la boca diciéndome: ¡Ay que te quiero!. Mientras me abraza y yo de forma fulminante caigo rendida de amor.



12 de mayo de 2014

A mi niño no le gusta la feria

Cada vez que escucho esa frase me quedo descolocada, no puedo entenderlo, o será que nuestra forma de vivir la Feria de Abril es distinta a la de otras familias. 

Un día normal de esta feria que acabamos de pasar vendría a ser algo así...

Después de que el Gallo llegue del trabajo y almorcemos, nos obligamos a dormir un poco de siesta para "aguantar", porque divertirse cansa. Vivimos relativamente cerca y nuestros trayectos de ida y vuelta son a pie y por el real, a lo tonto a lo tonto, te mueves también.

Nos reunimos con los amigos. Unos días los del parque (que son los de la guarde), otros los del cole, otros los de toda la vida...en una caseta, en otra. A veces 6 niños, otras 4, algunas 2. Los mayores charlamos, comemos, bebemos, bailamos, alternando mil veces el órden. Los peques juegan, corren, charlan, traman, piden por esa boca que no para, con suerte alguien le compra un capricho, comen, beben, bailan, se montan en los cacharritos, alternando mil veces también (bueno, los cacharritos no se alternan, se va una vez al día y punto).

El ambiente, los colores, la música, los caballos, los trajes de flamenca, las luces, los farolillos...
Y ahora dedime...¿A qué niño puede no gustarle eso? ¡¡A uno que sea muyyyyyyy soso!! (¿esos existen?)

Yo, mal pensada donde las haya, tengo mi propia teoría: Son esos padres a los que no les gusta que a sus hijos les guste. Que prefieren vivir esos días convencidos de que a sus hijos no les gusta la feria y que si no los llevan es por ahorrarles el suplicio. Pero creo que no, creo que simplemente ellos quieren hacerles vivir una feria aburrida, sin alicientes, una feria donde ser niño no tenga lugar, una fiesta de adultos. La feria, como cualquier cosa puede ser muuuuuy aburrida si te la pintan así.

Sigo pensando...ellos se lo pierden. Nosotros preferimos vivirla juntos, en familia, con amigos. Ya llegará el día en el que no quiera venir con nosotros. Y no falta mucho, porque hace dos días era mi madre la que me llevaba a mi con mis amigas, la que llegaba conmigo a las tantas a casa y se levantaba temprano para ir a trabajar, agotadita, pero sabiendo que no sería así para siempre. Tampoco lo será para nosotros.

Esta semana es para nosotros otra forma más de hacer mágica la infancia de nuestro pollito. Los que tienen niños a los que "no les gusta la feria"...ellos se lo pierden. Y a los que no les gusta de verdad, pues santas pascuas, que para eso el mundo es mundo y tiene que haber de todo.

Otra reflexión feriante y algunas fotos de las ferias pasadas aquí, aquí y aquí

PD: Esta ha sido sin duda una GRRRRRAAAANNNN feria. Hemos disfrutado como locos de cada día, de cada charla, de cada amigo, de cada juego, de cada cacharrito, de cada copita...Un gracias enorme a todos lo que la habéis compartido con nosotros





28 de abril de 2014

Criando un apéndice

Independendiente:
1. adj. Que no tiene dependencia, que no depende de otro.
2. adj. autónomo.
3. adj. Dicho de una persona: Que sostiene sus derechos u opiniones sin admitir intervención ajena.
4. adv. m. Con independencia. Independiente de eso.

Según la RAE soy una persona independiente. Según mi madre soy algo así como el colmo de la independencia. Siempre he hecho un poco lo que me ha dado la gana, en el buen sentido, se entiende. Nunca me ha importado mucho lo que los demás pensaran o dijeran. Si tengo una opinión la tengo y no es fácil bajarme del burro. Bien, eso no es independencia sino más bien, obstinación, pero va ligado a ella en muchos aspectos. Dormí con mi madre hasta los 6 o 7 años.

Independiente en muchas cosas, dependiente en otras también. Que levante la mano quién sea absolutamente independiente para todo...nadie.

Me encuentro de sopetón con esta imágen y no puedo evitar pensar que estoy criando un apéndice. De echo, me estoy queriendo acordar cuando me extirparon de mi madre...ahhh, no, nunca.

Me chirría primero el titular "hoy te hago"...denota una obligatoriedad. No duermes sólo de buen grado. Es una imposición mia, es por tu bien...si no, no cumplirás tus sueños. ¿Que carajo significa eso?

Precisamente por eso, porque mis decisiones en las primeras etapas de mi hijo influyen en su futuro, opto por no crearle traumas absurdos, por darle nuestra seguridad, nuestro cariño, nuestra protección también durante la noche con el convencimiento de estar criando (no sólo por eso, pero también) una persona segura, independiente, empática, plena en cariño. 

El colmo del desbarío es que se adoctrine en la forma de dormir con nuestros hijos para vender leche de fórmula. Churras, merinas y todas las razas de ovejas junta. 

La réplica de Mónica Álvarez en forma de imágen es esta...no tengo mucho más que añadir...

...o sí

Que cada cual crie como le diga su corazón o su razón, desde el convencimiento, no desde las influencias absurdas

21 de abril de 2014

La magia de la infancia

Leía Estoy harta de hacer que la infancia de mis hijos sea mágica y lo compartía en facebook con el comentario: En perpectiva. Así creo que debemos leerlo para reflexionar sobre él, con perspectiva.

Creo que el artículo hace una mezcla de tantos aspectos que es imposible posicionarse a favor o en contra. Aunque en realidad no hay porqué hacerlo. Por mi parte, hay cosas en las que coincido y cosas en las que no.

Si os apetece leerlo con calma, más de una vez si queréis antes de seguir leyendo. Quiero extenderme en el tema párrafo a párrafo, si no no creo que se entendiera. En azul el artículo original.
Pintores
Si nuestras abuelas y bisabuelas vieran la presión que las madres de hoy en día se autoimponen, pensarían que estamos enfermas. Cada uno se autoimpone presiones en un sentido. A mi modo de ver más presión se autoimponían ellas teniendo la casa como los chorros del oro, la ropa impoluta, los niños "educados" (dícese sin molestar)...Para mi ellas podrían ser las enfermas. Y es que cualquier actidud llevada la extremo es enfermiza. Sin embargo si son cosas autoimpuestas, es decir elegidas libremente, allá cada cual con ellas.
¿Desde cuándo ser una buena madre significa pasarse los días haciendo manualidades complicadas para los niños, convirtiendo sus habitaciones en portadas de revista con obras de arte de Ikea y vistiéndoles a la última moda, siempre combinados? Buena madre, mala madre. Qué pereza me da el tema. No es una cuestión de etiquetas, no es cuestión de conseguir una medalla. Es cuestión de ser feliz y a mi me hace feliz pasar tiempo haciendo manualidades, leyendo cuentos, mirando la tele, o lo que sea. Y si su habitación, como el resto de la casa, luce un aspecto bonito (para nuestro gusto), con láminas de ikea, de Vir Vireta, de la Niña sin nombre o de quién sea ¿Qué hay de malo? Todos nos sentimos mejor en un ambiente agradable igual que cuando vamos "bien" vestidos. Entrecomillo bien porque aquí entra el gusto de cada uno y eso es lo importante, la individualidad. Sigo preguntándome si hay un decálogo de la buena/mala madre. Qué hartura
No creo en absoluto que las madres modernas quieran más a sus hijos de lo que nuestras bisabuelas querían a los suyos. Simplemente, nos sentimos obligadas a demostrarlo con ridículas y caras fiestas de cumpleaños repletas de cupcakes caseros con 18 toppings diferentes y un sinfín de regalos. Creo que esto es mezclar churras con merinas. ¿Obligadas por quién? En ese desprecio por esas ridículas y caras fiestas, me parece notar un deje de envidia o de no se qué. ¿Ridículas? Si una persona quiere dedicarse a hacer algo que le gusta, preparar chorrocientos cupcakes con diferentes frosting, con banderines y toppins diseñados por ella misma a base de horas. ¿Qué tiene de ridículo dar rienda así a su creatividad, hacer algo que le gusta? Y si después se siente orgullosa de ver lo que con su esfuerzo a conseguido ¿no es eso digno de alabanza? y si además los que van a la fiesta se sienten bien por estar rodeado de cosas bonitas, ¿no es el colmo del colmo? y sobre todo ¿A quién hace daño?
En los últimos años, me he visto metida en ese modelo paternal de cualquier cosa que hagas, yo puedo hacerla mejor, que se basa en buscar ideas en Pinterest, reproducirlas a la perfección y compartir la foto con desconocidos y amigos a través de blogs y de Facebook. Seré muy inocente porque no creo que nadie comparta en las redes sociales alguna preciosura que ha creado para decir "yo mejor" sino más bien para decir "yo también". Ni más ni menos que cuando nuestra abuela probaba el bizcocho de la vecina, le pedía la receta, lo hacía a la tarde siguiente y encima la invitaba para que le diera el visto bueno. Yo también. No creo que haya tanto de "yo mejor". Hablando de mi: yo soy yo y mis circunstancias. Intento hacer lo que me hace feliz y hace feliz a los míos. Sin más pretensión que esa y al compartirlo, quizás inspirar a otras personas. Se ve que lo de inspirar está mal visto. Pinterest, el demonio.

De repente, me di cuenta: no tenemos por qué hacer que la infancia de nuestros hijos sea mágica. La infancia ya es mágica de por sí, incluso cuando no es perfecta.  Ahí creo que radica la equivocación del artículo y el acierto. Efectivamente la infancia es una etapa mágica de por sí, hace falta muy poco para que un niño la viva con intensidad, que tenga preciosos recuerdos. Eso recuerdos pueden ser 10, 50 o 1000 en parte gracias a nosotros. Mi infancia no fue perfecta y no éramos ricos, (perfección y riqueza rara vez van de la mano. Es más, la perfección no existe) pero me lo pasaba muy bien en mis cumpleaños porque mis amigos venían. Lo importante no eran los regalos, ni la decoración al detalle, ni nada de eso. Nos bastaba con explotar globos, correr por el patio y comer tarta. Bastante simple, pero mágico. Es lo que recuerdo de esos momentos.
En Navidad, mis padres nos compraban dos regalos a cada uno, teniendo en cuenta que éramos cuatro niños y que sus ingresos eran limitados. No había campañas que estuvieran machacando desde noviembre con las actividades que había que marcar en el calendario. No había chuches especiales navideñas, y pocos adornos (si es que había alguno). Ni siquiera preparábamos galletas. La camaradería al hacer la masa, el olor de la canela al hornearse, saborear algo que habéis hecho juntos...un recuerdo que no pudiste atesorar. Lo que nos hacía realmente felices era meternos en una cama los cuatro pensando que podríamos oír a Papá Noel colarse por la chimenea. Era muy divertido intentar aguantar toda la noche despiertos, cuchichear, reírnos juntos, y desear con ansia que se hiciera de día. Era mágico. Nunca sentí que me faltara algo. Dicen que no puede echarse de menos lo que no se ha tenido. Algo así vendría a ser. Efectivamente no puedes sentir que te falta algo porque no te falta, esas son tus experiencias. ¿Pero que pasa si esa experiencas se multiplicaran por 1000? ¿Si a esa lista de recuerdos añadieras muchos más? Pues que sería aún mejor.

No recuerdo una sola vez en que mis padres hicieran manualidades conmigo. Las manualidades era algo que se hacía en el colegio. Otro recuerdo perdido. Las únicas manualidades que recuerdo son las que hacía mi madre en su tiempo libre. A menudo me adormecía el ruido de su máquina de coser cuando se ponía a arreglar el bajo de nuestros pantalones o a convertir un trozo de tela en accesorios para el pelo que luego vendía.
En casa jugábamos. Todo el rato. Después de la escuela, volvíamos andando desde la parada de autobús, dejábamos la mochila y mi madre nos empujaba a salir de casa. Nos quedábamos con los niños del vecindario hasta la hora de cenar. Era otra época... Ahora, muy pocos de nosotros dejamos que nuestros hijos anden solos por ahí (Efectivamente eran otros tiempos). Además, cuando éramos niños y estábamos en casa, jugábamos por nuestra cuenta. Teníamos nuestros juegos, hacíamos fortalezas con mantas, veíamos la televisión, bajábamos por las escaleras con almohadas. Nuestros padres no eran los responsables de nuestra diversión. Si se nos ocurría murmurar las palabras mágicas "estoy aburrido", en un momento nos daban una lista de tareas. No puedo recordar el ruído de la máquina de coser de mi madre, pero puedo recordar las tardes fabricando puzzles con ella para que consiguiera aprenderme las comunidades autónomas y todas sus provincias. Nunca jugaste con tus padres. Menos vivencias que atesorar. Yo recuerdo jugar a las cocinitas en la playa, las guerras de cosquillas, volar gracias a sus piernas, cabañas improvisadas que permanecían semanas...y ella ahí conmigo a veces, otras con amigos, otras sola. Más recuerdos mágicos.
Echo la vista atrás a mi infancia y sonrío. Todavía me acuerdo de cómo era eso de divertirse sin preocupaciones. Lo recuerdo y lo añoro, pero tengo suerte, lo vuelvo a vivir día a dia con mi hijo
Mis padres se ocuparon de mantenernos calientes y alimentados, y ocasionalmente planeaban alguna actividad especial para nosotros (la pizza de los viernes por la noche era una tradición), pero en el día a día, nos las apañábamos por nuestra cuenta. Rara vez jugaban con nosotros. Aparte de la típica caja de cartón vacía que encontrábamos en las puertas de cualquier tienda, no nos regalaban juguetes a no ser que fuera nuestro cumpleaños o una fiesta especial. Nuestros padres estaban ahí siempre que necesitábamos algo, o en caso de accidente, pero no eran nuestra principal fuente de diversión. Esa visión de los padres como meros veladores por las necesidades materiales de sus hijos me parece limitante y triste, muy triste. Comida y calor, ¿ahí termina todo? A un perro le das cariño, lo acaricias, juegas con él. ¿Con un hijo no? Qué de cosas te estás perdiendo entonces y de cuanto lo estás privando. No entiendo así la maternidad/paternidad.

Hoy en día, se hace creer a los padres que lo que beneficia a los hijos es estar constantemente con ellos, mano a mano, cara a cara: "¿Qué necesitas, cariño mío? ¿Qué puedo hacer para que tu infancia sea increíble?". En una visita a Pinterest, es inevitable ver cosas como "100 ideas de manualidades para verano", "200 actividades caseras para invierno", "600 cosas que puedes hacer con tus hijos en vacaciones", "12.000 millones de estrategias para el Ratoncito Pérez", "400 billones de ideas para fiestas de cumpleaños temáticas", etc.
Los padres no son los que hacen que la infancia sea mágica. Está claro que los casos de violencia y abandono sí pueden arruinarla, pero, en general, la magia es algo inherente a la edad. Cierto, pero podemos ayudar. Ver el mundo desde los ojos inocentes de un niño es mágico. ¿Cómo ver con sus ojos si no estás a su altura? ¿Sin vivir junto a él, sin disfrutar con él? Jugar con la nieve en invierno cuando tienes cinco años es mágico. Perderse entre los juguetes tirados por el suelo es mágico. Recoger piedras y guadárselas en el bolsillo es mágico. Andar con un palo es mágico. Dificilmente pueda mi hijo jugar con la nieve en invierno si nosotros no planeamos un viaje, igual que la playa o la montaña. Perderse entre los juguetes tirados por el suelo, no podrá hacerlo si no le compramos juguetes (y no digo mil y uno cada día)...recoger piedras, andar con un palo...todo son cosas en las que los padres tenemos que poner nuestro granito de arena, sino es imposible que vivan esas experiencias. Mi hijo no puede salir a la calle y vivir todo eso sin más. Quizás sean nuestras circunstancias especiales, aunque no lo creo.
No es nuestra responsabilidad crear y proporcionar recuerdos mágicos cada día, como si se tratara de una obligación. Sí creo que es nuestra responsabilidad, pero nunca que sea una obligación. No propicio que viva experiencias por obligación sino por el puro placer de verlo feliz. Por el mero gusto de que pasen los meses y me diga: ¿Te acuerdas mamá cuando fuimos a montar en burro? ¿Te acuerdas mamá lo bien que nos salieron los croisants? ¿Te acuerdas mamá del teatrillo que fabricamos papá y yo? Recuerdos para echar en la bolsita de la memoria. Recuerdos que irán ligados a nosotros, sus padres. No pasará mucho tiempo en el que en esos recuerdos mágicos no seamos nosotros la compañía sino los amigos o el primer amor.
Nada de esto niega la importancia del tiempo que se pasa en familia. Una cosa es, sin embargo, concentrarse en pasar tiempo juntos y otra cosa muy diferente es concentrarse en la construcción de una actividad. Una puede concebirse como algo forzado, con un objetivo predeterminado, mientras que la otra es más relajada y natural. Los padres se sienten tan obligados a crear experiencias que se puede palpar la enorme presión que soportan. Completamente de acuerdo. La expectativas rara vez se ven satisfechas.

Me han dicho que cuando tenía cinco años fuimos a Disneyland. Yo no me acuerdo de haber ido, pero he visto las fotos borrosas de aquel momento. En cambio, lo que sí recuerdo con esa edad es un disfraz de pirata que me encantaba, coger ciruelas del árbol de enfrente de mi casa, las rocas que me gustaba escalar y mi perro, con el que jugaba en las escaleras del portal.
No me acuerdo de las vacaciones para las que mis padres probablemente estuvieron ahorrando durante meses; seguro que, más que nada, fueron estresantes. El lugar más mágico de mi infancia no era ningún parque de atracciones; era mi casa, mi cama, mi patio, mis amigos, mi familia, mis libros y mi propia mente.
Cuando hacemos de la vida una gran producción, nuestros hijos se convierten en el público, y crece su apetito por el entretenimiento. ¿Estamos criando a una generación de personas incapaces de encontrar la belleza en lo mundano? No entiendo esta última pregunta. ¿Acaso disfrutar de un teatro en menos mundano que coger flores en el campo?
¿Queremos enseñar a nuestros hijos que la magia de la vida es algo que viene en un envoltorio precioso, o que la magia es algo que cada uno tiene que descubrir por sí mismo?
Planear todo tipo de acontecimientos, trabajos manuales y vacaciones caras no resulta dañino para nuestros hijos. Sin embargo, si las ansias por querer hacer de todo proceden de la presión o de la idea de que todo lo anterior es una parte imprescindible en la infancia de cualquier persona, deberíamos replantearnos mejor las cosas. Efectivamente, si se hace como obligación, o por ansias de ese famoso "yo más" en vez de por puro placer y disfrute, mal vamos.
Una infancia sin las manualidades de Pinterest puede ser igualmente mágica. Una infancia sin viajar en vacaciones también puede ser mágica. La magia de la que hablamos, y la que queremos que nuestros hijos experimenten, no sale de nuestra creatividad, no consiste en eso. La podemos descubrir en la tranquilidad de un arroyo, en el tobogán del parque, y en la risa inocente de una nueva vida. Paréce ser que hacer manualidades y jugar en el parque estuvieran reñidos. Venga, un esfuerzo. No hay que escoger una cosa u otra, se puede disfrutar de todo, sin exclusiones.
Estamos constantemente escuchando que los niños de hoy en día no hacen suficiente ejercicio; pero, quizás, el músculo que menos ejercitan es la imaginación, ya que intentamos encontrar desesperadamente la receta para algo que ya existe. Con esta afirmación me pierdo del todo. 

Texto de Bunmi  Laditan traducido por Marina Velasco Serrano. Publicado en El Huffington post el 11-04-2014 http://www.huffingtonpost.es/bunmi-laditan/estoy-harta-de-hacer-que-_b_5117045.html