Ya apunté que nuestra última etapa horrible había terminado drástica y "felizmente" con un enfrentamiento entre el pollito y yo. Ambos perdimos los papeles, ambos perdimos la batalla y es eso, paradójicamente, lo que nos hizo ganar la guerra sin vencedores ni vencidos.
Pero después de una guerra toca recomponer todo lo que se ha dañado mientras se luchaba y para hacerlo no hay nada como pedir perdón. Fue lo primero que le dije: Perdóname. Si él se había portado mal, yo lo había hecho aún peor. Si él me había hecho daño, yo le había causado mucho más a él. Daño en el alma, que es el peor.
Con la comprensión que da haberse comportado de la misma forma y sentirlo en lo más profundo, nos perdonamos desde lo más hondo de nuestro ser, completamente arrepentidos. Desde el perdón pudimos volver a empezar, no desde cero, porque habíamos dado pasos de gigantes para no volver a caer en lo mismo (lo haremos en otras cosas).
Le contaba a una persona muy cercana lo que nos había pasado y al llegar a esa parte, la del perdón, se quedó sorprendida y contrariada de que se lo hubiera pedido a mi hijo. No creo que debas hacer eso, me dijo.
Más asombrada me quedé yo al escucharla ¿Como no hacerlo? ¿Como pedirle a él, exigirle incluso, que pida perdón por las cosas más nimias si yo no lo hago cuando me equivoco tanto? Es tal el contrasentido que no puedo llegar a entender cómo puede siquiera pasar por la mente de alguien que pedir perdón no sea correcto.
Sin embargo, no es esa persona una excepción, no es raro encontrarse a quién piensa que si pides perdón a tu hijo estás perdido, estás revelando tus miserias, tus flaquezas, estás dejando de ser ese dios todopoderoso para él. Pero ¿qué dios? ¿uno que se equivoca una y mil veces, tantas como él mismo? ¿uno que se pasa la vida probando, ensayando, aprendiendo, errando y acertando a base de intentos? Qué dios más humano entonces, bendito sea.
Así soy y así quiero que me vea, un ser imperfecto que se equivoca en su lucha por acertar. Si ellos son nuestro reflejo, no quiero que se tope con una imagen de idealidad inalcanzable. Eso no existe. No soy perfecta, no es perfecto, pero eso no importa, no lo espero de él ni de mi, tan sólo que nos esforcemos lo suficiente para ser un poquito mejor cada día, para no conformarnos con el: "Así soy yo" que mata toda posibilidad de cambio.
En eso estamos, intentándolo cada día.
Otras reflexiones en esta línea:
Pedir perdón a los hijos. Bebés y más
Saber pedir perdón a nuestros hijos. Reflexiones de una madre psicóloga
A mí me dolía mucho, como bien dices, en el alma, cuando mi madre me gritaba (y ahora un poco menos, pero también). Y cuando pasadas unas horas venía como si tal cosa, sin más... me hubiera gustado tanto tanto que me hubiera pedido perdón... Por eso ahora yo lo hago con mi hijo, si le he gritado le digo que lo siento, que me perdone porque no quería y no debería haberme puesto así con él.
ResponderEliminarYo les pido perdón cada vez que me equivoco. Y ellos lo agradecen.
ResponderEliminarEn casa nos equivocamos a diario y varias veces y siempre pedimos perdón, no me cuesta pedírselo ni mucho menos, me duele cometer errores que a ellos les pueda afectar, que les haga daño, que les haga sentirse inferior.
ResponderEliminarMuchas veces les hemos dicho que papa y mama se equivocan, cometen errores y que aunque inentamos mejorar cada día, no somos perfectos y que los papas también pedimos perdón cuando nos equivocamos.
No quiero que mis hijos crezcan sintiendoSe inferiores a mi por ello creo que reconocer errores y pedir perdón os coloca a todos en el mismo "escalón"
Os quiero familia
Yo creo que hiciste genial. ¿Cómo van a aprender sino ellos mismos a reconocer sus errores?
ResponderEliminarUn abrazo hermosa!
Muas!
Cuanto aprendo leyendote ..... Un beso
ResponderEliminarDe verdad, es imposible haberlo expresado mejor... Alucino mil veces con las personas que piensan que pueda haber algo malo en pedir perdón. Nada me compensa más y me hace sentir mejor que ese ejercicio de humildad de reconocer los errores y pedir a quien se haya visto afectado por ellos que nos perdone, sea quien sea. Qué gran ejemplo para nuestros hijos...
ResponderEliminarCuánto hubiese yo agradecido en muchos momentos y con muchas personas ese ejercicio de humildad.
Un abrazo enorme.