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27 de septiembre de 2018

Si no puedes con el enemigo únete a él ¡coño!

Ahora que se que no me lee ni el tato lo mismo me da por volver por aquí de vez en cuando. Quiero volcar todos los post de nuestras cosas en una especie de libro, pero mientras que encuentro y no la forma de hacerlo, quizás siga engrosando el libro futuro con algún que otro post de tanto en tanto.

No se porqué coño David dice tantas palabrotas, que yo nos la digo con el delante, ni las dice su padre. Lo cierto es que es algo que arrastra desde hace muuuuuuuuuchos años. Espárragos le decíamos que dijera. Hemos probado de todo...reñirle, ignorar esa conducta, castigarle con lo poco que puede importarle...tan poco le importa todo que sin problema ninguno prefiere decir una palabrota y asumir el castigo que no decirla.  Vaya por delante que no creo en los castigos. Lo primero porque no me gusta la fórmula de educar en el miedo a las represalias, lo segundo porque se que no funcionan (al menos a mi). ¿Que porqué lo se? Porque soy así, contradictoria e imperfecta y cuando ya no se qué hacer, cuando pierdo los papeles de la coherencia castigo y no, no funciona.

No se porqué aún no he asumido que es un mal hablado y punto, porqué sigo luchando contra eso, pero no puedo evitarlo, no me gusta y como él se encarga de recordarme en cada momento que le imponga el castigo que toque en ese momento (honrado que es el angelito) lo sigo haciendo aunque no tenga ningún sentido.

Lunes, al salir del cole, toca paga...3€ (*apunte personal, recordar hablar en otro post de la paga). Uno para ahorrarlo para las vacaciones y dos para gastarlos en lo que le de la gana (dícese en cartas de futbol, o en la mierdecita que toque esa temporada). En el almuerzo ya se ha quedado sin los dos euros. 
- Mamá si digo una palabrota me quitas un euro, ¿verdad?
- Verdad verdadera así que tu sabrás, valora si te compensa decirlo y quedarte sólo con uno para gastar.
No una, sino dos veces...Valance 0€ de paga esta semana. Es fácil dejar de poder castigarlo con eso, dos palabrotas se dicen en un pis pas así que total me quedo sin castigo de quitarle dinero de la paga porque ya no le queda.

El otro día viendo la película "El verano de sus vidas" (o más bien intentando ver, porque hay que ver lo que me cuesta concentrarme cuando tengo el móvil al lado y lo difícil que es olvidarlo en la otra punta de la casa), no se porqué motivo la madre castigaba a una de las niñas a buscar dos palabras en el diccionario, a prendérselas y después decírselas. Me pareció un castigo la mar de mono, una forma encubierta de aprender, vocabulario aunque sea.

Así que terminando el almuerzo le he explicado que, como no podía quitarle más dinero, a partir de entonces el castigo por decir palabrotas sería ese, mismamente el mismo que en la película. A todo esto días antes comentaba su amigo A que en su tiempo libre de clase había estado buscando palabras en el diccionario con F y E. A David invertir así su tiempo libre ni se le había pasado por la cabeza, el es casi monotemático de plasti, así que pensé que quizás le picara el gusanillo con esto de los castigos sumándose también al juego del diccionario con sus amigos. Que la plasti está muy bien y le es muy necesaria porque la parte plástica es la más desatendida en clase y fuera de ella, pero oye, cambiar de vez en cuando no está mal tampoco. ¡Ay que me enrrollo!

El caso es que le ha encantado el castigo jeje, tanto que antes de acostarse ha estado un buen rato buscando palabras en vez de leyendo su libro de Wigetta.
- ¿Sabes mamá que este castigo no es tan malo?

En definitiva esto viene a ser un "Si no puedes con el enemigo, únete a él". Como no va a dejar de decir palabrotas, por lo menos que le sirva para aumentar vocabulario y para adquirir la destreza de buscar en él, aunque de poco vaya a servirle eso en este mundo a golpe de click en el que vivimos.

2 de marzo de 2016

No creo en los castigos pero los aplico

Qué contradicción, pero así es la vida, así es mi vida.

No creo en la educación de la supernany, no creo en la educación basada en premios y castigos.
Creo que hay otra forma de hacer las cosas, a base de hablar, de explicar, de hacer entender. Quizás, probablemente, casi seguro, sea una forma más lenta de conseguir los mismos resultados, en realidad quizás nunca consigamos los mismos resultados. Pero creo que es tan importante el resultado final que la forma de conseguirlo.

No quiero que mi hijo haga tal o cual cosa pensando en que así le haré un regalo o lo dejaré sin cuento esa noche, no.
Ni siquiera me gustaría que hiciera las cosas por complacernos, por el mero hecho de que eso nos haga sentir bien o mal, no.
Me gustaría que lo hiciera o no con el convencimiento de que así debe ser. Entiendo que es algo difícil de entender para él, tan difícil como para mi explicarlo.

Lo cierto es que nadie dijo que fuera fácil, ni que yo fuera perfecta. Una cosa es lo que intento hacer y otra la que en alguna ocasión he terminado haciendo por mi propia rabia, frustación y falta de recursos. 

(Esto lo escribí el 24 de Octubre de 2014)

Esa rabia, frustación y falta de recursos se volcó hace ya unos meses en intentar paliar el tema de las palabrotas. ¡¡¡Espárragos!!! Parece mentira, pero desde que escribí sobre ello en 2012 nada ha mejorado la cosa sino todo lo contrario.

Hemos pasado por darle el recurso de otra palabra, por ignorar completamente ese vocabulario y nada. Sobra decir que su padre y yo cuidamos mucho de no soltar tacos(cuando él está delante). Hace unos meses, más por jorobarlo que por otra cosa dije las temidas y absurdas palabras: ¡Si vuelves a decir una palabrota te quedas sin paga!
Dicho y hecho...¿De verdad que esperaba que dejara de decirlas? (no me lo creo ni yo) Sin paga desde entonces. ¿Ha servido de algo? No hija no. ¿He conseguido el objetivo? No hija no ¿Acaso se han reducido el número de palabras malsonantes que salen por esa boquita? Para nada. Claro está que no funiona.

Lo mismo tengo que asumir que él es así, que forma parte de su ser soltar un ¡Coño! cuando casi se cae o un ¡joder! cuando está enfadado por algo. Porque el muchacho lo dice bien, en su justo momento, cuando cualquiera lo diría. Y yo lo entiendo, de verdad...yo hablaba así (hasta que él nació y dejé de hacerlo para poder decirle que su madre no hablaba de esa manera)...y no me faltan ganas muchas veces al día de soltar una palabrota, que se queda uno la mar de a gusto.

Pues eso, quitarle la paga no cumplió nuestro objetivo, no dejó de decir palabrotas. Por el contrario borró de un plumazo las buenas enseñanzas que tenía con ella: se compraba sus cosillas, aprendía a administrarse, tomaba consciencia de que el dinero se acababa y había que pensar bien en qué gastarlo, ahorraba un poquito...



Lo grande es que aún sabiendo que no ha funcionado, cuando ya habíamos hablado su padre y yo de ello, ante la pregunta ¿Cuando voy a volver a tener paga? Todavía nos hemos visto diciendo "Cuando dejes de decir palabrotas". ¿Se puede estar más obcecado que nosotros?

Así que si pollito, recuperarás tu paga. Total, quitártela no sirvió de nada