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15 de junio de 2016

Tiempo de vínculo

Crear vínculos requiere tiempo. Tiempo y cariño y en esas andamos pasando los días. Desde que Ada llegó mucho ha cambiado. Unas rutinas se han ido para adoptar otras, las que necesitamos ahora, las que se adaptan al momento. Evolucionando. 

Se pueden contar con los dedos de una mano los libros que hemos leído. El momento cuento ha desaparecido (por ahora). No importa, se que volverá. Ahora es el tiempo de ella, de Ada. En un pis pas será un perro adulto. En nuestra mano está la relación, el vínculo, que hayamos establecido con ella. En nuestra mano está también vivir y sentir esta etapa, con sus cosas buenas y las no tanto, que no pase de puntillas.

Decía W que la primavera/verano era mala época para que un cachorro llegue a casa, que te hacía perderte muchas cosas (esas cervecitas veraniegas que tan bien sientas, esas largas tardes de piscina...). Yo creo que es justo lo contrario, que el buen tiempo y el TIEMPO (vacaciones de semana santa y de feria, fin de las extraescolares, fin del cole) nos permiten disfrutar de este nuevo ser y eso, crear vínculos. 

Los paseos mañaneros con la fresquita, las largas siestas de sofá, ir al campo, a la playa, parquear. Un no a tiempo, un saber escuchar. Conocernos, entendernos y querernos. Tiempo



Contando los días estamos para el final del cole. 5 quedan ya

31 de agosto de 2015

La persona más afortunada del mundo

Verano a verano escribo lo mismo, o eso creo, porque así me siento, la persona más afortunada del mundo por poder pasar con mi hijo todas las horas del día, de todos los días. Así de agonía soy como madre.

Desde que nació no ha habido nada más prioritario que él, que el tiempo juntos. En la calidad no me meto, que eso es muy subjetivo, y lo que a uno le parece bien para otro es caca de la vaca. Yo soy de cantidad, de esa que se cuenta al mirar el reloj y ver pasar las horas. De esa que para nosotros dos en realidad casi ni existe. 

Despertamos sin reloj, sin nada más urgente que remolonear en la cama; teta, juegos, risas, charlas. De ahí al sofá, desayuno con ración de dibujos animados. Logística diaria entremezclada... "ayúdame a montar el lego", cuando termine de poner las lavadora, "una partida de futbolín", mientras coges la pelota voy a bajar el fuego", "el caballito de mar macho es el que pone los huevos" oigo mientras doblo la ropa, "vamos a echarle de comer a Mara",  "¡guerra de cosquillas!", vamos al supermercado, "¿falta mucho para que llegue papá?"...y casi sin darnos cuenta allí está. Y queda la tarde y la noche para estar juntos. Pasar así los días lentos de verano me hacen sentir inmensamente feliz. 

No dejo de escuchar "no sabes la suerte que tienes de estar con él". Porque paso, porque me aburre, porque me molesta en realidad, no contesto, no explico, no justifico. Sí, lo se, conozco mi suerte, pero más allá y sobretodo es mi ELECCIÓN. A nadie le importan más que a nosotros nuestras renuncias (que sí, que cuando elegimos inevitablemente renunciamos, aunque sea con gusto), a nadie nuestra economía, a nadie la incertidumbre del futuro. Lo que importa, lo que me importa es el tiempo hoy. Porque el futuro está por venir y quizás ni exista.

Me regodeo en todas nuestras horas. Las guardo en mi memoria, en mi corazón. Quiero creer que él también. Eso sólo el tiempo lo dirá. Yo, hoy me siento así, la persona más afortunada del mundo.

Ilustración de Bernardo Carvalho para el libro
Corazón de madre
Ed. Libros del Zorro Rojo


Leyendo En Tiempos de prodigios de Marta Rivera de la Cruz me crucé con un texto que veía a reflejar mis pensamientos/sentimientos. No tan feliz, no tan permanentemente dichosa, pero hoy por hoy (ya veremos con el paso de los años), yo podía ser esa madre, quizás porque yo misma era una de esas niñas de las que la protagonista del libro sentía pena.

"Mi madre siempre estaba contenta. La recuerdo canturreando mientras hacía la comida o cuando planchaba nuestros vestidos, de un eterno buen humor al volver del emrcadoo al llevarnos al colegio. Estaba satisfecha con su elección. Con su vida entre cerros de ropa que planchar, menús semanales y compras de alimentación para cinco personas. (...). Mi madres estaba orgullosa del trabajo que hacía, de tner un horario de veinticuatro horas sin paga de beneficios ni posibilidades de ascenso. 
Cuando yo era pequeña, me daban mucha pena las niñas cuyas madres trabajaban fuera decasa. Qué placer era entonces encontrarla siempre a mi madre cuando volvíamos de la escuela. Qué gusto que todas las comidad estuvieran listas a su hora, que cuando uno de nosotrso caía enfermo ella pudiese velar su sueño inquieto, poner paños frescos en una frente que ardía, administrar un jarabe o controlar la temperatura. Qué suerte tener una madre siempre presente, preparada para secar lágrimas, para curar una rodilla herida, para conolar, para reñir incluso. Cuando era pequeña, yo no tenía llaves de nuestro piso.¿Para qué, si sabía que mi madre nunca iba a estar fuera cuando yo llegara?

(...)Una elección de la que no se arrepintió nunca. "Mi trabajo era ese. Yo quería hacer bien mi trabajo. ¿No quieres hacer tú bien el tuyo?". (...) Porque era feliz con la vida que había escogido y no tenía nada que echar en cara a nadie. Estaba justamente orgullosa de sí misma, de la familia que había creado, de poder asistir a las funciones de NAvidad, de venir a buscarnos cuando acababan las clases, de preparar nuetras fiestas de cumpleaños. Cuando llegaba a casa del colegio era mi madre quien abría la puerta de la cocina, donde flotaba el olor sabroso de algún guiso casero. Durante años, al entrar en casa, lo primero que veía era una mujer completamente feliz. Y ahora me doy cuenta de cómo esa circunstancia marcó mi niñes. La convivencia diaria con la alegría es el mejor regalo que puede recibir un niño.

Mi generación ha pasado años mirando por encima del hombro a mujeres ocmo mi madre, compadeciendo su suerte, reivindicando por ellas el derecho a huir del hogas, de las familias numerosas, de las cacerolass y las listas de la compra. Nunca nos dio po rpensar que, entre tantas mujeres insatisfechas, entre tantas mujeres decepcionadas con su suerte,,  entre tantas mujeres que renegaban de su condición de amas de casa, había un puñado de mujeres dichosas a las que lavar pañales, planchar camisas y hacer potajes, y que no sentían como un fracaso el haberse consagrado a sus familias. Cuando torcemos el gesto pensando en esas mujeres, no pensamos en ellas sino en nosotras mismas inmersas en una existencia así, que se nos antoja vacía de contendio. Ni en un millón de años hubiese cambiado mi vida por la de mi madre. Pero creo que ella tampoco hubiese cambiado la suya por la mia." *

Como la madre de este libro, esta es mi elección y porque he tenido la suerte (ahora si) de poder elegir así me siento, la persona más afortunada del mundo.


* En tiempos de prodigios
   Marta Rivera de la Cruz
   Editorial Planeta. 2012
   ISBN 9788408111436

  


24 de noviembre de 2014

Más tiempo seguiría siendo insuficiente

¿Conoces esa sensación de empezar el lunes más cansada y estresada que terminaste el viernes? Esa sensación de ir a trancas y barrancas todo el día, todos los días, intentando ir apagando fuegos, pensando: bueno, el próximo fin de semana me pongo al día, bueno, la semana que viene será distinta, tendrá más tiempo. 

La agenda del fin de semana que viene ya está completa, y la del otro también. Entre semana la cosa no mejora entre quehaceres diarios y extraordinarios. 

No me quejo, ojo. Sólo es que me gustaría tener más tiempo. Más tiempo para hacer más cosas, todo lo que dejo por hacer. Esas cosas que no son necesarias pero que me gustan, que me llenan, que me hacen sentir bien y que termino haciendo arañando tiempo aquí y allí a lo que verdaderamente se importantes. Pero ¿que le voy a hacer? Lo necesito, si no, no soy feliz y se trata de eso, de intentar encontrar el equilibrio para serlo, aunque sea a costa de vivir intentado llegar a todo y a nada, paradójicamente restando así puntos a esa felicidad buscada y casi plenamente encontrada, todo hay que decirlo.

Así que no, no me quejo. Lo mismo de aquí a dos semanas tendré más tiempo, aunque auguro que no será así y la verdad, tampoco es tan importante mientras pueda seguir viviendo más o menos en esta felicidad equilibrada. Al fin y al cabo, me siento afortunada.

Imagen Mariví Fuentes


16 de abril de 2014

Un deshaogo

Aprovechando que no hay mucha gente por aquí voy a dedicarme a hacer eso mismo que hago casi todo el día: quejarme de la falta de tiempo, oooootra vez.

Si ya iba de culo antes de meterme de lleno con My Little Book Box, ahora ya ni te cuento. Contactar con la gente, concretar fecha para las reuniones, gestionar la intranet, hacer las actividades...le dedico un tiempo que tengo que quitarle a otras cosas. No me cuesta mucho porque me gusta ese trabajo, cobro por ello y oigan, cualquier motivo es bueno para dedicarme un poco menos a la casa.

Ahí no queda la cosa con ellos, porque me ofrecieron  llevar el primer grupo de consultoras de Andalucía y obviamente mi respuesta fue ¡Si!. Así que añadamos la formación de las nuevas consultoras, hacer comunidad entre nosotras, compartir experiencias, solventar dudas, creer juntas. Si, también me gusta.

No contenta con eso, de forma paralela a ser consultora de My Little Book Box me ofrecieron desde una empresa grande ser parte de un blog nuevo que iban a lanzar sobre mi ciudad, cubriría la temática familiar. ¿Cómo iba a decir que no si también eso me gusta? Otro poquito menos de tiempo para todo lo demás.

Durante estos últimos meses me ha costado mucho, mucho trabajo dedicarme a mi gallinero, lo he hecho a veces a duras penas, sin ganas incluso, por obligación casi. Recuerdo que leí a alguna blogera atravesando una etapa parecida diciendo que si dejaba de publicar en los días que se tenía marcado, corría el riesgo de ver que no se acababa el mundo y dejar de actualizar por siempre jamás. Algo así podría pasarme y no quiero que suceda, así que fiel a mi misma, a este espacio y a mi recien descubierto carácter perseverante aquí sigo.

No leo ningún blog, ni los imprescindibles para mi, los de mis amigas 2.0 que están tan ocupadas como yo, a las que tanto echo de menos. He vivido casi en exclusiva para el trabajo. Eso tiene varias consecuencias y todas hacen que la losa de actualizar pese más. Si no vives no tienes de qué hablar, si no lees no te inspiras, si no haces ninguna de las dos cosas estás muerto (como blogger me refiero).

Tenía taaaaaantas ganas de que llegara este obligatorio parón de semana santa que no veía la hora. Estos días están siendo una gran dósis de vitaminas energizantes. Estamos viviendo cada día sin prisas. Aprovechando cada minuto para hacer guerras de cosquillas, para ordenar el armario, jugar a lo que se tercie, quitar la pila de ropa para planchar, darnos un masaje de pies tumbados en el sofá, ver la tele, hacer actividades chulas en familia, comer bien y mal, hacer la compra y largas sobremesas, meriendas ricas y caseras, hacer gestiones, incluso ¡leer blogs!
El último sorbo de la copita de orujo
Uhmmmm qué delicia de vacaciones

Dice mi madre, que está de vacaciones también (trabaja en un banco) que es una gloria vivir así. La chafo cuando le digo que la pena es que no pueda ser así siempre. Esto son lo que son vacaciones. Sin ritmos, sin tiempos, sin obligaciones.

Ahora me preguntan si quiero participar aquí y allí y yo, que tengo tanto tiempo digo ¡¡Si!! Cómo no hacerlo si me gusta. Dice el gallo que ese es mi problema, que todo em gusta.

Hace mucho tiempo que soy consciente (y los que me rodéan también) que necesito gestionar mi tiempo,  correctamente, cosa que no hago ni por asomo. El tema es que primero tengo que sacar tiempo para aprender a gestionarlo de forma correcta. Qué pescadilla. Por lo pronto dejo aquí un post sobre la gestión del tiempo que me ha gustado.

Pensaba escribir al menos seis post que me rondan la mente en el rato que le he dedicado a este largo deshaogo, pero va a ser que tengo sueño, así que me voy a la cama. Que paséis un buen día









20 de enero de 2014

De noche me voy a Madrid...

DE NOCHE ME VOY A MADRID, DE DÍA ME QUEDO AQUÍ

Esa era una de las frases favoritas de mi abuela materna y quizás sea una de las que mejor me defina.

No puedo evitarlo. Mi cabeza va mil veces a más revoluciones que la vida. Tengo mil minideas, proyectos, inquietudes, quiero hacer y hacer y hacer. Me lo propongo en firme y lo intento, pongo todo mi empeño y en poco tiempo me avengo a la realidad. No puedo. No doy más de mi. Me frusto. Tiempo, necesito tiempo y tiempo no tengo. No hay más que el que hay y yo no llego a todo.

Quizás, como dice el Gallo es demasiado lo que abarco y pretendo abarcar. Tengo que reducir, centrarme. ¿Pero en qué? ¿Qué sacrifico? ¿Con qué me quedo? (La familia, obviamente, ¿pero qué más?) Es difícil, es frustante, es descorazonador.

Tendría que simplificar mi vida y con eso, simplificar la de los que la viven conmigo. No puedo hacerlo, no quiero hacerlo, no sé hacerlo. Es duro asumir ese permanente estado de insatisfacción. De querer y no poder, de intentarlo y no llegar. Es duro, si.

Así paso los días en una continua lucha. ¡Venga Carmen que tu puedes! esa es la noche. Carmen, es imposible, desiste o morirás en el intento y arrastrarás a los tuyos en esa locura. Así voy...arriba, abajo, arriba, abajo.

Gestión de tiempo. Organización de tareas. No veo cómo. 24 horas al día no dan para más. Puedo dormir tres horas cuatro noches seguidas, pero no cinco. Puedo dejar de pasar tiempo con mi familia, una tarde, pero no cuatro. Puedo desatender la casa una semana, pero no un mes. 

Y así siguen pasando los días, con una larga lista de tareas pendientes, una lista que crece y crece y crece. Por mucho que tacho nunca es suficiente.

17 de diciembre de 2012

Respetando mi ritmo

Ando estos días completamente desconectada del mundo virtual. Durante muchos meses este mundo ha sido mi sostén, ha ocupado gran parte de mi tiempo y ha sido una parte fundamental en mis rutinas diarias. Desayunaba leyendo y comentado los blogs amigos, me encantaba este momento del día. Después, durante un tiempo y sobretodo coincidiendo con el tema de El Árbol de los Chupetes, me vi inmersa al 95% en este mundo, cambiando bloggs por facebook. No tenía tiempo para nada más. Sí, tenía una justificación, había una fecha de inauguración y había que darlo todo. En estos días no tenía tiempo para nada más, casi ni escribir aquí, ni visitar los blogs amigos...cambio de rutinas total. Después del árbol me quedé chofff vacía de energía virtual. Después he ido tirando de la reserva hasta haberme quedado completamente agotada.
No saco tiempo para estar por aquí. Las mañanas se pasan volando, las tardes aún más y a en la noche, después del cuento caigo rendida.

En realidad esta necesidad de desconexión viene de lejos, ya en agosto lo expresaba aquí con el "me estoy quitando". No pensé que sería tan fácil, y es que cada cosa tiene su momento. Y está siendo como intento que sea todo, respetado. Tanto que me gusta eso de respetar ritmos, también quiero respetar los míos. El cuerpo, la mente, me pide estar así, replegarme, y eso estoy haciendo. 

No se si es consecuencia de este cambio en mi mente o es que el pollito está pasando ahora por una de sus etapas "buenas", pero es increíble cómo está. Está dulce, cariñoso, amable...no voy a decir que no explote de vez en cuando, pero cuando lo hace tarda muy poquito en darse cuenta que eso no ha sido correcto y se acerca a pedir perdón. Se pasa el día riendo, dando besos y abrazos, diciendo cuanto nos quiere...todo amor.

Justamente mi amiga Carmen, psicóloga además de amiga, lo hablaba en su nuevo blog (no dejéis de disfrutarla, es una delicia "oirla" reflexionar), muchas veces es la solución a todo TIEMPO y yo se lo debo a él, porque pasa y no es posible recuperarlo.

No voy a dejar el blog, al menos no por ahora. Este espacio sigue siendo para mi sobretodo un diario, pero cuando se te vienen cosas a la mente y no tienes tiempo de plasmarlas en ese instante, pasan, como todo, se olvidan. Así que simplemente me voy a dejar llevar como hasta ahora. Puede que escriba dos post diarios o ninguno en muchos días; Puede que esté en face un minuto, nada o dos horas; Puede que lea algún blog amigo o quizás ninguno; Puede que me de por dejarlo todo o por volver a tope.

Quizás haya algo en el ambiente, porque estos días son muchas las amigas blogeras que andan con las mismas inquietudes, o quizás simplemente es que tenemos que extinguirnos y dejar paso a nuevas personas que enriquezcan a otras tantas.