Cuando era pequeña, no tan pequeña como el pollito lo es ahora, mi madre, antes de irse a trabajar me dejaba una lista de tareas. Lejos de los típicos cuadrenillos santillana, que nunca tuve, mis deberes solían consistir en leer algún capítulo de un libro, hacer un dibujo, a veces una redacción. Por las mañanas estaba con mis abuelos y no es que ellos me dieran mucho juego, la verdad; más bien tenía que ocupar el tiempo a mi bola y dedicarle una horilla de la mañana, cuando yo quisiera, a estas tareas no me lo tomaba como deberes, porque no eran algo impuesto sino una forma más de entretenerme.
Personalmente, con los cuatro años de David, imponerle un cierto tiempo al día para hacer tareas "escolares" me parece un crueldad tontería. Distinto es proponerle hacer alguna actividad divertida con la que además aprenda (lo que se le conoce como aprender en el colegio, porque se puede aprender muchísimo con el juego libre) y que él gustosamente se preste a ello y otra muy distinta es obligarlo. Demasiado reglado tienen ya el tiempo los casi 10 meses que duran las clases (venga, vale, quitándole las vacaciones se queda en menos) obligados a seguir una rutina, a hacer tareas que muchas veces no son de su agrado como para que tengan lo mismo durante las vacaciones. Mire usted, que se en vacaciones le dicen que tiene que terminar unos informes a ponerse al día con esas carpetas que no termina de archivar seguro, seguro que se pilla un rebote.
Algunas personas ponen como escusa pasar tiempo con sus hijos, personalmente prefiero pasar el tiempo con él así, simplemente pasándolo, sin horarios, sin imposiciones. Si quiere jugar, jugamos; si quiere ver tele, vemos; si quiere hacer puzzles, hacemos; si quiere dibujar, dibujamos; si quiere leer, leemos...si quier hacer fichas, hacemos; si quiere que nos hagamos cosquillas, o montar a caballito o ayudarme con las cosas de la casa...lo hacemos.
Si, en casa tenemos nuestros "cuadernillos de verano", fueron nuestro regalo de cumpleaños. Que contradicción, pensaréis.
De la editorial Combel, es una colección de cuatro libros de actividades. Mi primer libro de Animales, de letras, de números, de juguetes. Los vi y me gustaron. Son las típicas fichas del cole (al menos de su cole), con una estética diferente. Con actividades de todo tipo:
Encuentra diferencias, dibuja caras, busca la silueta, completa el dibujo con pegatinas, clasifica, colorea, sigue el laberinto, une las parejas, cuenta, rodea las tetras, continua la serie...muchíiiiisimas diferentes. Unas más complejas que otras (están pensado para niños entre 4 y 8 años).

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| Descripción extraida de Boolino |
Recuerdo la reunión de final de curso con la profesora y sus indicaciones: Que los niños no hagan ningún tipo de tarea, que jueguen y jueguen, que se dediquen a lo que quieran. Que cojan fuerzas. Suficiente tienen con lo que han trabajado este curso, con lo que han aprendido, con cómo han evolucionado.
Qué distinto al colegio de un amigo del pollito, al que le han mandado como 90 fichas...porque no ha alcanzado el nivel de sus compañeros. ¿No dan ganas de llorar all oir eso? ¿No falla algo en ese sistema?
