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14 de septiembre de 2015

Coletero-pulsera...mi nuevo básico y mis remordimientos.

Hace unos días viendo en Instagram una foto de Fina la Endormina y su caja Nonabox de ese mes conocí Eband, unas gomillas para el pelo la mar de monas que parecen pulseras. Soy de las que siempre lleva una gomilla en la muñeca y la verdad, no es tarea fácil dar con la idónea. La que no me aprieta hasta el extremo es demasiado ancha y la pierdo, la que no, es fea, fea. 

Estaba justo en ese momento en que no tengo gomilla que ponerme en la muñeca, así que el descubrimiento de las Eband era perfecto. Entré en la web, 4 gomillas 6 €, no estaba mal y tan chulas todas. Más los gastos de envío y el iva...10,26€...Más de 2,50 cada coletero. Gastos de envío gratis a partir de 20€, demasiadas gomilla-pulseras para llegar a no pagarlos, yo que soy de usar la misma cosa hasta la total destrucción. No digo que sea barato o caro, eso depende de la econimía de cada uno, pero por ridículo que pueda parecer se salía de mi presupuesto. 

Me quedé pensando en lo buena idea que era, un producto bonito, útil, versátil. Miré los puntos de venta, ninguno por aquí. Pensé en la ilusión de la mujer/es que habría detrás de la marca. Imaginé una historia: un proyecto con el que dar los primeros pasos en el mundo empresarial con los ahorros de años, con el que conciliar, con el que aportar ingresos a la familia, con el que ganar algo de dinero para seguir estudiando, o con la esperanza de que fuera el sustento tras un despido, una separación, una forma de desarrollarse laboralmente tras años de buscar trabajo sin éxito...La imaginación vuela sin querer. Deseé que le/es fuera bien por que es un producto genial.

Esta mañana echando un ojo a los pendientes ridículamente baratos de esa tienda como de los chinos pero con estilo, ese Ikea de las cosas pequeñas, los vi, allí estaban esos coleteros tan monos (sin esa marca, claro está). Qué casualidad más casual. No eran los mismos diseños pero...2€ cuatro gomillas. Los compré.

Los compré sintiéndome mal y bien. Qué cosas. Bien por mi y nuestra economía. Bien por haber encontrado una solución a mi falta de gomillas no estranguladoras a un precio que sí podía permitirme. Mal, muy mal por ser parte de la muerte del pequeño, de esas ilusiones, de esa conciliciación, de ese sustento. Me sentí traidora. Al fin y al cabo estaba haciendo lo que a mi me habían hecho. Yo, en mi pequeña tienda no podía competir con los precios de las franquicias, de las grandes superficies, esa fue mi puntilla, justo lo que yo estaba haciendo. ¿Qué hacer entonces? ¿Qué habría sido lo correcto? ¿no comprarlas? ¿no cubrir mi necesidad? ¿pagar más por algo que podía comprar por menos? No puedo permitirme el lujo de hacerlo o en realidad si puedo pero no quiero. Demasiados encajes de bolillos hacemos ya para llegar a todo. Si lo huviera hecho me habría sentido mal por no mirar por los intereses de mi familia, con esa pedazo de cuesta de Septiembre que se nos viene encima. Puedo parecer exagerada, miserable, pero yo me entiendo.

Afortunadamente no todos son como yo, ni sus circunstancias, ni su conciencia, ni su economía, ni tienen una tienda "de esas" cerca, para todos eso va este mensaje:
si sois de las que lleváis una gomilla en la muñeca,
si os cuesta trabajo encontrar la perfecta, que no os apriete, que no haya llegado al diámetro idóneo cuando a base de sufrirla está tan vieja que el metal se oxida,
si tenéis mucho pelo y ningún coletero aguanta el peso,
si os gustan las cosas prácticas y bonitas a la vez,
si os gusta ese pequeño toque de estilo en vuestra muñeca,
si quereís optar a otros muchos modelos del único que hay en la tienda barata
si pasan los meses y entonces te surge la necesidad
si apuestas por la calidad (porque seguro que los Ebands superan a los otros)...
no lo dudéis y gastaros esos 10,26 de las Eband sin duda merece la pena.



Yo esta vez me he conformado con la traición. Visto que son tan versátiles y prácticas como parecían, cuando necesite renovar estas (que la verdad son un poco malillas y a la semana de uso ya estabn descoloridas) ya se donde acudir, que todos tenemos una tienda Eband cerca, tanto como nuestro pc o nuestro móvil ;)


11 de septiembre de 2015

Una vuelta al cole inquieta

Sí, lo se, dirán que nos preocupamos demasiado. Nos, nosotras, las madres, al menos yo lo hago y con las que hablo lo hacemos. Será que lo da "el cargo". Lo mismo los padres también, pero hablo como madre que es lo que soy. Pero no, no lo hacemos, no nos preocupamos, tan sólo queremos saber. Si la información es poder ¿porque se nos niega? Será por eso mismo, por no conferirnos ni un pedacito de control.

Recuerdo cuando era pequeña. Terminado el curso ponían un cartel en el tablón de anuncios con los libros para el próximo. Al menos una semana antes de comenzar otro cartel con la material. Quéeilusión ir a comprar los cuadernos de cuadros, de dos líneas, milimetrado, pequeño, grande...goma, sacapunta, boli azul, rojo, del que se borra, portaminas, plastidecores, alpinos...preparar el estuche, forrar los libros. El olor a nuevo curso despertando la ilusión por comenzar las clases ya que no había más remedio. Incluso el horario y el nombre del tutor...información que hacía que TODOS nos sintiéramos más seguros.



Este curso David ha cambiado de etapa. Sólo tres días antes hemos sabido qué horario tendrían el primer día (hombreeeeeee tiempo más que de sobra para pedir permiso en el trabajo para acompañar a nuestros hijos en este día importante ¿verdad?). ¿Alguna información de lo que tenían que llevar el primer día? meeeeeeemmmmmmmmm. Tan sólo sonsacando a algún profesor conseguimos enterarnos que "obviamente como siempre" (como quien vive la experiencia de entrar en primaria una y otra vez como en el día de la Marmota) un cuaderno, un lápiz y algunos colores. 

A mi hijo le ha tocado fulanito, el profesor del mío se llama setanito. Hay colegios en los que, como lo hacía el mío, ponen la lista de profesores días antes. Uno puede ir nombrándolo en casa, pidiendo referencias si ya estaba en el cole, quedánsose tranquilo o todo lo contrario si ya lo conocías de antes. Aquí no, es secreto. Así como lo lees. Secreto. El día antes, de casualidad, me enteré del nombre del profesor nuevo de David, por una exprofe lo suficientemente revelde (y ajena ya al centro) como para atreverse a decirme su nombre. 

Sin saber siquiera el nombre la posibilidad de hacer una reunión previa al primer día del curso por supuesto quedaba totalmente descartada. Y digo yo, citar a los padres un par de días antes. Darse a conocer, explicarles cuales serán los cambios en esta nueva etada, cómo será la dinámica de clase, qué material deben llevar el primer día y los sucesivos. Verle la carita, escuchar, sentir a la persona que será un referente para tu hijo durante los próximos dos cursos...¿Es tan difícil? ¿Es tanto pedir? Estamos hablando de primero de primaria, 6 años. ¿No es normal tener una cierta preocupación inquietud por estas cuestiones? 

Pues así andamos. Hoy es el segundo día. Ya sabemos cómo se llama. Ya el niño que ha querido le ha contado a sus padres su primera impresión del profesor. Cada uno ha dado en casa su particular mensaje de lo que tenían que llevar hoy. Unos decían un cuaderno, otros los libros, otros sólo el de mates... Cada uno llevará lo que crea que debe de llevar. Así seguiremos, elucubrando, hasta que nos den instrucciones "oficiales". Con suerte conoceremos al profesor...en algún momento.

Por cosas así NO ME GUSTA SU COLEGIO



PD: Al pollito le ha gustado su profe, eso ya es un punto. Dice que es muy simpático y que sonríe mucho. 



31 de agosto de 2015

La persona más afortunada del mundo

Verano a verano escribo lo mismo, o eso creo, porque así me siento, la persona más afortunada del mundo por poder pasar con mi hijo todas las horas del día, de todos los días. Así de agonía soy como madre.

Desde que nació no ha habido nada más prioritario que él, que el tiempo juntos. En la calidad no me meto, que eso es muy subjetivo, y lo que a uno le parece bien para otro es caca de la vaca. Yo soy de cantidad, de esa que se cuenta al mirar el reloj y ver pasar las horas. De esa que para nosotros dos en realidad casi ni existe. 

Despertamos sin reloj, sin nada más urgente que remolonear en la cama; teta, juegos, risas, charlas. De ahí al sofá, desayuno con ración de dibujos animados. Logística diaria entremezclada... "ayúdame a montar el lego", cuando termine de poner las lavadora, "una partida de futbolín", mientras coges la pelota voy a bajar el fuego", "el caballito de mar macho es el que pone los huevos" oigo mientras doblo la ropa, "vamos a echarle de comer a Mara",  "¡guerra de cosquillas!", vamos al supermercado, "¿falta mucho para que llegue papá?"...y casi sin darnos cuenta allí está. Y queda la tarde y la noche para estar juntos. Pasar así los días lentos de verano me hacen sentir inmensamente feliz. 

No dejo de escuchar "no sabes la suerte que tienes de estar con él". Porque paso, porque me aburre, porque me molesta en realidad, no contesto, no explico, no justifico. Sí, lo se, conozco mi suerte, pero más allá y sobretodo es mi ELECCIÓN. A nadie le importan más que a nosotros nuestras renuncias (que sí, que cuando elegimos inevitablemente renunciamos, aunque sea con gusto), a nadie nuestra economía, a nadie la incertidumbre del futuro. Lo que importa, lo que me importa es el tiempo hoy. Porque el futuro está por venir y quizás ni exista.

Me regodeo en todas nuestras horas. Las guardo en mi memoria, en mi corazón. Quiero creer que él también. Eso sólo el tiempo lo dirá. Yo, hoy me siento así, la persona más afortunada del mundo.

Ilustración de Bernardo Carvalho para el libro
Corazón de madre
Ed. Libros del Zorro Rojo


Leyendo En Tiempos de prodigios de Marta Rivera de la Cruz me crucé con un texto que veía a reflejar mis pensamientos/sentimientos. No tan feliz, no tan permanentemente dichosa, pero hoy por hoy (ya veremos con el paso de los años), yo podía ser esa madre, quizás porque yo misma era una de esas niñas de las que la protagonista del libro sentía pena.

"Mi madre siempre estaba contenta. La recuerdo canturreando mientras hacía la comida o cuando planchaba nuestros vestidos, de un eterno buen humor al volver del emrcadoo al llevarnos al colegio. Estaba satisfecha con su elección. Con su vida entre cerros de ropa que planchar, menús semanales y compras de alimentación para cinco personas. (...). Mi madres estaba orgullosa del trabajo que hacía, de tner un horario de veinticuatro horas sin paga de beneficios ni posibilidades de ascenso. 
Cuando yo era pequeña, me daban mucha pena las niñas cuyas madres trabajaban fuera decasa. Qué placer era entonces encontrarla siempre a mi madre cuando volvíamos de la escuela. Qué gusto que todas las comidad estuvieran listas a su hora, que cuando uno de nosotrso caía enfermo ella pudiese velar su sueño inquieto, poner paños frescos en una frente que ardía, administrar un jarabe o controlar la temperatura. Qué suerte tener una madre siempre presente, preparada para secar lágrimas, para curar una rodilla herida, para conolar, para reñir incluso. Cuando era pequeña, yo no tenía llaves de nuestro piso.¿Para qué, si sabía que mi madre nunca iba a estar fuera cuando yo llegara?

(...)Una elección de la que no se arrepintió nunca. "Mi trabajo era ese. Yo quería hacer bien mi trabajo. ¿No quieres hacer tú bien el tuyo?". (...) Porque era feliz con la vida que había escogido y no tenía nada que echar en cara a nadie. Estaba justamente orgullosa de sí misma, de la familia que había creado, de poder asistir a las funciones de NAvidad, de venir a buscarnos cuando acababan las clases, de preparar nuetras fiestas de cumpleaños. Cuando llegaba a casa del colegio era mi madre quien abría la puerta de la cocina, donde flotaba el olor sabroso de algún guiso casero. Durante años, al entrar en casa, lo primero que veía era una mujer completamente feliz. Y ahora me doy cuenta de cómo esa circunstancia marcó mi niñes. La convivencia diaria con la alegría es el mejor regalo que puede recibir un niño.

Mi generación ha pasado años mirando por encima del hombro a mujeres ocmo mi madre, compadeciendo su suerte, reivindicando por ellas el derecho a huir del hogas, de las familias numerosas, de las cacerolass y las listas de la compra. Nunca nos dio po rpensar que, entre tantas mujeres insatisfechas, entre tantas mujeres decepcionadas con su suerte,,  entre tantas mujeres que renegaban de su condición de amas de casa, había un puñado de mujeres dichosas a las que lavar pañales, planchar camisas y hacer potajes, y que no sentían como un fracaso el haberse consagrado a sus familias. Cuando torcemos el gesto pensando en esas mujeres, no pensamos en ellas sino en nosotras mismas inmersas en una existencia así, que se nos antoja vacía de contendio. Ni en un millón de años hubiese cambiado mi vida por la de mi madre. Pero creo que ella tampoco hubiese cambiado la suya por la mia." *

Como la madre de este libro, esta es mi elección y porque he tenido la suerte (ahora si) de poder elegir así me siento, la persona más afortunada del mundo.


* En tiempos de prodigios
   Marta Rivera de la Cruz
   Editorial Planeta. 2012
   ISBN 9788408111436

  


18 de agosto de 2015

Mi maceta Piedracactus

Si algo tiene el verano es más tiempo para hacer cosas. Juas, juas, juas. Cualquiera que tenga a los niños en casa entenderá que me ria. O eso creo, porque a pesar de las laaaaargas horas que "tenemos", no dan para nada. En la rutina de la vagancia, arañando ratitos aquí y allá, he conseguido tener mi maceta. Y es que como la piedratope, desde que pineé esta idea en la carpeta Para mi lo quiero, sentí que no podía tardar en hacerla.
Fácil, a más no poder, bonita...¡a mi me encanta!


Sólo necesitamos piedras, pintura, unos pinceles y un poquito de eso, tiempo, pero muy poquito, palabra.

Y e voilá, una maceta de las que a mi me gustan, de las que no necesitan cuidados, como la otra de la foto. Cada una adornando un rinconcito.


PD: Si sois menos impacientes y fulleras que yo, usad al menos pintura acrílica, no la de dedo de los chinos, que es la que tenía en casa en ese momento.

PD2: La pintura de dedo del chino no es tan mala. Un verano después y sigue intacta. Este es otro post atrasado)


17 de agosto de 2015

Mi pequeño fashionista

Definitivamente no se de dónde ha sacado esa vena fashion, ese gusto por la moda, porque lo que somos el gallo y yo, no podemos ser menos dados a eso. Lo mismo es un gen de esos que se salta una generación y de mi padre pasó a él por obra de la naturaleza.

Lo cierto es que desde este verano (el de 2014) tenemos auténticos problemas antes de salir de casa y es que ello pongo porque el tema aspecto nos trae por la calle de la amargura. El pollito se ha declarado un auténtico fashionista y lo único que quiere es ir MOLÓN. Según su criterio, claro está.

Las conversaciones son del tipo
Este pantalón no me lo pongo porque es muy ancho y yo lo quiero estrechito. Que viene a ser una talla menos de la suya, cuando las madres calificamos la ropa de saltoncilla, ese es el punto, eso es molón.

Le dio por meterse la camiseta por dentro, cosa que yo odio (efectivamente lo que yo piense importa poco)
Yo: Pero no vez que muy poca gente la lleva por dentro
Él: Pues yo soy uno de esos pocos
¡¡Zas en toda la boca!!

Este me molesta (el que hace dos días era su favorito), esta camiseta me está grande (la última que compramos)..una y otra vez, así que...al carajo...a partir de ahora escoge tu ropa, bonito.

Ok, bien, sin problemas. Error!!! Aquí los problemas vienen por desdoblar y alborotar todo el cajón en busca de justo esa camiseta que está en el cesto de la ropa sucia. Mierder!

Yo que me tenía fraguado el uniforme del colegio como los años anteriores, con los benditos chandals de decathlon, buenos, bonitos cómodos y baratos, pues no. Yo quiero ir en vaqueros mamá. Así sea chaval

Muertecita me quedé al asomarme un día al salón y verlo allí, creando su outfit O.O



Pero ¿dónde leches ha visto eso?

El pelo, pues si, también es cosa suya, en verano le dio por el peinado lenguetazo de vaca, con la llegada del frio (los 34 grados que hacen actualmente, otoño, vamos ejem, ejem) dejó de ponerse a lo "pollito ajogao" para pasar a pulverizarse cantidades ingentes de colonia de Spiderman (lo mejor de todo es que yo también la uso)

De los calcetines blancos mejor no hablamos. ¿Qué le vamos a hacer? incluso "los expertos" la cagan de vez en cuando y al chiquillo es que le gustan con todo (shhhh mi solución es no comprarlos jur, jur, jur).

Pero la verdad es que creo que no se le da demasiado mal



Si en cuestión de ropa tenéis un niño algo más moldeable que el pollito y aún sois vosotros quien elegís su ropa, no dejéis de echarle un ojo a las recomendaciones de Paqui de Ventiladores de colores en su post Estilo propio, no copio

(Post de hace muuuuuuuuuuuchos meses que no se porqué no había publicado. Estado actual: Sin cambios ^.^)



14 de agosto de 2015

Mi hombre del futuro

Confieso que en días como hoy siento miedo. Han encontrado asesinadas a las dos chicas que desaparecieron en Cuenca. Dos mujeres más que se suman a las otras casi 30 que van este año asesinadas por sus parejas o exparejas. Casi 800 desde 2003 asesinadas por HOMBRES.

Siento miedo, sí y no por mi siendo mujer. Siento miedo por él, por mi hijo, por ese hombre del futuro. Miedo a que pueda creerse con derecho a todo, miedo a que sea uno más como esos hombres "normales", buenos vecinos, buenos trabajadores, buenos amigos, buenos padres...buenos hasta que matan. Miedo a que no llegue a tanto. Miedo a que agreda, a que se imponga por la fuerza, a que controle, a que violente.

Educar, educar, educar, no sólo a él. A él, a ellos, a ellas, a toda la sociedad, porque no es que algo falle es que todo está mal. 
Cuando no se llaman a las cosas por su nombre está mal, 
cuando no se les desprecia profundamente está mal, 
cuando siguen siendo tan sólo un número más está mal, 
cuando miramos para otro lado está mal, 
cuando no apoyamos está mal, 
cuando no gritamos está mal,
cuando "algo habrá hecho" está mal,
cuando nos parece normal está mal,
cuando es por amor, está mal,
Mal, mal, mal. 
y vamos a más...lo dicen los datos...
y me da miedo.

Algo habrá que hacer, algo podremos hacer. Algo tenemos que hacer



3 de agosto de 2015

Olor a madre

A qué hueles mamá?

No se David, ¿a qué huelo?
Hueles a teta mamá, hueles a ti


Eso me dijo mientras subíamos juntos los escaleras de casa. Medio metro nos separaba y olía a mi. ¿Puede haber algo más exquisitamente natural? 

Los olores se guardan en lo más hondo de nuestra memoria, bien arraigados a nuestro corazón. Nos hacen evocar sensaciones, nos trasladan a otros tiempos. El arroz con leche que hacía tu madre, su perfume mezclado con el suavizante que usaba, los jazmínes que solía poner en la mesita de noche...nos sorprenden sin aviso saliendo de casa de la vecina, al atravesar unos grandes almacenes, al dar un paseo por aquella plaza... 

Si yo huelo a mi leche, si ese es mi perfume ¿qué olor atraerá mi recuerdo? Siento una mezcla extraña que me resulta difícil de explicar. Orgullosa por haber dejado fluir la lactancia, por haber hecho entre los dos algo tan natural, tan poderoso, tan primigenio, tan animal como para llegar a definirnos. Ese olor a leche es tan mio, es tan nuestro, como lo son los miles de momentos compartidos al pecho. Tanto como para que el mayor de sus secretos sea desear que mis pechos tengan leche muchos años más.



Ese mismo olor que me define, mi olor a madre, hace que sienta miedo. Miedo a que no pueda evocarme, a que no lo asalte ningún olor que le recuerde a mi. Quizás, si alguna vez tiene hijos y su madre les da el pecho llegue a su nariz algo parecido, pero lo dudo. Sin duda ella tendrá su olor a madre, otro olor a ella que no se parecerá en nada a mi. Probablemente el ni siquiera lo perciba, será su hijo el que lo haga, conectado con esa mujer y con su necesidad de alimento, cobijo, seguridad y amor, el que perciba su olor, a leche, a ella a su madre.

Recuerdo de pequeña cómo me maravillaba al pensar cómo estando vacas y terneros dispersos por un monte podía un ternero encontrar a su madre cuando tenía hambre. Por el olor me decían. Incrédula de que el olor a madre se dispersara de esa manera. El comentario de mi hijo es la prueba.