
No por preferir a las niñas sino por el nombre.
Yo quería que mi bebé se llamara Candela.
Cuando me enteré que era un niño me sentó hasta mal porque yo quería que mi bebé se llamara Candela y ya no podía ser, ¿qué tontería verdad?
Al final fue David, al que no cambio ni por todas las Candelas del mundo, faltaría más.
Un día, una clienta (profesora de la guarde de David) me encargó una pequeña muñequita negra de Miniland y se la traje, pero cosas que pasan, cuando se la llevé a la guarde ya no la quería. Como David es tan cotilla tuve que enseñarle lo que había dentro de la bolsa y de ahí a pensar: ¿y por qué no?, para mi peque. Fue cosa de un minuto.
Candela había llegado a nuestras vidas, porque cuando mi pollito me preguntó cómo se llamaba la muñeca ni lo dudé: Candela.
Candela había llegado a nuestras vidas, porque cuando mi pollito me preguntó cómo se llamaba la muñeca ni lo dudé: Candela.
Candela huele a vainilla, ¡tan bien! que ya su olor está metido en mi cerebro. Si huele a vainilla pienso en Candela.
Me hace una gracia escucharlo imitando con ella lo que nosotros le hacemos y decimos a él: ¡Ay mi Candela! (beso). ¿Quieres hacer pipí? ¿no? ¿quieres hacer caca? ¿no? ¿quieres hacer mojones? (eso ya de su propia cosecha). ¡¿Como estás?! (beso y abrazo) ¡AYYYYYYY! (abrazo)
Y cuando la imita...Mira mamá Candela está así y se pone con los ojos muy abiertos mirando para arriba, sacando los labios para afuera y las manos con los puños cerrados y los brazos doblados.
Que Candela sea negra es un punto a su favor. ¡Qué poquitas muñecas negras piden nuestras niñas! (y digo niñas porque los niños, por norma, no las piden ni negras ni blancas). Como David no pudo elegir no sé lo que hubiera hecho. Espero que recuerde siempre cuanto la quiere y si alguna vez forma parte de un estudio de ese tipo no dé las mismas respuestas que esos niños mejicanos. Y que el olor a vainilla siempre se la recuerde. Como yo a Ciana, una amiga, con la piel como Candela, que se ponía polvos de talco de Jonhson y su olor siempre me hace recordarla, aunque con esto de que a los bebés ya no se les ponga polvo de talco...
Quizás, si todos los niños tuvieran una muñeca negra...coja, ciega...musulmana, judia...lesbiana......
Aquí va el vídeo del estudio, para que reflexionemos todos un poquito
Ay por favor que fotos tan bonitas de David y Candela!!! Nosotros tenemos a Pepito!!! Es igual que candela pero en chico, Abril lo coge lo achucha y le dice "aiiiinnnnhhssss Pepito!!!" y a mi me encanta!
ResponderEliminarsin comentarios! m encanta q tengais una candela en vuestras vida, seguro q vuestro hijo nunca dira q por ser negro es feo y cosas por el estilo, yo desd muy pequeños les digo a los mios q son hombres d chocolate y cuando nos cruzamos con unos d los q venden pañuelos mismos dicen los dos peques desd el coche mira mamá el hombre d chocolate y tan normal vamos! todo esta en la educacion q l damos en casa desd muy pequeños
ResponderEliminarQue bonita entrada, Carmen. Me ha encantado. Besos
ResponderEliminarMe he reído muchísimo leyendo lo que le dice David a Candela!!! Y falta necesidad hacía reírme un poco...
ResponderEliminarMuchos besos
Qué bonita reflexión! Ojalá...
ResponderEliminarMe encanto,, uno de mis adorados tormentos mi hija que tiene 14 de chiquita tenia su version de Candela,,, eran dos y se llamaban Neno y Nena,con el cambio de pais y eso,, se nos quedaron,, mi mami aun los tiene,,,con tanta hambre en el mundo y tantos ninos sin hogar y un nos preocupmos por el color de la piel,,,,un abrazo!!!
ResponderEliminarQué lindo es David, que inteligencia emocional! me encanta Candela, el nombre y la muñeca. Yo tenía una barriguita bebé negrita y me encantaba, ojalá la hubiera guardado para mis peques!
ResponderEliminarY yo una pelona, que juraría que había guardado junto a su cunita y que ahora no encuentro por el mmindo de dios. Me tiro de los pelos :(
EliminarNo me puedo creer que no haya contestado ningún comentario de este post.
ResponderEliminarCandela sigue con nosotros. Se pasa la vida desnuda por no se qué extraña razón, parece que debe estar más cómoda así.
Continúa en nuestra mesita de noche, oliendo a vainilla y cada vez que vamos a una juguetería del barrio, allí están algunas de las hermansas de Candela. Unas negras, otras amarillas, otras rosadas...niñas, niños...todos diferente y a la vez, todos iguales