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14 de noviembre de 2013

Cómo hacer mal todo lo que se puede hacer

Ayer fue una tarde dura. Todo iba normal, como cada miércoles. Ya hace cuatro con la misma rutina: cole, comer fuera de casa para que no se duerma, patinaje y placita. Todo un coctel molotov. Sin siesta (que la necesita todos los días), super cansado, hiper excitado...todos juntos a la placita, a terminar de "reventarse". 
Miércoles a miércoles me ha estado enviando señales que yo no he sabido ver, o más bien, que he visto pero he ignorado. Miércoles a miércoles hemos pasado ese rato de parque entre disputas con los amigos, juegos, mediaciones, llantos, cansancio...la mitad de las veces desencadenando en una gran bronca que ha hecho que nos fuéramos "castigados"/cabreados. 
Primer error no haber tomado conciencia, romper la rutina y dejar de parquear los miércoles, cuando además lo hacemos el resto de los días.

Ayer la cosa iba así, como de costumbre: rifi rafes entre todos, hasta que de repente...su amiga, su mejor amiga, vino llorando diciendo que David la había empujado desde arriba del tobogán y se había caído. ¡¡Por dios!! Gracias a quien fuera, ella estaba bien. David gritaba medio llorando que le estaba pidiendo perdón pero que ella no quería perdonarlo. 
Siguiente error mio. Tan centrada estaba en lo que había hecho mi hijo, en lo que podía haber pasado (no quiero ni pensarlo), que dejé pasar por alto cómo se sentía él...cansado, asustado, arrepentido y dolido porque su amiga no lo perdonaba, ¿cómo hacerlo en ese momento, asustada, dolorida, dolida, cansada también...? 
En vez de ponerme en su lugar, en vez de mantener la calma, en vez de hablarle tranquila, explicándole lo que podía haber pasado, en vez de hacerle saber que le quiero, que lo que había hecho era muy peligroso, que no debía volver a hacerlo jamás, en vez de esperar que pasara todo para decirle que debíamos irnos a descansar...en vez de todo eso, me enfadé, me enfadé mucho, con él, y también conmigo, por no haber estado pendiente y haber evitado la situación, por no haberme anticipado y habernos ido a casa sabiendo que los miércoles en el parque son horribles. Mientras yo más le recriminaba él, cada vez más agobiado, como un mecanismo de autodefensa, más se crecía, más ogro se volvía...y yo dejándome llevar más aún crecía mi furia a la par...error, tras error, tras error...de ahí al "nos vamos a casa", ¡¡NO!!, ¡sí!, la lucha de poder, el "porque lo digo yo que soy la que manda"...el camino a casa forcejeando, patalenado, intentando morderme, y yo como un dragón...(visto desde fuera tenía que ser terrible, porque sentido desde dentro era horrible). Me haces daño, me decía, pero si lo soltaba, me pegaba, con todas sus fuerzas...desbordado...no se cómo me contuve y fui capaz de no devolverle los golpes (si lo se, porque lo hice una vez y sé como me sentí, eso hace que siempre en mi mente resuene el no, no, no, no lo hagas), pero ¿y qué? me convertí en un dargón enorme, que se lo hubiera merendado en un segundo...me fui, se quedó con su padre que no estaba mucho mejor que yo...DOS HORAS de batalla perdida, porque todos perdimos...todos echos una mierda...con una paliza mental impresionante. 

Ellos, los niños, tienen la capacidad de pasar página mucho más rápido que nosotros...interiorizarán sus heridas, las irán guardando, porque perdonan rápido, pero no olvidan, pero nosotros, pero yo...aún no me he perdonado (tranquilos, lo haré, ya lo he hecho antes), pero no puedo evitar sentirme culpable y fracasada...lo hice mal, todo lo mal que se puede hacer...el único consuelo es que de todo se aprende y aprenderé, aunque falle otras muchas veces, porque fallaré. No pretendo ser perfecta, como no pretendo que nadie lo sea, sólo eso, mejorar cada día pasito a pasito.
Hoy, con la energía por los suelos y un tremendo resfriado, estoy bajo mínimos, pero pasará, espero que pronto porque no me siento bien así

29 de julio de 2012

¿Cómo he podido hacer esto?

Lágrimas de Vireta
No puedo sentirme peor de lo que me siento, no sé cómo he podido hacer lo que he hecho, cómo no he podido controlarme.

Le he dado a David un cachete en el culo, eso es malo, muy malo, pero más malo aún es que se lo he dado con rabia, por venganza, para que le doliera físicamente. Lo hice porque él me estaba pegando, fué casi una reacción animal, de defensa ante una agresión externa. No es una justificación, no la tengo. 
En ese mismo instante me he arrepentido y he roto a llorar tanto como él lo estaba haciendo, pero ya no podía dar marcha atrás y borrarlo. El daño ya estaba hecho.
Daño a él como persona en crecimiento, indefensa, a mi misma, a nuestra relación, porque aunque él por lo visto a la media hora ya no se acordaba yo no puedo olvidarlo.

No escribo esto para que nadie me diga que no es tan grave, que somos humanos y como tal imperfectas. Sé y asumo que no soy perfecta, todo lo contrario, sé y asumo que soy humana, que puedo tener y tengo debilidades, pero sí es tan grave.

La mejor forma de enseñar es con el ejemplo, entonces ¿qué le he enseñado? Por lo menos a pedir perdón de corazón, a ser plenamente consciente de mis actos y a tener la certeza absoluta (sí, absoluta) de que nunca, jamás, volveré a hacerlo. ¿Como puede ser esa la fórmula para algunos? No lo entiendo.

Me paso el día recordándole que pegar está mal, que eso no se hace, que hace daño, duele, y hace que los demás se pongan tristes. Que cuando le entren ganas de pegar tienes que esperar a que se le pasen o dar un abrazo y un beso muy fuerte...y yo, en vez de hacer eso que tanto predico...

En el mismo momento en el que lo hice ambos rompimos a llorar, el por la sorpresa y por el dolor, porque sí, le tuvo que doler, le dí para que le doliera, me duele a mi aún. Yo por ser consciente, por no haber sido capaz de no hacerlo. Lo abracé y lo abracé mientras llorábamos, le pedí perdón una y mil veces, llorando me decía que sí, que me perdonaba y era de verdad, me perdonaba de verdad. Llorando le di el pecho, como una forma de redención, repitiéndole convencida que nunca volvería a hacerlo. Explicándole que me había equivocado, que había obrado mal. Por lo menos para eso sirvió, para explicarle con el ejemplo que yo también me equivoco, que también cometo errores y que cuando es así también soy capaz de reconocerlo y de pedir perdón.

Al poco tiempo seguimos jugando como si nada, como si nada él, porque a mi me embargaba la tristeza, la vergüenza y la decepción conmigo misma.

Nada más llegar su padre me lo llevé aparte y se lo conté y lloré y lloré de nuevo. Le pedí que le preguntara a  él y que también le contara su versión.

¿Como has pasado la mañana con mamá, te has divertido?
Si, hemos hecho...(relato de la mañana)
¿Te has portado bien?
Si (con cara de convencimiento)
¿No has pegado?
No
¿No?
Bueno sí, le he pegado a mamá y ella me ha pegado a mi (con la más absoluta normalidad) así pum en el culo
Ahh! ¿y eso está mal verdad? Eso no se hace ¿verdad?
Si, eso está mal. Mamá, ¡no se pega!

Ni una hora había pasado y ya lo había relativizado y casi olvidado. Yo no puedo, cada vez que lo cambio de ropa, que juego con el al pillar, que le hago cosquillas, que lo acomodo en el pecho que lo cojo en brazos...cada vez que mi mano está cerca de su el culete, no puedo dejar de pensarlo, parece que tocarlo me quema por dentro porque me hace recordar lo que hice.

No me lleva a ninguna parte, sólo a que se grave en mi mente y en mi corazón todavía más fuerte.
PEGAR NO ES UNA FORMA DE EDUCAR