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| De mi amiga Carmen |
Parece mentira como se han ido sucediendo los acontecimientos últimamente. Han sido días de incertidumbre, de miedos, de proyectos, de ilusiones, de desasosiego también.
Un mes hace que veníamos celebrando el espectáculo La Magia de Disney, pensábamos ir toda la familia e invitar a mi madre para no tener que elegir a ninguno de los amigos del peque, al final, la cosa se han torcido y hemos ido con mi amiga y su hijo, adorado por el mio. No he podido disfrutar menos de un espectáculo.
Estaba allí, viendo como David disfrutaba, reía, se sorprendía y no podía más que aprovechar la oscuridad para llorar un poco sin que el me viera. Mientras nosotros estábamos allí, mi marido estaba, junto a su familia, velando el cuerpo de su madre. Ese ratito me escapé para que el pequeño no se perdiera el espectáculo que tanto y tanto venía celebrando. Desde el martes sin ver prácticamente a su papi y un par de días casi sin estar conmigo tampoco...hice de tripas corazón y allí me fui. Lo que se hace por un hijo.
Ya terminó todo, ya hacía meses que sabíamos que este momento de despedida iba a llegar y que no iba a tardar mucho. Ya nos estábamos y lo estábamos preparando a él. Algunos ingresos hospitalarios de la abuela, algunas tardes y noches de papá por estar acompañándola. Más visitas de las que eran habituales para que se disfrutaran, ya sabíamos que iban a ser pocas más porque el deterioro era demasiado evidente y aunque para ella era agradable tener al nieto unas horas, no lo era ya tanto para David, que aunque después lo pasaba bien, nunca iba de buen grado. No quería acercarse a darle un beso acobardado por la sonda de la orina y cuando lo hacía, con mucho mino, flojito, porque la abuela estaba malita. Y que digan que los niños no se dan cuenta de las cosas, y que me digan que no se va a acordar de su abuela, por dios, ni que fuera un bebé de meses.
Por las noches a veces leímos el cuento No es fácil pequeña ardilla (yo con un nudito en la garganta). Muchos artículos he leído y he ido guardando, de cómo tratar la muerte con los niños, de cómo ayudarlos a superar el duelo.
Sigo dando las gracias a quien sea por haber puesto en nuestro camino al gorrioncillo Juan Minino. En un ratito de relax en la teta después de la siesta, cuando aún no había ocurrido el desenlace le comenté "David, ¿te acuerdas de Juan Minino? Si mamá ¿Recuerdas que se puso muy enfermo? Si ¿Recuerdas que estaba tan enfermo que se murió? Si. Sabes que la abuela está muy enferma ¿verdad? Si" Ahí lo dejé, suponiendo y esperando que en su mente se formara la conexión de ideas, quizás espero demasiado de él.
Ya ha pasado, la abuela ya está en su estrellita. Ya se lo he dicho. ¿Y ya no va a venir nunca más? es lo que he me ha preguntado. No cariño, nunca más.
Cuando ha llegado su papá él estaba dibujando y tan contento le ha dicho: ¡¡Oye papá!! ¿sabes que la abuela se ha morío? ¡Cuéntaselo mamá! Se me partía el alma, pero él que se sabe lo que eso significa, qué sabe la transcendencia que tiene morirse.
Lo próximo será cuando vayamos a casa de los abuelos y note su ausencia.
PD. Quiero agradeceros a todos los que en persona y virtualmente habéis tenido muestras de cariños hacia nosotros. Sigo sorprendiéndome de cómo una pantalla y un teclado puede unir tanto. Agradezco todos los días que estéis en nuestras vidas. Os quiero
PD. Quiero agradeceros a todos los que en persona y virtualmente habéis tenido muestras de cariños hacia nosotros. Sigo sorprendiéndome de cómo una pantalla y un teclado puede unir tanto. Agradezco todos los días que estéis en nuestras vidas. Os quiero
