...pero que no me lo devuelvan.
Me decían que cuando David comenzara el cole iba a notar un gran cambio, pero no imaginé que fuera dos días antes de empezarlo.
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Hace unas semanas atrás no hubiera creído como estamos ahora. Entonces la frase que más repetía a lo largo del día era ¿tienes ganas de pegar?. En esos días y sin saber porqué volvió el tema agresivo total. Se pasaba el día pegándome, contestando, portandose mal. Llegué a tener verdaderos momentos de agobios porque de nuevo no sabía cómo enfrentarme a esta situación. Volvimos a dejar que el pez mordiera su cola: El se ponía agresivo, yo me enfadaba, aumentaba su agresividad, yo me desbordaba más, el se ponía más nervioso, yo me ponía agresiva (sin pegarle)...la situación se asemejaba a un tornado devorándolo todo a su paso, engullendo todo lo que encontraba, haciéndolo ascender para escupirlo a la primera de cambio. Una etapa parecida a cuando perdí los papeles de tal forma que le pegué el cachete en el culo. Y que viéndolo ahora había pasado solo un mes y me parecía que fue en otra década.
Entonces mi mente volvió a hacer click. Eso no nos llevaba a ninguna parte, nada más que a la destrucción.
En una de las ocasiones de agresividad le pregunté bajando a su altura y mirándole a los ojos
¿Tienes ganas de pegarme? Se calmó de repente
Sí mamá.
¿Porqué David?
Porque estoy nervioso.
Pues cuando te entren ganas de pegar me das un abrazo y un beso muy fuerte, muy fuerte, muy fuerte.
Así lo hizo. Un abrazo de esos de arrancarme la cabeza, como el dice y de esa forma, a través de ese abrazo, pudo, pudimos echar fuera toda nuestra energía y convertir toda nuestra agresividad en amor. Es increíble que sea algo tan sencillo y que funcione tan sumamente bien. Ambos nos sentimos bien de inmediato. Así que durante unos días, o tal vez semanas o al menos eso me parecieron a mi, esa era mi frase.
¿Tienes ganas de pegar? Pues ya sabes lo que tienes que hacer. Un abrazo y un beso muy fuerte
Lo convertimos en un ritual. Mamá, tengo ganas de pegar...y te voy a dar una abrazo y un beso así de fuerte (abrazo) y otro más fuerte (abrazo) y un beso así de grande (beso con abrazo)
Además de esto, era un portarse mal en general. Desobedecer en todo, no comer nada sino pasarse toda las comidas saltando en el sofá, tirar cosas al suelo o contra nosotros... y no sabía como íbamos a llevar con gente nueva en casa. Miedo me daba y me lo imaginaba de lo más desolador.
Pero de repente y coincidiendo con la llegada de esas personas, el sábado 8 era otro niño. Era como dice el título ¿quién eres tu y qué has hecho con mi hijo? Pero mejor no preguntar porque este hijo era mucho mejor.
Cero agresividad. De nuevo, encantador, comunicativo, simpático, "obediente" (tampoco es que tenga que obedecer mucho porque en general lo dejamos hacer), educado...coño, ¡hasta comiendo sentado! (que eso casi no lo ha hecho en sus tres años) y además un montón. O_O así nos tiene a todos.
Para colmo, se pasa el día diciendo: Mamá, te quiero mucho. Papíto, te quiero mucho. Y se nos cae la baba. Tanto, tanto lo dice que a veces (yo que sigo diciendo que soy rarita) hasta me parece pesado.
Source: thetopsyturvybook.tumblr.com
via La Gallina Pintadita on Pinterest
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Se despierta sin problemas por la mañana, desayunamos viendo los dibujitos, lo visto, a la hora de irse quita su tele, se pone su mochila con la cantinela del no querer ir, se pone su cartelito con el nombre y pal cole. Recogida, almuerzo superbien, siesta (que un día hasta me pidió irse a la cama con la tetita!!!), merienda una tiempo de placita, de amigos, de juegos, ducha, cena, varios y a la cama. Por supuesto con nosotros, un cuento, la teta...una hora para dormirlo pero todo llega.
Nos están sentando bien las nuevas rutinas, pero me mata este horario. La tarde no da para nada y eso me fastidia ¡con la cantidad de cosas que queremos hacer!. Supongo que tendremos que reducir la siesta, porque tres horas quizás sea demasiado (jajajjaaja) pero se despierta tan temprano y la duerme tan a gustito...

