Hace años mil que Montse de De la mano por Sevilla, me descubrió esta idea para reciclar los caramelos de la cabalgata de los Reyes Magos. Hasta este año no me puse manos a la obra.
En fin, yo quería innovar, básicamente porque soy perezosa e impaciente y no quería esperar a tener velitas limpias. Quería hacerlo ya. Así que lo hice con moldes de galletas. Mi mente tuvo un atisbo de lucidez y escogió una forma sencilla, corazones. Algo intuía sobre el momento desmoldado.
La operación es aparentemente sencilla. Rellenemos el moldes con caramelos y los metemos al horno sobre papel de hornear. Poca temperatura y mucha vigilancia para evitar que hiervan y se formen burbujas. Para mi misión imposible.
Cuando están listos los sacamos y aquí llega el momento complicado, el desmoldado. Los caramelos son pegajosos, muy pegajosos y queman, queman mucho. Así que ¿Qué hacer? tirarse al toro, churuscarse los dedos y deformar los caramelos? ¿esperar a que se enfríen y que se peguen tanto al molde que se rompan al intentar despegarlos?
De todo un poco hice yo. Tengo que confesar que alguno se rompió pero otros sobrevivieron al desmoldado peeeerrrrooooo, como soy como soy y mi madre es como es, los dejé en la encimera a la espera de las fotos, pasaron 1, 2, 3, 4, 5, 6 semanas días...mi madre tuvo visita y les ofreció aquellos preciosos carmelos llenos de polvo. Y sin fotos me quedé. Así que imaginación al poder
PD: Seguro que alguna de vosotras, oh amiga cocinillas, me descubre que hay algo para embadurnar el molde para que no se pegue el caramelo. Soy todo oídos

